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Un pescozano en las garras de Stalin

La mayoría de los anales de los pueblos esconden páginas escritas con el sacrificio de paisanos que, en aras de un ideal o por pura supervivencia, dieron lo mejor de su juventud en la busca de una vida mejor

Juego Blue Division Dragon

Ilustración de Zujeiro para un videojuego con divisionarios españoles

En la página 43 del Primer Cuaderno de la División Azul, bajo el epígrafe Caídos en noviembre de 1.941 aparece esta entrada: “Marcos Sánchez Lorenzo, natural o procedente de Pescueza (Cáceres). Caído en noviembre de 1.941”. Sin embrago, el mismo nombre, Marcos Sánchez Lorenzo, figura con el número 148 en la lista oficial de prisioneros repatriados desde Rusia, facilitada por el Ministerio del Ejército, tras supervisar a todos los pasajeros del Semiramis, buque griego fletado por Cruz Roja Internacional para realizar el trayecto desde Odesa (actual Ucrania, a orillas del Mar Negro) hasta Barcelona en 1954.

En medio de estas dos fechas transcurre el infierno de un cautiverio de doce años en la Rusia de Stalin, padecido por un soldado extremeño que, equivocado o no, hizo de la fidelidad a sus valores y creencias una razón para vivir, aunque eso conllevase una alta probabilidad de morir en el empeño, y cuya historia ha permanecido oculta bajo el polvo del olvido.
Marcos había formado parte de la llamada División Azul, unidad militar compuesta por soldados españoles, teóricamente voluntarios, que Franco envió al frente ruso para apoyar a la Alemania de Hitler en su guerra contra la Unión Soviética. El 13 de julio de 1941 salió el primer contingente de la estación del Norte de Madrid, compuesto por 18.000 miembros, a los que se unirían otras expediciones hasta alcanzar la cifra de 47.000 soldados, que formaron la 250ª División de Infantería de la Wehrmacht.

Marcos y sus compañeros atravesaron toda Francia y el 31 de julio de 1941 juraron ante Hitler en Berlín. Tras una brevísima instrucción, el 20 de agosto, salieron los trenes de la capital germana hacia el frente soviético. Entre 1941 y 1943 participaron en numerosas batallas, fundamentalmente relacionadas con el sitio de Leningrado (hoy San Petersburgo), luchando a miles de kilómetros de su tierra en una guerra que, en realidad, poco o nada tenía que ver con ellos, y en la que, además de hacer frente a los tanques y las armas del enemigo, habrían de soportar un frío glacial de hasta 20º C bajo cero.

Marcos Sanchez Lorenzo

Marcos Sanchez Lorenzo

Ante el desarrollo de la 2ª Guerra Mundial, en la que la suerte para Alemania se tornó a negativa durante 1943, Franco dictó, el 12 de octubre de ese año, una orden por la que permitía retirarse a España a todo integrante de la División Azul que quisiese. Pero muchos, entre ellos el de Pescueza, ya habían caído apresados, por lo que siguieron obligatoriamente en suelo enemigo.
Terminada la guerra, las potencias vencedoras (Estados Unidos, Inglaterra y Francia) comenzaron las negociaciones con Rusia para liberar a los soldados alemanes, italianos y de otras nacionalidades, los cuales fueron puestos en libertad en 1948, abandonando el internamiento de prisioneros de guerra en campos de concentración rusos.

En cambio, los españoles prisioneros en los campos de trabajo soviéticos, la mayoría en Siberia, los llamados “Gulag”, una máquina de humillación y muerte ideada por Stalin para acabar con sus enemigos, tuvieron que esperar varios años más. Tuvo que morir el dictador, el 5 de marzo de 1953, para que se dieran las condiciones adecuadas de iniciar negociaciones tendentes a su liberación definitiva, para lo que se contó con la ayuda de la Cruz Roja Internacional, y de la Santa Sede, pues el régimen de Franco carecía de representación diplomática en Rusia.

