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Carnavales o la farsa de los excesos

Inmediatamente antes de la cuaresma cristiano-católica, tiempo litúrgico de 40 días de preparación de la Pascua, o final de la Semana Santa, don carnal se disfraza de carnaval para salir a la calle y otorgarse presuntos excesos, especialmente carnales, dentro de un descontrol organizado.

El origen del carnaval es pagano: fiestas de la luz, el final del invierno. En la Roma imperial se organizaban en honor al dios del vino, Baco; que luego se extendieron por las provincias del imperio romano en Europa. Y desde España y Portugal, a partir del siglo XVI, los navegantes llevaron el carnaval a América.

En España hay distintos tipos de carnavales, más o menos festivaleros. Los de tipo rural, en el centro y zona norte, son los más primitivos. Algunos enlazan con las creencias populares más antiguas: dioses de los bosques, animales fantásticos… Los carnavales rurales de Navarra, en las zonas de Estella y Lizarra, son los que más entroncan con las ancestrales creencias animistas. Los “joaldunak” representan, en su marcha entre los pueblos de Ituren y Zubieta, las fuerzas desconocidas de la naturaleza en su travesía hacia la luz (los días pierden oscuridad).

En Madrid lo más típico es el entierro de la sardina, el último día de Carnaval, cuando un cortejo grotesco sale a la calle para cantar y beber. La alta burguesía celebra el carnaval con elegancia: baile de máscaras en el Círculo de Bellas Artes, un espacio distinguido y selecto para poderosas economías. Hay que vestir caro y llevar máscara: nadie conoce a nadie, todo está permitido.

GOYA Y GUTIÉRREZ SOLANA

Toda la belleza del Carnaval ha sido sintetiza-da, entre otros artistas, por dos genios de la pintura española: Francisco Goya y José Gutiérrez Solana. Francisco Goya lo plasmó en un óleo sobre tabla, “El entierro de la sardina”. Gutiérrez Solana dedicó bastantes cuadros al Carnaval, en sus facetas más bárbaras y populares.

Goya pintó entre 1812 y 1819 “El entierro de la sardina”, último día de Carnaval, para el gabinete de costumbres españolas. Es un cuadro de pequeño formato (82 x 62 centímetros) que sintetiza el carnaval de su tiempo, con todas sus esencias: instintos primarios, transgresión, subversión frente a la religión católica. La obra sirvió de inspiración a otros artistas. Refleja toda la alegría y desenfado del castizo pueblo de Madrid.

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Gutierrez Solana y Goya recrean el carnaval.

Gutiérrez Solana dedicó bastantes cuadros al carnaval popular, propio de los pueblos del interior y de los arrabales de Madrid; quizá porque los con-sideraba esencia del pueblo en los días que, excepcionalmente, se le permite a regañadientes la chanza contra el poder, o reírse de todo y de todos. Hay títu-los emblemáticos, tremendos, brutales: “Máscaras con burro”, “Murga gadita-na”, “Carnaval de pueblo”.

PELIQUEIROS

En Laza (Orense) se localizan los “peliqueiros”, personajes cen-trales del Carnaval más antiguo de Galicia. En los días anteriores al “Miércoles de ceniza”, los “fachós” recorren el pueblo con antorchas. En la mañana del domin-go, los “peliqueiros”, con sus trajes característicos, cencerros en la cintura, más-cara que les cubre la cara y látigo, recorren el pueblo. Ese domingo y el martes hay desfile de carrozas. La “farrapada” se realiza el lunes por la mañana. Es una pintoresca batalla, con trapos manchados de barro. Por la tarde llega “la More-na”, un vecino del pueblo con una cabeza de toro en madera sobre su cabeza y una manta: simula atacar a las mujeres, mientras le arrojan tierra con hormigas. El fin de fiesta es el martes de carnaval.

MURGAS Y CHIRIGOTAS DE CÁDIZ

Hay documentación de los carnavales de Cádiz del siglo XVI, cuando las gaditanas arrancaban las flores de las macetas para arrojárselas a otros. En el XVIII se prohibieron los bailes de máscaras y se intentó acabar con el carnaval: imposible. Los carnavales de Cádiz también se celebraron durante el asedio de las tropas de Napoleón (Guerra de Indepen-dencia).

La primera agrupación carnavalesca es la “Cuadrilla de gallegos”, de 1821. El gobernador de Cádiz permitió un máximo de seis bailes públicos de disfra-ces y máscaras: no se produjeron disturbios. El corregidor Juan Valverde, en 1861, ordena dotar con 30 mil reales de vellón una partida para reformar el carnaval: el objetivo era erradicar las “malas costumbres”, controlar los excesos. En 1884 se obligó a las agrupaciones a presentar las letras de las coplas: la crítica nunca ha gustado al poder. Se implantó la censura. Los ejemplos contra la libertad de expresión son muchos: “El pelele está enfermo. ¿Qué le daremos? Agua de caracol, que cría cuernos”.

La dictadura de Franco prohibió los carnavales en 1937, aunque los gaditanos los celebraron a escondidas. Años después se permitió el carnaval como “Fiestas típicas gaditanas”, de verano, sin máscaras ni disfraces: el carnaval fuera del carnaval. El febrero de 1977 se recuperó el Carnaval con su nombre y fechas. Las charangas y murgas gaditanas critican de forma jocosa los formalismos de la sociedad, donde subyacen lacras y miserias.

Chirigota ganadora. Los de gris

CARNAVAL DE TENERIFE

Es el segundo carnaval de mayor reconocimiento internacional, tras el de Río de Janeiro (Brasil). El 18 de enero de 1980 fue declarado de interés turístico internacional. La celebración es colorista, espectacular: miles de personas salen a las calles con sus disfraces. Es un tiempo para cantar y bailar, para reír, para beber… todos los (supuestos) excesos están permitidos, especialmente los relacionados con la carne y sus placeres. Entre los actos principales: la elección de la reina del carnaval y los concursos de comparsas adultas e infantiles, más las rondallas y concursos de disfraces y carrozas. Todos los excesos muy controlados.

ENTIERRO DE LA SARDINA

El cortejo supuestamente fúnebre del “Entierro de la sardina” es el colofón del Carnaval. Don Carnal, supuestamente ahíto de vino y sexo, debe retirarse a sus aposentos hasta el próximo año. Los “entierros” suelen ser los desfiles del miércoles de ceniza, para enterrar el pescado podrido: simboliza los vicios y el desenfreno. Después será el renacer, en una sociedad transformada. Estas ceremonias están asociada a las “Fiesta de Judas” o a la quema del “haragán”, personajes que quiere ser la purificación, la catarsis tras una reflexión sobre la existencia.

Entierro de la sardina

Entierro de la sardina por las calles de Madrid.

En Madrid, los orígenes de la “Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina” se remontan a Carlos III, en el siglo XVIII. El cortejo fúnebre, entre el hedor de las sardinas podridas, sale de san Antonio de la Florida y llega hasta la Fuente de los Pajaritos, en la Casa de Campo. Las plañideras han llorado el final de las fiestas.

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