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Filipinas, un poco de España en Asia

Dentro de cinco años se cumplirán cinco siglos de la llegada española a Filipinas. Aún quedan vestigios de más de trescientos años de presencia española

Monumento en Tagbilaran

Monumento en Tagbilaran al pacto entre el explorador español Miguel López de Legazpi y Datu Sikatuna, jefe de Bohol 

Pasear por Filipinas te hace sentirte un poco en casa. Este gigante asiático de 7.000 islas y más de 100 millones de habitantes fue parte de la corona española durante más de 300 años. A la isla de Cebú llegó Fernando de Magallanes en 1521. El navegante de origen portugués al servicio de España perdería la vida en aquella expedición. Después llegó la colonización a partir de 1565. En 1898, tras un conflicto con Estados Unidos, el país pasó a manos norteamericanas y se puso fin a la presencia española.

Mesa, silla, cuchillo, tenedor, cuchara, derecho, basura, puerta, ventana, cama, pantalón, zapato, botella, sombrero, vaso, caballo, padre-madre, abuelo-abuela, son algunos de los 8.000 vocablos de origen castellano que se pueden encontrar en el tagalo y otras lenguas locales. También los meses del año y los días de la semana.

Además de las muchas palabras castellanas en tagalo, hay un idioma, el chabacano, que se habla en algunas zonas de la isla de Luzón, como Zamboanga, que es un español criollo, hablado por casi dos millones de personas.

Intramuros. Manila

Intramuros,Manila

Pero el recuerdo de la presencia española no solo se ve en el lenguaje, sino en cada esquina, en cada barrio, sobre todo con las iglesias, muchas de ellas construidas durante la colonización española, en un país que cuenta con más de un 80 por ciento de católicos.

La huella española en Filipinas, cuyo nombre tiene su origen en el rey Felipe II, también se siente en la geografía del país, con lugares como Nueva Vizcaya, Nueva Écija, Nueva Segovia, Compostela, Antequera, Getafe, Sevilla, Valencia, Almería, Cuenca, Pamplona o Alcoy.

"La influencia de España en Filipinas se extendió de la religión a las costumbres sociales, de la cocina al idioma, y fue más evidente incluso en la arquitectura y el urbanismo. Cada ciudad o pueblo típico filipino fue diseñado bajo la Ley de las Indias, firmada por el rey Felipe II con el requisito de una Plaza Mayor en el centro y el Ayuntamiento frente a la catedral en lados opuestos de la plaza", explicó a Carta de España el arquitecto Augusto Villalón, el único miembro filipino del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), responsable de proponer a la UNESCO los bienes que reciben el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

La relación entre España y Filipinas comenzó en Cebú hace casi cinco siglos. Allí se erige la Basílica del Santo Niño. Miles de personas hacen cola cada día en esa iglesia, la más antigua del país, para adorar la imagen de un niño Jesús, el mayor símbolo del catolicismo en el país asiático, al punto que muchos ciudadanos son bautizados con el nombre de Niño

La basílica se erigió en el lugar exacto donde se encontró una imagen del Santo Niño, traída por la expedición de Magallanes de 1521. La imagen sería encontrada más tarde por una expedición de Miguel López de Legazpi, fundador de Cebú, después de más de cuarenta años en manos de los nativos. Para celebrar la recuperación de esta figura se construyó en 1565 esta iglesia.

Basílica del Santo Niño, Cebú.

Basílica del Santo Niño,Cebú

En Cebú, en una capilla cercana a la basílica, se encuentra la Cruz de Magallanes, colocada por aquella primera expedición del explorador de origen portugués al llegar a la isla, el 21 de abril de 1521. La cruz original está debajo de la de madera que se encuentra en el centro de la capilla, para tratar de proteger la auténtica, debido a que la gente se llevaba trozos como recuerdo. Magallanes moriría en la batalla de Mactan en aquel 1521 a manos del jefe indígena Lapu Lapu.

Pero la verdadera colonización llegó con el navegante guipuzcoano Miguel López de Legazpi, fundador de las dos principales ciudades de Filipinas, Cebú en 1565 y Manila en 1571. En Cebú, se conserva también el fuerte de San Pedro, una estructura defensiva militar, construida en 1738 en el primer asentamiento español en Filipinas.

