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Españoles en Toulouse

Las dos grandes emigraciones a Europa, en el siglo XX, más la emigración actual, han hecho que en Toulouse actualmente haya entre veinte y veinticinco mil españoles o descendientes de españoles. El español es el segundo idioma más hablado. La ciudad es puntera en tecnología avanzada.

Atravesada por el río Garona, en el sureste, Toulouse es la cuarta ciudad más importante de Francia, primera en crecimiento demográfico, con una población de más de un millón de habitantes en su área urbana. En la ciudad viven más de medio millón de personas. En su casco urbano confluyen los canales de Midi y Brienne y lateral de l’Embouchure. Está próxima al Mediterráneo y a los Pirineos y es la capital del departamento del Alto Garona y de la región Mediodía-Pirineos, capital de la histórica provincia de Languedoc. También es llamada la “Ciudad Rosa” por el color de los edificios antiguos, hechos con ladrillo visto.

En las últimas décadas, Toulouse ha tenido un crecimiento demográfico asociado a su pujanza industrial, en sectores avanzados de tecnología: aero-espacial, electrónico, químico, biotecnológico, informático… hay que añadir su estratégica situación, para destinos turísticos: pirineos y costas atlántica y mediterránea. En el crecimiento de Toulouse han influido la emigración y la llegada de estudiantes.

LOS ESPAÑOLES. La presencia masiva de españoles en Toulouse se registra a partir de 1939, tras la Guerra Civil española. Cientos de miles de republicanos que habían luchado por la libertad y la democracia, se vieron obligados a exi-liarse a través de los Pirineos. Más de cien mil españoles se establecen en Toulouse, la “vile rose”. Serán la mayor comunidad española en Francia, junto con la de Montpellier. Organizaron gran parte de la resistencia antifranquista y llegaron a conocer a Toulouse como la quinta provincia catalana.

Tras la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1945, Toulouse será la capital del exilio español republicano: se abren sedes en función de sus idearios: socialistas, comunistas, anarquistas, sindicalistas… la central anarquista CNT mantiene su histórico local en el número 4 de la Rue de Belfort. Los menos politizados se agruparon en la Casa de España.

Edificio Le Telégramme

Edificio Le Telégramme

En la actualidad, los hijos y nietos de los españoles, más otros llegados con emigraciones posteriores —la de los años 60 fue intensa— han hecho de los españoles una de las principales minorías de Toulouse. Hay entre veinte y veinticinco mil españoles o descendientes de españoles. El español es el segundo idioma más hablado. Lo español forma parte del carácter y ambiente tolosino.

LA CASA DE ESPAÑA. La actual Casa de España de Toulouse, ubicada en el 85 de la Avenue des Minimes, reúne a doce asociaciones españolas, que abarcan las muchas facetas de la cultura española. El principal objetivo de todas las entidades es conservar y promover la cultura española. Las actividades son muchas, muy variadas: desde conferencias sobre la pintura moderna contemporánea, baile, talleres, presentación de libros, paelladas y barbacoas, actividades en el exterior, excursiones, clases de español, catalán y francés para españoles, actividades para niños y adolescentes… incluso tienen un servicio jurídico los primeros viernes de cada mes; y un servicio de radio, España en Occitania, que emite 4 horas semanales en castellano, los sábados y domingos por la mañana, de 11 a 13 horas.

Al frente de la Casa de España está Miguel Ángel Vinuesa, persona que ha desempeñado importantes trabajos en sectores como la aeronáutica o como director de una empresa química: “Desde finales de 1986 estoy en Toulouse, una buena ciudad para los españoles. Nos quieren desde la República, conocen España, muchos de ellos hablan español. Hace buen tiempo y siempre me dije que estaba próximo a España para hacer de vez en cuando una escapada. Toulouse es la ciudad más española de Francia, sin ser un tópico”.

