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¡Toma castaña!

El otoño es laépoca de las castañas, un fruto algo olvidado de nuestra mesa pero que arrastra siglos de historia y tradiciones.

La castaña es un alimento que ha perdido protagonismo en nuestra dieta al paso de los siglos. Antes de la llegada de la patata de América en las zonas de mayor producción –Galicia, Castilla-León y Extremadura- era una alimento básico, reparador de muchas hambrunas. Hoy, en España, ha quedado como un producto muy estacional –otoño e invierno- circunscrito a postres y purés para acompañar volatería y caza. Hoy el castaño tiene más interés económico como madera que como fruto.

Pero los castaños y las castañas permanecen el acervo colectivo ligados a celebraciones populares que por la estacionalidad de la castaña coinciden con las celebraciones de difuntos (noviembre). Fiestas populares como el magosto en Galicia que se celebra entre el 1 y el 11 de noviembre. Además de castañas asadas, no debe faltar el vino nuevo de la cosecha y los chorizos. Es costumbre encender hogueras para asar las castañas y posteriormente saltar sobre el fuego para tener suerte. La castañada es una fiesta popular que se celebra después de la recogida de esta fruta -sobre todo en Aragón, Cataluña y Valencia- y en muchas otras regiones durante el mes de noviembre, el día de Todos los Santos.

Puré de castañas para acompañar platos de caza

Puré de castañas para acompañar platos de caza

Algunos historiadores han señalado que la llegada de loscastaños a la península ibérica hay que agradecérsela al Imperio Romano, la afición de los romanos por este fruto originario de Italia, les llevó a extender esta especie por todo el Imperio. Sin embargo las investigaciones realizadas han señalado que ya existía con anterioridad habiéndose encontrado polen y restos de carbón de castaño muy anteriores a la conquista romana.

Los mayores castañares ser encuentran en Galicia, Castilla-Leon, Extremadura y Cataluña. Hay alguno famoso y muy visitado como el Castañar de El Tiemblo en Ávila. La producción española asciende a 18.000 toneladas, de las que se exportan unas 5.000, aunque el volumen ba bajando progresivamente. Las castañas españolas son muy apreciadas en el norte de Europa, Iberoamérica y Estados Unidos

Una de las peculiaridades de la castaña, que no todo el mundo conoce, es que a pesar de ser un fruto seco, sus propiedades nutritivas son más parecidas a las de un cereal. Por lo tanto, la cantidad de grasa que tiene en su composición es notablemente inferior. Así, podemos decir que se trata de uno de los frutos secos con menos calorías (unas 190 calorías por cada 100 gramos de producto comestible). En su composición también encontramos vitaminas (A, B y E) y sales minerales.

Hasta no hace mucho era habitual en las ciudades y pueblos españoles la figura de la castañera, que asaba castañas en un hornillo en plena calle y en pleno invierno. Consistía en un saludable tentempié y algo de calefacción local en manos y bolsillos.

Castañas asadas

La gastronomía de la castaña ha quedado un poco escuálida con el tiempo, aparte de las castañas asadas y del “marron glacé” francés poco más hay, pero sugerimos un delicioso puré de castañas para acompañar algún ave asada o alguna pieza de caza, también le va muy bien a carne magra de cerdo asada.

C. Piera.

NUESTRA RECETA: Castañas cocidas con anís

Ingredientes:

  • 1 kg de castañas
  • ½ cucharadita de sal
  • 2 cucharadas de anís estrellado
  • 2 cucharadas de hinojo
  • 1 copita de licor de anís.

Esta es una preparación tradicional que no tiene más dificultad que pelar las castañas, mejor con ayuda de alguien. Se deja la piel interior y se ponen en una cazuela cubiertas con agua. Añadir la sal, el hinojo y el anís estrellado. Hay que cocerlas durante 30 o 40 minutos hasta que estén tiernas, dependiendo del tamaño.

Probar una para comprobar que está tierna y que la piel se desprende fácilmente. A continuación se escurre bien el agua y se rocían con el licor de anís.

Volvemos a colocar al fuego un minuto más para que se sequen. Cubrimos con papel de hornear arrugado y se dejan reposar tapadas hasta que enfríen, aunque también se pueden comer calientes. Para comerlas, quitamos todas las pieles, porque saben muy amargas.

C.P.

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