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Ramón Casas: "La modernidad anhelada”

La muestra que atiende al nombre de La Modernidad Anhelada visitó Madrid coincidiendo con los 150 años del nacimiento del pintor

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Julia en granate

Esta retrospectiva representa una oportunidad única para reencontrarse con la polifacética figura de Ramón Casas i Carbó. Tras su paso por Sitges con gran éxito, reúne en Madrid 170 obras tanto de Casas como de artistas coetáneos y está organizada por la Obra Social ”la Caixa” junto con el Museu Nacional d’Art de Catalunya y Museus de Sitges.

La exposición se estructura en cinco partes desde su inicio como retratista burgués por cuyo carboncillo pasará toda una generación de artistas, intelectuales y empresarios, hasta llegar a la maestría modernista de sus desnudos luminosos.

Ramón Casas i Carbó (1866-1932) fue desde el principio un artista prodigiosamente dotado que se reveló como retratista de una época fascinante, rebosante de genios de fin del siglo XIX y principios del XX en la pujante Barcelona. Sin buscarlo se convirtió en un cronista de su época, un tiempo exultante de cultura y pujanza artística e intelectual. A su mirada, de una fidelidad casi fotográfica, objetiva y neutra, nada le era ajeno, desde una espeluznante escena de una ejecución pública –Garrote Vil- a la carga de un guardia civil a caballo –La Carga-, pasando por la plácida sobremesa de un matrimonio en la penumbra de una terraza, todo le motivaba.

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Garrote Vil

Sin embargo, en un primer momento esa objetividad que decantaba sus primeros paso en la pintura no fue bien recibida por público y crítica. La Barcelona de entresiglos, habituada a los cuadros de género romántico y sentimental de corte neoclásico reaccionó indignada ante los temas libres y naturales que Ramón Casas y su inseparable amigo Santiago Rusiñol habían elegido para sus obras. Esa elección no era arbitraria ya que obedecía a los imperativos estéticos importados del epicentro mundial del arte en aquel momento: París.

Pero a pesar de sentirse un incomprendido en sus inicios, Casas continuó pintando su estilo con una intensidad y tenacidad extraordinarias. Burgués de nacimiento, aristócrata por gusto, Casas fue, en Francia y España, frecuentador de la bohemia más radical. A lo largo de la muestra en Caixaforum conoceremos más acerca del editor de la revista Pel&Ploma, del aficionado a las bicicletas y los primeros automóviles o del ilustrador –a veces intrascendente- que aprendió el oficio en la Exposición Universal de París en 1889.

picasso

Picasso

En lo tocante a su primera producción retratística a carboncillo, custodiada por el Museo de Arte Moderno de Barcelona, ésta sola bastaría para asegurarle la inmortalidad. En esta larga lista entran escritores –Pío Baroja-, pintores- Rusiñol-, músicos –Isaac Albéniz o Pau Casals- periodistas –Teodor Baró-, dramaturgos –Jacinto Benavente- escritores- Jaume Brossa-, arquitectos- Luis Domenech- y un largo etcétera que conforma toda una generación de fin de siglo que pasaría por el estudio del pintor para inmortalizarse.

Como si de un juego de espejos se tratara las obras de Casas se confrontan con las de otros artistas emparentados pictóricamente como Carolus-Duran (su primer maestro), J. S. Sargent, Thomas Couture, Francesc Masriera, Toulouse-Lautrec, Santiago Rusiñol, Joaquín Sorolla, Pablo Picasso, Joaquín Torres García, Julio Romero de Torres o Andrés Zorn entre otros. Faltan quizás en este universo relacional pintores como Anglada Camarasa, Isidre Nonell o Ignacio Pinazo, con todo, el reto está más que a la altura.

niña

Niña

En “Pulsión Bohemia”, la restrospectiva muestra un período en que el artista vivió un momento de intensa productividad que coincidió con la puesta de largo de la cervecería Els Quatre Gats, de la que Casas sería socio capitalista. Este local, inaugurado en 1897 en la calle Monsió, fue centro irradiador de un modelo de cultura alternativo, hijo de la modernidad parisina y hasta oriental, basado en el modelo de Le Chat Noir y que, durante seis años catalizó todo tipo de actividades de carácter popular, como sombras chinescas, espectáculos de títeres y hasta combates de boxeo. Todo dinamizado por Casas y sus compañeros de andanzas Romeu y Rusiñol.

Dentro del epígrafe “Poética de la Multitud” la muestra nos hace inmersionar en la pintura de crónica social de Casas que con El Garrote Vil –del año 1894 y presente en esta muestra- y La Carga –ausente, desafortunadamente- alcanza el punto cenital de su obra social. Aquí se puede apreciar cómo Casas decide dar un contexto a sus temas incorporando público a sus escenas taurinas e introduciendo multitudes en sus cuadros de una manera más intensa, al modo de la pintura histórica-costumbrista. Del héroe valeroso y épico, se da paso a una multitud desmaterializada y anónima que evidencia una suerte de alienación social moderna. Son masas uniformes de aglomeraciones humanas reflejadas con técnicas que denotan la influencia de la fotografía, en concreto de un marco visual con un objetivo de prioridad de apertura prolongado.

pintura femenina

Retrato femenino

Pero el plato fuerte de la exposición lo representan sin duda los retratos femeninos que bajo el título “Identidades Ambivalentes”, el comisariado ha querido exhibir en esta joya de muestra.

Sin llegar quizás al virtuosismo de Sorolla, Casas entra en el género del desnudo con una solvencia incuestionable y una facilidad pasmosa. Lejos quedarán las influencias del primer Renoir y de su maestro Carlous-Duran. Ahora su referencia más plausible es ni más ni menos que Edgar Degas. Obras como Desnudo Femenino, Desnudo Femenino en Escorzo o –ésta vestida- Joven Decadente Después del Baile nos acercan a un maestro modernista que prefigura una escuela que retomarían autores como Balthus más avanzado el siglo XX. La modelo de los más cimeros desnudos y semidesnudos de esta época fue Julia Peraire, una atractiva vendedora de lotería de la Plaza de Cataluña de 17 años de la que el pintor galante se enamoró y terminó desposando. Así llegamos a obras como Julia en Grana -1906- donde la joven despide una mirada anhelante y lasciva o La Sargantain -1907- con una Julia de mejillas ruborizadas y rostro traspuesto de deseo. Este tándem recuerda a otros grandes de la historia del Arte como Modigliani y Jean Hébuterne, Rafael y La Fornarina o Picasso y Marie-Thérèse Walter.

Ezequiel Paz 

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