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Expatriados: El sueño europeo

La migración es un fenómeno cíclico, humano, casi natural. Desde épocas remotas el hombre ha buscado nuevos retos, nuevas experiencias, ya sea por necesidad o expectación. Nunca antes quizás, aquella célebre frase del escritor suizo Max Frisch en 1965 "pedimos mano de obra... y llegaron personas", tuvo más vigencia que ahora.

Los movimientos de población han alcanzado tal dimensión que son muchos los analistas que auguran que el siglo XXI será el siglo de las migraciones. Las grandes potencias de antaño siguen siendo las más receptoras: Estados Unidos, Australia, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia y Japón, entre otras naciones, necesitan personas no solo trabajadores.

El nforme sobre las Migraciones en el Mundo 2013 enfoca en tres partes el debate mundial sobre migración y desarrollo: una primera parte, centra su interés en el migrante, en el modo en que la migración afecta el bienestar de las personas y destaca las remesas. Sin embargo, ahora se añade otra perspectiva, al explorar el modo en que la migración afecta la calidad de vida de las personas y su desarrollo humano en una extensa dimensión.

El Informe se basa en las conclusiones de una fuente de datos única en su género,-la Encuesta Mundial Gallup, que incluyó a más de 150 países-, para evaluar por primera vez el bienestar de los migrantes en todo el mundo. En tercer lugar, se señala la valoración que hacen los migrantes de sus vidas, independientemente de que vivan en un país de ingresos altos en el Norte, o en un país de ingresos bajos o medianos en el Sur. También se analizan los desplazamientos en las cuatro direcciones de la migración y sus repercusiones en el desarrollo, es decir, la migración de Sur a Norte, entre los países del Sur o entre los países del Norte, así como los desplazamientos de Norte a Sur.

El caso de España no deja de ser particular, teniendo en cuenta que era hasta hace unos años receptor de migrantes, llegó a tener casi seis millones de extranjeros en 2007, cuando se hablaba del Estado del Bienestar. Sin embargo, la migración española ha vivido un largo trasegar que se inició en los años 50 y se hizo masivo en los 60. Testigo de ese fenómeno es Apolonia Recio Gutiérrez, extremeña, quien llegó a Alemania, en 1969. Viuda y con tres hijos está totalmente adaptada a la vida teutona. “Mis padres eran inmigrantes y nos trajeron a esta región. En esa época éramos los primeros extranjeros, aunque me costó mucho integrarme me he adaptado. Recuerdo que en esos años, Alemania era un país muy triste, gris y silencioso. Pero había más libertad, no había tanto tabú, como en la España de los 60”, cuenta.

Igual que ahora, Alemania, era uno de los países con mayor futuro gracias a su “milagro” económico. Muchos de los españoles venían a trabajar en fábricas con contratos y con seguridad social para sus familias. Vivían en residencias y aunque hablaban poco alemán se acomodaron. Existía un acuerdo conocido como el "Gastarbeiter" (trabajador invitado) que permitía trabajar por un tiempo y permanecer en el país luego de jubilarse, pero también por sus hijos.

Así lo cuenta Antonio Ordoñez, hijo de malagueños, quien lleva 50 años en la región de Hessen; “para nosotros fue un poco difícil, somos siete hermanos. En ese tiempo se trabajaba en la hostelería, la construcción, poniendo rieles o en el carbón. Nos instalamos y teníamos nuestra vida aquí. Íbamos una vez al año a España de vacaciones en coche. Con un préstamo de 3.000 marcos a Barcelona. Quiero vivir mis últimos años en Cádiz, cuando me jubile”, afirma.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística INE, la emigración española (incluyendo a los nacionalizados) se dirige fundamentalmente a la Unión Europea. Primero al Reino Unido seguido de Francia, Estados Unidos y Alemania. Precisamente, la Oficina Federal de Estadística (Destatis) indica que entre enero de 2010 y octubre de 2013 -último mes con datos detallados- la población española en Alemania repuntó en 16.229 personas, un 16 %, hasta los 135.539 residentes.

Según diversas investigaciones el perfil medio del emigrante español es el de un hombre/mujer joven, entre 25 y 38 años, nivel medio-alto de educación y originario de regiones como: Andalucía, Galicia, Extremadura, Madrid y Cataluña, entre otras. Algunos de ellos con conocimientos de idiomas.

Así mismo, los jóvenes emigrados a Alemania por la crisis conforman ya el segundo mayor grupo de españoles en este país, por detrás tan sólo de los llegados en la década de los años 60 del siglo pasado, como Antonio Ordoñez o Apolonia Recio Gutiérrez dos grupos con un perfil muy distinto pero igualmente acuciados por la falta de trabajo. Después de medio siglo, la razón principal por la que se emigra es la misma. Hoy, para los jóvenes, lo más importante es poder conseguir, aunque sea un puesto donde se cotice a la seguridad social o uno de los conocidos “mini-jobs”, un empleo de hasta 40 horas mensuales y con un salario máximo de 450 euros.

