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Kastiyos en Sefarad: los sefardíes vuelven a casa

Ha pasado un año desde la entrada en vigor de la Ley por la que se concede la nacionalidad española a los sefardíes, descendientes de los judíos expulsados de España en 1492, que tienen de plazo hasta el 1 de octubre de 2018 para solicitarla

puerta barrio judío

Puerta en el barrio judío de Hervás, Cáceres

Caminí por altas tores, navigué por las fortunas.
Mirando guertas del rey, cómo van enfloreciendo,
del invierno al invierno.
Entre Sevilla y Segola vide venir un gran guerrero
que siete captivos traiya, uno al otro trava remo.
(Romancero sefardí - Cabalgada de Peranzules - Versión de Sarajevo (Bosnia). Recogida por Laura Papo)

 

Si es cierto, como decía Locke (y recordaba el diputado Olavarría durante el debate del proyecto de ley) que “nunca es tarde para hacer justicia”, quinientos años después de la diáspora sefardí, España ha reparado aquella injusticia histórica, mediante la aprobación de la Ley 12/2015, de 24 de junio, que supone el reconocimiento legal de una reivindicación largamente instada por la comunidad sefardita de países como Israel, Turquía o Venezuela: la concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España.

Aunque no existe un censo oficial que permita predecir el efecto final de la norma (los medios especulan con cifras en torno a los tres millones de posibles beneficiarios), se estima que podrán acogerse a ella unas 100.000 personas.

Entre los antecedentes históricos que menciona el preámbulo del texto legal para justificar la especial vinculación con España de la comunidad sefardí se encuentran su aportación a la literatura y al derecho y de forma específica su contribución a las Siete Partidas del rey Alfonso X el Sabio a incluso a los viajes de Colón.

Baños judíos Palma de Mallorca

Baños judíos en Palma de Mallorca

El mito de Sefarad

Se denomina sefardíes a los descendientes de los judíos de Sefarad, palabra que designa a España en lengua hebrea, tanto clásica como contemporánea, y que fue al parecer utilizada por primera vez en el siglo I por Jonatan Ben Uziel, discípulo del célebre rabino Hilel en la época del Segundo Templo de Jerusalén (destruido por el emperador Tito en 70 d. de C.).
Aunque la presencia judía en tierras ibéricas era firme y milenaria, palpable aún hoy en vestigios de verbo y de piedra, según se reconoce en el preámbulo de la Ley de 2015, pues se remonta a la época de la dominación romana sobre Hispania, muchos judíos españoles se vieron obligados a emprender la drástica vía del exilio a raíz primero de la oleada de asaltos a juderías y de las matanzas de 1391 y compelidos luego a la conversión forzosa o la expulsión por las Leyes de Ayllón en 1405 y de forma ya definitiva por los Edictos de 1492 (Castilla y Aragón) y 1497 (Navarra y Portugal). El violento viento de la historia obligó de esta forma a un elevado número de judeohispanos a emprender el camino del éxodo y a establecerse, sobre todo, en el norte de África, Holanda, los Balcanes y el Mediterráneo Oriental, entonces parte del Imperio Otomano, bien integrándose en las comunidades judías existentes, bien formando otras nuevas.