Portada de La Vanguardia con la llegada de los divisionarios en el Semíramis

Portada de La Vanguardia con la llegada de los divisionarios en el Semíramis

De aquel largo infierno, de los 1.500 soldados españoles capturados por los rusos sobrevivieron 219 que habían pertenecido a la División Azul y que habían sido oficialmente dados por muertos. Seis días tardaron los liberados que viajaban en el Semiramis en su periplo por el Mediterráneo desde Odesa hasta la ciudad condal, donde llegaron la tarde del dos de abril de 1954 y fueron recibidos por una entusiasta multitud al son del himno de España. Periódicos como “La Vanguardia” de Barcelona, o el “ABC” de Madrid, así como la agencia de noticias “Efe”, a través de teletipos, dan cumplida información de todos los avatares del viaje y de la llegada, intercalando relatos espeluznantes sobre lo que había sido su rutina diaria por la ancha Siberia, por donde fueron distribuidos como prisioneros, siendo frecuentemente humillados y obligados a realizar trabajos en condiciones infrahumanas. También se relatan curiosas circunstancias privadas de los repatriados.

Además de aparecer en la relación oficial de pasajeros del buque Semiramis, sabemos algo más del pescozano por la prensa extremeña de la época. Llegó a Cáceres capital el 6 de abril, procedente de Madrid, en el tren correo, y allí fue recibido por las autoridades y por vecinos cacereños henchidos de fervor patriótico. Fue hospedado en el Hotel Toledo y, tras su aseo en una peluquería de la Avenida de la Montaña, fue recibido por el Gobernador Civil de la provincia a las 12 de la mañana. Vino acompañado por alguno de sus hermanos desde Barcelona, a donde fueron a esperarlo. Tenía 39 años y mostraba aspecto envejecido. Debía ser hombre parco en palabras, pero a preguntas de los periodistas, nos dice algo de su vida y su paso por el ejército.

Division Azul frente Leningrado revista Signal

Division Azul frente Leningrado. Revista Signal

Relata las emociones vividas en su cautiverio: “Tengo mucho que contar y se lo haré a mi madre, quizá solamente a ella y he de dejar incluso pasar unos días”. “Ahora a reconstruir mi vida con mis familiares, es decir, con mi madre y con mis hermanos”. Como última respuesta, Marcos Sánchez dice que fue herido tres veces durante la Guerra Civil española, en los frentes de Bilbao, Brunete y Ebro, y otra vez en el frente ruso, donde fue hecho prisionero y dado por desaparecido (Diario Extremadura, 6 de abril de 1954). Dos días después, el 8 de abril de 1954, ya ha llegado a Pescueza, lo que se refleja en una pequeña nota también inserta en el mismo diario: “Pescueza recibe con alegría a un repatriado”, donse lee; “Al llegar se encuentra con la triste desgracia de que su querida madre, doña Gumersinda Lorenzo, y un hermano del repatriado, llamado Amancio Sánchez Lorenzo, han fallecido durante su ausencia, no habiendo podido abrazarlos, como lo ha hecho con los demás familiares”.

La nota pone de manifiesto el aislamiento al que estuvo sometido Marcos, durante los doce años, cuatro meses y un día de cautiverio, pues desconocía la muerte de dos de sus seres más queridos, su madre y uno de sus hermanos. Nada se cita de otras circunstancias personales, de las que Marcos prefiere no hablar. Actualmente, y por diversas fuentes, conozco que cuando se marchó a Rusia estaba casado con una señora de Oliva de Mérida, con la que tenía un hijo. Al ser dado por el ejército oficialmente por muerto, se celebraron en Pescueza los correspondientes funerales, pasando su viuda a ser perceptora de las ayudas que el estado daba a huérfanos y viudas de guerra. Marcos nunca se refiere a su esposa legal, probablemente porque ya era conocedor de que convivía con otro hombre, del que tenía varios hijos. Prefirió aislarse de esa situación, marchándose al cercano pueblo de Casillas de Coria, donde trabajó como criado y como guarda rural. En ese pueblo rehízo su vida con una mujer que le dio varios hijos, y con la que convivió felizmente hasta el final de sus días, aunque no pudieron casarse por la iglesia, pues oficialmente seguía casado.

Manuel Rodríguez Martín

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