Como José María Ramos, 25 años, aparejador, con un título bajo el brazo, llevaba cuatro meses en Bremen, había trabajado cuidando perros y al ver que no encontraba en lo suyo, quería regresar. Sin embargo un fin de semana habló con su vecino y éste le dio un contacto para un posible trabajo. La sorpresa fue que a la semana siguiente le llamaron para ocuparse con unas condiciones casi irrechazables. “Para mí no ha sido fácil pero gracias a que conocía el idioma, me he podido desenvolver bien. Y mi vecino me ayudo a encontrar este curro. Creo que lo más importante no es pensar que Alemania es perfecta, tiene posibilidades pero hay que adaptarse a su modo de vida”, dice.

Caso parecido, el de Florián Recio, 22 años, recién graduado, quien llegó hace tres meses y aunque ha tenido algunos problemas con su permiso de estancia, trabaja y hace un “Ausbildung” de panadería, una formación para jóvenes retribuida. Según comenta; “No sé si me quedé, porque tengo algunos inconvenientes, si me dicen que no, tendré que irme. No puedo permitirme vivir aquí solo con lo poco que me paga la empresa. Tengo un plan B, irme a Inglaterra”, señala.

Según la investigadora Rosa Aparicio Gómez, en su trabajo, “Aproximación a la situación de los Españoles Emigrados presentado en junio pasado; “una de las cuestiones que, en el sentir general, más preocupa de la emigración actual, al tratarse de personas relativamente jóvenes con formación superior, son las consecuencias que ello puede tener sobre el futuro del país en términos del llamado “braindrain” (fuga de cerebros). Ello supone, quizás, el reto más importante al que habría que hacer frente desde la perspectiva de las administraciones: cómo lograr que esa emigración no sea una pérdida para el país…”.

Al margen de estudios, teorías y datos, la migración es un fenómeno humano, de lucha y resistencia. Da igual la edad o la formación, cuando la necesidad apremia, la falta de trabajo y las deudas no dan respiro, hay que actuar. Así lo hizo Rodrigo Sánchez del Rio, 38 años, sevillano, profesional administrativo y con estudios en económicas, se vino a Frankfurt para encontrar un futuro para su esposa y sus dos hijos. La historia de Rodrigo Sánchez es como la de muchos, la diferencia es que él, dio los pasos adecuados; estudió el idioma antes de venir, exploró las posibilidades, realizó una búsqueda minuciosa de ofertas, preparó el terreno y ahora lleva un año y medio en donde valora las circunstancias de este país: “Veo Alemania como la tierra dorada europea, hay estabilidad económica y social; cantidad de prestaciones y subvenciones. Hay trabajos por hacer. Quiero que mis hijos tengan al menos la oportunidad de elegir”, explica.

Para Sánchez, hubo errores en la gestión de la crisis desde el principio: “mi visión política es neutral, pero creo que se equivocó el gobierno socialista no tomando medias contra la crisis reales en su momento, al final, los presupuestos mandan, desgraciadamente. Si no hay dinero, no hay, tenemos que equilibrar las balanzas. Eso hizo Alemania, cuando vio los síntomas de la crisis, se ajustaron presupuestos…”, puntualiza.

Según la Asociación de Emigrantes y Expatriados Españoles, Aexe, una Organización no Gubernamental que trabaja desde España y apoya a los emigrados del mundo vía online; “Los datos oficiales de españoles en Alemania están detallados por regiones; Baviera, (Munchen), Brandemburgo, Berlín, Bremen, Hessen (Frankfurt), Baden-Wurttenberg (Stuttgart), Nordrhein-Weeestfalen (Colonia y Dusseldorf), donde se concentra la mayoría”.

La presidenta de Aexe, Raquel Pérez Domínguez, valora el papel que juegan los organismos gubernamentales: “Estamos consolidando la información de los Consulados, por ejemplo, el cónsul en Dusseldorf, nos está ayudando, como las demás administraciones. Nuestro trabajo es de asesoría y emprendimiento, totalmente gratis”, dice.

Los españoles residentes en Alemania, tienen en común la nostalgia por la familia o la cultura, y son conscientes que éste sacrificio, está experiencia, los hará más fuertes y que por su carácter se sobrepondrán. No olvidan que más pronto que tarde, regresaran, aunque sea de vacaciones.

Rafael Cely Ulloa
Divulgador Multimedia

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