La Jueva de Tortosa

La “Jueva” recrea la vida en la judería de Tortosa

Detallar la contribución judía a la cultura española durante tantos siglos de asentamiento y convivencia es tarea imposible, por la vastedad y variedad de sus aportaciones, pero basta citar algunos nombres para dar cuenta de su trascendencia: Hasdai Ibn Shaprut, médico de dos califas y traductor al árabe de la Materia médica de Dioscórides Pedáneo de Cilicia; el insigne poeta y filósofo Salomón Ibn Gabirol, en latino Avicebrón, autor de La fuente de la vida; el poeta Samuel Ibn Negrella, rival del anterior y autor de Divan; el filósofo y matemático Abraham Bar Hiyya, introductor del álgebra árabe en Occidente; Yehudah Ben Samuel Halevi o Judá Leví, médico, filósofo y poeta, que escribió El Cuzarí, obras apologética de larga proyección; el científico Abraham Ibn Ezrá, autor de unas influyentes tablas astronómicas; Yehudá al-Haziri, introductor de las reglas e imágenes de la poesía islámica en la literatura judeoandalusí; Moisés Ibn Ezrá, autor de un tratado de teoría poética judía en árabe; el filósofo y moralista Ibn Paquda, autor de la Doctrina de los deberes de los corazones; los cabalistas Moisés de León, autor del célebre Libro del Esplendor, escrito en arameo, Isaac el Ciego, Abraham Abulafia y su discípulo Josep Gikatilla; los estudiosos y poetas Isaac ibn Gayyat, Isaac ben Jacob Alfasi y José ben Meir ibn Megas, vinculados a la influyente Academia talmúdica de Lucena; el traductor Ibn Dauz, conocido como Juan Abendauz; Hasdai Crescas, filósofo, crítico de la física aristotélica; el rabí Abraham Zacuto, médico, historiador, matemático y astrónomo, que en 1492 buscó refugio en Portugal; Yehudá León Abravanel, conocido como León Hebreo, filósofo, médico y poeta, autor de Diálogos de amor, traducidos al castellano por Garcilaso de la Vega; y por encima de todos, Moshé Ben Maimón, Maimónides para los latinos, médico, jurista, astrónomo y filósofo, máximo pensador medieval judío en lengua árabe, que trató de conciliar religión y razón, ciencia y fe, e iluminó el camino a muchos pensadores posteriores.

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Familia sefardí en 1919

Las llaves, reales y materiales, de sus casas en Sefarad, que llevaron consigo al exilio con la esperanza de volver algún día a su hogar, se han convertido con el paso del tiempo en llaves metafóricas de su nostalgia por la patria perdida y símbolo de su unión con España. Durante siglos, los sefardíes, han mantenido la nostalgia de Sefarad como signo de identidad, inmune al devenir de las lenguas y de las generaciones, y han conservado como lenguaje propio el ladino o la haketía, que no es sino el español medieval enriquecido con los préstamos de los idiomas de las comunidades de acogida, y que constituye sin duda la mejor llave de vuelta a casa.

La fidelidad con que han conservado a lo largo del tiempo los usos, los rezos, las recetas, los juegos, los romances (es ineludible citar el famoso Cancionero de Abraham Israel, un sefardí de Gibraltar que recopiló la poesía tradicional hispánica en el siglo XVII) y los nombres de sus ancestros, pese al silencio y el olvido de España, hicieron acreedoras a las comunidades sefardíes del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1990, piedra angular del proceso de reencuentro y reconciliación que, tras cinco siglos de alejamiento, les ha abierto para siempre las puertas de su antigua patria.

Decreto de expulsión de los judíos 1492

Decreto de expulsión de los judíos 1492

El redescubrimiento de los sefardíes

Durante la Restauración y al hilo de una corriente de opinión favorable a los sefardíes fraguada durante el reinado de Isabel II, bajo el apoyo de Sagasta y con el decidido impulso del senador Ángel Pulido (el “ángel de los sefardíes”), se produjo un acercamiento a los sefardíes que se manifestó en la concesión de licencias para poseer cementerios propios, en la autorización para abrir sinagogas, en la puesta en marcha de la Alianza Hispano-Hebrea (1910) y la creación de la Casa Universal de los Sefardíes (1920). También por esos años, los soldados españoles partícipes en las guerras coloniales en Marruecos descubrieron con sorpresa que muchos habitantes de Tetuán y otras plazas del Rif les hablaban en un castellano arcaico y extraño: el ladino o judeoespañol.

