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El maestro Rodrigo mantiene viva su memoria

El autor del célebre Concierto de Aranjuez mantiene viva su memoria en varios escenarios, y uno de ellos es una exposición alojada en el Centro Cultural Eduardo Úrculo, situado en el madrileño barrio de La Ventilla.

Joaquín Rodrigo Vidre, distinguido por el rey don Juan Carlos de Borbón con el título de primer Marqués de los Jardines de Aranjuez, nació en Sagunto en el año 1901, el 22 de noviembre, día en que se conmemora a Santa Cecilia, patrona de los músicos por excelencia. A la edad de tres años quedaría ciego como consecuencia de una infección de difteria y a partir de entonces comenzó a orientar su vida hacia la música. Tras iniciar sus estudios musicales propiamente dichos a los 8 años, siempre dedicó todo su tiempo y su energía al estudio y la creación musical. Sus grandes progresos le conducirían hasta París, donde estudió con el prestigioso maestro Paul Dukas y conoció a la que más tarde se convertiría en su esposa, una pianista turca llamada Victoria Kamhi, con la que tendría una hija a la que, por supuesto, pondrían el nombre de Cecilia.

Y fue precisamente su hija Cecilia quien fundó en 1989 Ediciones Joaquín Rodrigo, y en 1999 creó la Victoria and Joaquín Rodrigo Foundation, entre cuyas actividades se encuentra la puesta en marcha de una exposición itinerante de objetos personales del maestro que nos acercan al proceso creativo al que se enfrentaba cada vez que daba a luz una nueva obra.

Cecilia Rodrigo, hija del maestro y conservadora de su legado

Cecilia Rodrigo, hija del maestro y conservadora de su legado

En dicha exposición, el público se encontrará entre otros objetos con su gafas de invidente, su pitillera, su bastón de ciego, sus pianos, su reloj de pared, la máquina braille en la que componía, y todos ellos cobran vida a la hora de dar testimonio de casi un siglo de dedicación a la música. Su máquina braille marcaba en relieve todas las notas y anotaciones que posteriormente el maestro dictaba a un copista. “Dicto las notas con la paciencia de un capuchino”, decía.

La exposición también incluye las cartas que intercambiaron Joaquín Rodrigo (que conoció e hizo amistad con músicos de la talla de Manuel de Falla, Maurice Ravel, Stravinski y Milhaud) y su esposa con personalidades de diversas esferas, amigos, o familiares a lo largo de su vida. Estos documentos nos permiten descubrir pensamientos íntimos del compositor, y nos revelan aspectos de su manera de ser como, por ejemplo, su refinado sentido del humor, o bien, lo que pensaba sobre la inspiración: “es el resultado del esfuerzo, pero algunas veces llega de golpe, como un chispazo. La inspiración existe, pero no con la frecuencia deseada. Por eso hay que buscarla, perseguirla con tenacidad”.

Vista de la exposición del Centro Cultural Úrculo de Madrid.

Vista de la exposición del Centro Cultural Úrculo de Madrid.

En 1996, el maestro recibió el Premio Príncipe de Asturias por “su extraordinaria contribución a la música española a la que ha aportado nuevos impulsos para una proyección universal” con una extensa producción que abarca desde la música coral, composiciones para niños, piano, arpa, guitarra y orquesta hasta música de escena, con la excelencia siempre por bandera de lo que dejó buena constancia en piezas como “Fantasía para un gentilhombre”, “Juglares”, “Concierto de estío”, “Zarabandas lejanas” o “Siciliana”.

Pero a pesar de la densidad y amplitud de su obra, el maestro Joaquín Rodrigo consiguió el reconocimiento universal gracias a su composición para guitarra y orquesta titulada “Concierto de Aranjuez”. Escrita en 1939, la celebre composición fue estrenada en el Palau de la Música de Barcelona el 9 de noviembre de 1940, con el prestigioso guitarrista Regino Sainz de la Maza actuando de solista. Posteriormente, otros grandes guitarristas como Paco de Lucía o Narciso Yepes han ejecutado a la perfección la magistral pieza del músico valenciano.

partitura 2

El maestro Rodrigo falleció el 6 de julio de 1999 en Madrid, apenas dos años después que su inseparable compañera, Victoria Kamhi. Ambos descansan en el panteón familiar del cementerio de Aranjuez, junto a una guitarra cubista, obra del escultor Pablo Serrano.

F.Z

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