Frente a Cebú se encuentra otra isla, Bohol. En Tagbilaran, la capital, se erige un monumento, llamado Sandugo, que fue un pacto de sangre, realizado el 16 de marzo de 1565, entre el explorador español Miguel López de Legazpi y Datu Sikatuna, jefe de Bohol, para sellar su amistad siguiendo la tradición tribal.Ese acto está considerado como el primer tratado de amistad entre los españoles y los filipinos. "Sandugo" es una palabra que en el idioma cebuano significa "la misma sangre". En Bohol se encuentran muchas casas de la época colonial española.

Pero donde más se puede ver la presencia española es en la isla de Luzón, sobre todo en la capital del país, Manila, y en el norte, con la iglesia barroca de Paoay, del siglo XVIII, y la ciudad de Vigan, declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, al ser la ciudad colonial española en Asia mejor conservada.

Monumento a Legazpi, fundador de Cebú y Manila. Frente a Fuerte San Pedro. Cebú

Monumento a Legazpi, fundador de Cebú y Manila. Frente a Fuerte San Pedro, Cebú

Zona monumental de Manila

En el norte de Luzón, a poco más de 200 km de Vigan, se encuentra la Cordillera Central, una zona montañosa que tiene como ciudad más importante Banaue, cuyos arrozales son también Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, el único lugar no conquistado por los españoles, debido a su difícil orografía.

En Manila, el mayor legado monumental español se encuentra en Intramuros, un distrito amurallado, que fue la ubicación original de la ciudad. Manila floreció con los galeones que intercambiaban especies y mercancías chinas por el oro y plata mexicanos desde el puerto de Acapulco. Intramuros fue entregado por España intacto al gobierno de Estados Unidos en la invasión de 1898, que pasaba la posesión de Filipinas a los norteamericanos tras más de tres siglos de presencia hispana. El lugar fue arrasado durante la Segunda Guerra Mundial por la misma aviación norteamericana, al haber sido ocupado por los japoneses.

Aún se conservan las murallas que dieron origen al nombre de la ciudadela, la versión modernizada del Palacio del Gobernador, los restos del Fuerte de Santiago, así como muchas iglesias católicas como San Agustín, construida en 1586. "Los esfuerzos para conservar y cuidar la herencia y el patrimonio español representan una invitación a ambas partes, filipinos y españoles, para realzar nuestra relación. El carácter único del pasado de Filipinas, debido al patrimonio español, forma un parte importante de nuestra identidad, que nos hace diferentes de nuestros vecinos asiáticos", afirmó a Carta de España el administrador de Intramuros, Marco Antonio Luisito Sardillo.

"Nuestra herencia y patrimonio-continúa Sardillo-, es una parte importante de lo que somos y de lo que nos distingue como nación. La conservación y el desarrollo de nuestro patrimonio es un ejercicio de nuestra construcción como nación. Y en el caso de Intramuros, que está en el corazón de la capital del país, su restauración, desarrollo y revitalización puede servir como luz e inspiración para el resto del país".

Estatua de Felipe II, que dio nombre a Filipinas

Estatua de Felipe II, que dio nombre a Filipinas

Tras una primera declaración de independencia a finales del siglo XIX, antes de pasar a manos estadounidenses, Filipinas obtuvo su liberación real en 1946, tras la Segunda Guerra Mundial.

Al lado de Intramuros, en el barrio de Ermita, se encuentra el Casino Español de Manila, nombre que recibe un club establecido en 1893 por los españoles que vivían en las Filipinas como su lugar exclusivo para actividades recreativas y sociales. Los nombres y apellidos españoles de los filipinos son otra huella visible del paso de España por el país asiático. En 1810, el gobernador en Filipinas, Narciso de Clavería, decretó que aquellos indígenas que aún no tenían apellidos españoles, tendrían que adoptar uno para su identificación y uso legal.

El himno filipino y la primera Constitución se escribieron en castellano, debido a que éste era el idioma de los intelectuales y el que se imponía en el ámbito legal y jurídico, pese a que cuando Estados Unidos se hizo con la posesión de los islas, solo un 10%, la clase acomodada y dirigente, de los diez millones que habitaban el país, dominaba el castellano.