Más tarde, siendo ministro de Estado Fernando de los Ríos, se frustró una iniciativa para conceder la nacionalidad a los sefardíes residentes en Marruecos por la oposición de algunos medios magrebíes. Tanto Ángel Pulido como Fernando de los Ríos aparecen en el documental Los judíos de patria española (1931), de Ernesto Giménez Caballero, intelectual fascista pero no antisemita, que años antes había realizado una gira dando conferencias a las comunidades sefardíes de los países balcánicos. En 1933, un crucero universitario por el Mediterráneo, promovido por el filósofo Manuel García Morente, puso en contacto a 190 estudiantes y profesores de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Salamanca con las comunidades de judíos sefarditas de Rodas y de Salónica. Unos años más tarde la mayoría de los casi 50.000 miembros de esta última desaparecieron con el humo de los crematorios de Auschwitz.

A pesar de su vaguedad y de no mencionar de forma expresa a los sefardíes, un Real Decreto promulgado en 1924, por el que se concedía la nacionalidad a los “antiguos protegidos españoles o descendientes de éstos”, abrió un proceso de naturalización que se prolongó hasta 1930 y permitió a unos 3.000 sefardíes obtener la nacionalidad española. Pero sobre todo esta ambigua norma permitió a los diplomáticos españoles de varias ciudades europeas, durante la II Guerra Mundial, dar protección consular no sólo a los sefardíes que habían obtenido la nacionalidad española a su amparo sino también a los sefardíes no naturalizados y, en último término, fue el instrumento jurídico esgrimido para salvar del Holocausto a miles de judíos.

De Toletano Hebraeorum Templo 1752 Palomares

De Toletano Hebraeorum Templo,1752 Palomares

El nuevo camino a casa

Hasta la aprobación de la Ley 12/2015, de 24 de junio, en materia de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España existían dos cauces para que los sefardíes pudiesen obtener la nacionalidad española. Primero, probando su residencia legal en España durante al menos dos años, de forma similar a los nacionales de otros países con una especial vinculación con España, como es el caso de los nacionales latinoamericanos, portugueses o filipinos. Y, en segundo lugar, mediante carta de naturaleza, de carácter discrecional, pues la valoración de las “excepcionales circunstancias de vinculación con España” quedaba al arbitrio del Gobierno, tal y como establece el artículo 21 del Código Civil.

Lo que hace esta ley es objetivar, es decir “desdiscrecionalizar”, la concesión de la nacionalidad española por carta de naturaleza, entendiendo que tales circunstancias concurren en los sefardíes originarios de España que prueben dicha condición y una especial vinculación con España, aun cuando no tengan residencia legal en nuestro país, al tiempo que determina los requisitos y condiciones a tener en cuenta para la justificar esta condición. Asimismo la ley suprime el requisito de renunciar a la nacionalidad previamente ostentada al adquirir la nacionalidad española.

Con la nueva ley (ver recuadro) se puede acreditar la condición sefardí mediante certificado de la Federación de Comunidades Judías de España, del presidente de la comunidad judía del lugar de residencia o de la autoridad rabínica correspondiente. La vinculación con nuestro país se puede acreditar por la realización de estudios, conocer el ladino, figurar en la lista de familias sefardíes protegidas por España o realizar actividades benéficas en nuestro país. En todo caso, se exigen una prueba de idioma y un test de integración.

La ley, señala su propio preámbulo, satisface una legítima pretensión de las comunidades de la diáspora sefardí cuyos antepasados se vieron forzados al exilio y pretende ser el punto de encuentro entre los españoles de hoy y los descendientes de quienes fueron injustamente expulsados a partir de 1492, en la común determinación de construir juntos un nuevo espacio de convivencia y concordia, que reabra para siempre a las comunidades expulsadas de España las puertas de su antiguo país de forma que deje de tener sentido al fin ese viejo dicho sefardí para aludir a las falsas ilusiones y deseos imposibles: Vos te fraguas kastiyos en Sefarad.

J. Rodher

Para saber más: http://www.proyectos.cchs.csic.es/sefardiweb/

 

 

Sinagoga del agua

Llamador en forma de mano (jamsa) con estrella de David en la Sinagoga del Agua (Úbeda, Jaén)

Ley 12/2015

La premisa básica de la Ley 12/2015, de 24 de junio, es considerar que concurren las circunstancias excepcionales exigidas por el Código Civil para adquirir la nacionalidad española por carta de naturaleza en los sefardíes originarios de España que prueben dicha condición y una especial vinculación con España, aun cuando no tengan residencia legal en nuestro país.
La condición de sefardí originario de España se acreditará por los siguientes medios probatorios, valorados en su conjunto:
a) Certificado expedido por el Presidente de la Comisión Permanente de la Federación de Comunidades Judías de España.
b) Certificado expedido por el presidente o cargo análogo de la comunidad judía de la zona de residencia o ciudad natal del interesado.
c) Certificado de la autoridad rabínica competente, reconocida legalmente en el país de la residencia habitual del solicitante.
Para acreditar la idoneidad de los documentos de las letras b) y c), el solicitante podrá acompañar un certificado expedido por el Presidente de la Comisión Permanente de la Federación de Comunidades Judías de España que avale la condición de autoridad de quien lo expide o alternativamente:
1.º Copia de los Estatutos originales de la entidad religiosa extranjera.
2.º Certificado de la entidad extranjera que contenga los nombres de quienes hayan sido designados representantes legales.
3.º Certificado o documento que acredite que la entidad extranjera está legalmente reconocida en su país de origen.
4.º Certificado emitido por el representante legal de la entidad que acredite que el Rabino firmante ostenta, efectiva y actualmente, tal condición conforme a los requisitos establecidos en sus normas estatutarias.
Estos documentos han de estar debidamente autorizados, traducidos al castellano por traductor jurado y en los mismos deberá figurar la Apostilla de La Haya o el sello de la legalización correspondiente.
d) Acreditación del uso como idioma familiar del ladino o «haketía», o por otros indicios que demuestren la tradición de pertenencia a tal comunidad.
e) Partida de nacimiento o la «ketubah» o certificado matrimonial en el que conste su celebración según las tradiciones de Castilla.
f) Informe motivado, emitido por entidad de competencia suficiente, que acredite la pertenencia de los apellidos del solicitante al linaje sefardí de origen español.
g) Cualquier otra circunstancia que demuestre fehacientemente su condición de sefardí originario de España.
La especial vinculación con España se acreditará por los siguientes medios probatorios, valorados en su conjunto:
a) Certificados de estudios de historia y cultura españolas expedidos por instituciones oficiales o privadas con reconocimiento oficial.
b) Acreditación del conocimiento del idioma ladino o «haketía».
c) Inclusión del peticionario o de su ascendencia directa en las listas de familias sefardíes protegidas por España, a que, en relación con Egipto y Grecia, hace referencia el Decreto-ley de 29 de diciembre de 1948, o de aquellos otros que obtuvieron su naturalización por la vía especial del Real Decreto de 20 de diciembre de 1924.
d) Parentesco de consanguinidad del solicitante con una persona de las mencionadas en la letra c) anterior.
e) Realización de actividades benéficas, culturales o económicas a favor de personas o instituciones españolas o en territorio español, así como aquellas que se desarrollen en apoyo de instituciones orientadas al estudio, conservación y difusión de la cultura sefardí.
f) Cualquier otra circunstancia que demuestre fehacientemente su especial vinculación con España.
En todo caso, se deberá aportar un certificado de nacimiento debidamente legalizado o apostillado y, en su caso, traducido.
Asimismo, la acreditación de la especial vinculación con España exigirá la superación de dos pruebas, diseñadas y administradas por el Instituto Cervantes.
La primera prueba acreditará un conocimiento básico de la lengua española, nivel A2, o superior, del Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas del Consejo de Europa, mediante la superación de un examen para la obtención de un diploma español como lengua extranjera DELE de nivel A2 o superior.
En la segunda prueba se evaluará el conocimiento de la Constitución Española y de la realidad social y cultural españolas.

 

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