El héroe nacional José Rizal escribió la mayoría de sus obras en español, al igual que los revolucionarios y nacionalistas del siglo XIX. José Rizal fue ejecutado por los españoles en 1896, en un intento de independencia filipina, previo a la apropiación del archipiélago por parte de Estados Unidos.

En la primera mitad del siglo XX, el español fue la lengua de la prensa, cultura, comercio y, hasta cierto punto, la política filipina, manteniendo su estatus oficial, junto con el inglés y el tagalo, hasta 1973.

Jeepney (medio de transporte en Filipinas) a Sevilla frente a una iglesia española en Bohol

Jeepney (medio de transporte en Filipinas), a Sevilla frente a una iglesia española en Bohol

La batalla con el idioma inglés

"Los filipinos de mi generación, con la excepción de personas como yo de familia española, veían el español como una lengua más bien de cultura, pero poco práctica en el mundo de los negocios. El inglés era la lengua mundial más importante", afirma a Carta de España uno de los pocos literatos filipinos que siguen escribiendo en castellano, Edmundo Farolán.

Después de la eliminación como idioma oficial en 1973, el español también fue eliminado como asignatura obligatoria en la universidad en 1987. "Fue algo absolutamente nocivo para el país, para una enorme cantidad de profesores de español, ya que al menos 2.000 personas que se quedaron inmediatamente sin trabajo, y para la estrategia internacional del país", afirma a Carta de España el profesor Isaac Donoso, de la Universidad de Alicante, uno de los grandes expertos del país asiático, que vivió ocho años en Filipinas. En Manila se fundó la Universidad de Santo Tomás por los dominicos en 1611, siendo la más antigua de Asia.

El predominio del español sobre el inglés se prolongó, con un constante declive, hasta aproximadamente el final de la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, con ya dos generaciones educadas en inglés, el castellano perdió relevancia. A ello ayudó la destrucción del barrio de Intramuros y La Ermita por la aviación norteamericana durante la Batalla de Manila, que acabó con el principal núcleo de cultura hispánica y lengua española de Filipinas, unos 300.000 hispanohablantes en Intramuros. Se suele considerar a la generación nacida hasta 1950, como la última hispanohablante.

Actualmente, los filipinos hispanohablantes tienen una edad superior a los 60 años, por la no continuidad del relevo generacional en el uso del idioma. "La decidida política intervencionista norteamericana, planificada para eliminar el español y hacer el mayor experimento de ingeniería cultural jamás llevado a cabo, de lavado de cerebro, y hacer un pueblo a su imagen, sólo tuvo éxito después del genocidio de la Segunda Guerra Mundial, tras la cual el español como lengua materna comenzó claramente a desaparecer", explica Isaac Donoso.

El escritor Edmundo Farolán, miembro de la Academia Filipina de la Lengua Española, poeta y dramaturgo, profesor de castellano en universidades canadienses y estadounidenses, está de acuerdo con Donoso. "Se perdió el español por la influencia de los estadounidenses, en particular después de la segunda guerra mundial porque fueron más listos que los españoles para traer profesores. Además tenían más éxito en infundir el odio contra los españoles porque fueron enemigos y usaban el inglés para disuadir el uso del español", explica el escritor a Carta de España.

En el mismo sentido, se manifiesta María Luna, que lleva 30 años como profesora de español en la University of Philippines. "Cuando llegaron los americanos, su deseo era arrasar con todo lo español, lengua, cultura, todo. Y casi lo consiguieron, pero la gente reaccionó y empezó a escribir en español como nunca. Los teatros y las zarzuelas eran todas en español, riéndose de los americanos que no los podían entender. En esa época, de 1905 a 1935 más o menos, hubo muchísimos periódicos escritos en español. En un momento llegaron a ser unos 200 entre los que se publicaban en Manila y los de las provincias", explica María Luna a Carta de España.

El sistema numérico, el calendario y el tiempo, siguen siendo usados en español en las lenguas filipinas. "Alrededor del 40 por ciento del vocabulario de las lenguas filipinas tiene raíces en el castellano. En el chabacano prácticamente el cien por cien", señala Donoso.

Interior del Casino Español de Manila

Interior del Casino Español de Manila

Impulsar la lengua española

El Instituto Cervantes de Manila y la Consejería de Educación de la Embajada de España en Manila, la Academia Filipina de la Lengua Española, así como diversos grupos de hispanistas, quieren devolver protagonismo al castellano. La Academia Filipina de la Lengua Española nació en 1924 y es la undécima en haber sido fundada entre las 23 que forman la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Farolán dirige la última publicación filipina en español que queda, Revista Filipina. "Ya no hay revistas en español como antes. En el siglo pasado, las últimas fueron Nueva Era, dirigida por Guillermo Gómez, y Nuevo Horizonte, bajo Francisco Palisoc. Ya solo existe mi Revista Filipina que empezó como un trimestral pero hoy es semestral porque no recibimos tantos artículos como antes", explica Farolán.

Debido a que Filipinas fue administrada por el virreinato de Nueva España en lugar de la propia España durante el período colonial, el español filipino tenía una mayor afinidad con el español de México que con el español europeo, y el seseo era mayoritario. Hasta la independencia de México en 1821, Filipinas fue administrada desde el país azteca y controlada a través del puerto de Acapulco. Tras la independencia de México, pasó a ser administradas directamente por Madrid.

Gran parte de la colonización y emigración al archipiélago asiático no llegó desde la Península Ibérica, sino desde México. La emigración española a Filipinas fue pequeña, sobre todo formada por soldados, gobernadores y religiosos, que buscaban la evangelización del país, por lo que un estudio de la Universidad de Stanford habla de solo un 3,6% de la población actual del país asiático con ascendencia blanca, española o estadounidense. Solo a finales del siglo XIX comenzó a darse una ola de emigración española, motivada por intereses económicos, que hasta ese momento no había existido, debido a que el destino antes eran otras colonias latinoamericanas, que se habían perdido.

El censo elaborado por el Arzobispo de Manila en 1876 hablaba de un total de 38.248 españoles, que en 1894 se había incrementado a 75.554. Más de la mitad de los españoles vivía en la capital. Los pocos miles de filipinos de origen español existentes en la actualidad provienen de esa pequeña oleada migratoria de interés económico, debido al auge exportador en cultivos como azúcar o tabaco. Esa nueva actividad empresarial, tras muchas décadas de presencia casi exclusiva militar y religiosa, dio nacimiento a empresas como la cerveza San Miguel, que nació en Filipinas.

En 1890, Enrique María Barretto de Ycaza inauguró, en el barrio de San Miguel de Manila, la fábrica de cerveza San Miguel. En 1957 se firmó el Acuerdo de Manila con el presidente de San Miguel Corporation, Andrés Soriano, naciendo en España una compañía de cervezas del mismo nombre, pero independiente de la matriz filipina. Desde entonces las dos marcas de cerveza del mismo nombre han seguido caminos diferentes y en ambos países se han hecho muy populares. Es tal vez el último ejemplo, aunque simbólico, de la relación entre España y Filipinas.
 

 

Huella española en la cocina filipina

Jay Gamboa, Chef filipino

Jay Gamboa. Chef filipino

Entre los platos típicos de la cocina filipina se encuentran muchos de influencia española, con denominación en castellano, como el lechón, el adobo (estofado de cerdo), afritado o de pollo (estofado de pollo), la caldereta (estofado de cabra), chicharrón (cerdo frito), arroz caldo (una sopa de arroz espesa que se asemeja a la paella), flan de leche, horchata y turrón.

Pero además muchos ingredientes o especialidades mantienen el nombre en nuestro idioma, como puchero, repollo, harina (sin h), jamón (con h), calamares, patatas, limonada o azúcar (asúkal).

"Un setenta por ciento de la cocina filipina puede encontrar un nombre parecido o una relación con la cocina española", afirma Jay Gamboa, chef filipino del restaurante Cirkulo de Manila, especializado en la cocina española que aprendió mucho de Anastasio de Alba, un chef español que llegó en los años cincuenta a Filipinas.

"El lechón o cochinillo asado es muy popular en la mesa filipina. En España es pequeño, un cochinillo de tres kilos, mientras que en Filipinas es de cinco o seis, todavía tierno pero más grande", explica Gamboa, que todos los años hace una paella gigante en marzo, en un paellera de tres metros, para 800 comensales de la comunidad española en Manila.

Texto y fotos: Pablo San Román
 

 

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