Miguel Ángel Vinuesa, director de la Casa de España en Toulouse

Miguel Ángel Vinuesa, director de la Casa de España en Toulouse

Llevar la Casa de España exige mucho trabajo, porque es una entidad en continua evolución. Miguel Ángel Vinuesa tiene muy claro cuál debe ser la función social del centro: “La Casa de España de Toulouse, como otras del mundo, tiene que mutar radicalmente, para no acabar convirtiéndose en un simple hogar del jubilado. Si te quedas en actividades mínimas, en el fondo excluyes a las personas de 50 años y a los jóvenes. A nivel cultural, la ley de transferencias de la Cultura a las autonomías nos privó de cualquier subvención o ayuda, lo que es manifiestamente injusto. El reto es, por tanto, la renovación. Tenemos muchos retos planteados, que afectan incluso a los miles de jóvenes llegado a Toulouse desde 2011, superdiplomados unos; mayores con problemas de desahucios, otros… hasta familias enteras sin trabajo. Tenemos muchas cosas que hacer por delante”.

JOSÉ FERNÁNDEZ MEGÍAS Llegó a Toulouse en septiembre del 2012, desde Granada, con la nueva ola de emigración española, cualificada, a Europa. José Fernández Megías tiene dos carreras, doctorado y máster, más una experiencia profesional de diez años: “Mi mujer es francesa, de Toulouse. Dejamos Granada por razones puramente económicas. Los propietarios de la empresa en la que trabajaba estafaron a todos y uno se fugó a Paraguay. Pero soy un enamorado de mi tierra e hice todo lo posible por encontrar un empleo relacionado con mi ámbito: fue imposible.”

José Fernández Megías, español en Toulouse

José Fernández Megías, español en Toulouse

“Con un poco de suerte —continúa—, antes de fin de año firmaré un contrato fijo. Toulouse me ha ofrecido esperanza, reconocimiento profesional y humildad. Como buen españolito me creía ciudadano del primer mundo. Me equivocaba: nunca hemos dejado de ser un país en vías de desarrollo. Aquí todo el mundo nos ha acogido de maravilla. En la empresa en la que trabajo, Sterela, soy director de Márketing y Comunicación. Todos los días me sorprendo de ver la cantidad de personas que hay con apellidos de origen español, o con un familiar español directo. Estamos bien vistos, bien considerados y bien tratados por las gentes de Toulouse y me atrevería a decir que de toda la región Midi Pyrennees. Quizá el único punto duro sea el culinario. Puedo asegurar que la pata de jamón no falta en la cocina, pero echo de menos mis sabores, mis olores, mis referencias, mi cultura…”.

MARÍA MUÑOZ Y SU HIJA ALEJANDRA. De origen manchego, María Muñoz vivió un tiempo en Madrid. Trabajaba de enfermera en una maternidad. Tenía una hija, Alejandra. A través de su mejor amiga de aquellos años, Milagros, vio la posibilidad de irse a trabajar a Toulouse. Milagros conocía a la familia Cervino (fue cónsul de España en Toulouse). Y sin pensárselo dos veces, viajó a Toulouse, en diciembre de 1964: “En Francia me acogieron fenomenalmente, aunque echo mucho de menos España, pero no volvería: llevo ya 49 años en Toulouse, casi medio siglo. Aquí tengo a mi hija, a mi nieta, a mis bisnietas… Recuerdo la triste manera de vivir en España en aquellos años oscuros. Ya sé que ahora se vive de otra manera, pero estoy muy acostumbrada a Francia. Eso no me impide hacer guisos españoles, ver la televisión española o vivir un tanto a la española. En mi casa comemos tortilla de patatas o tortilla española. La última vez que estuve en España fue en el año 2011. Viajé hasta Sevilla, para ver a mi gran amiga Milagros que, desgraciadamente, ha fallecido en mayo de este año. Para mí fue una gran pérdida”.

Tiene familia en España, “pero el contacto es muy limitado. Mi hija Alejandra sí tiene contactos, especialmente a través del nieto de mi tío Cristóbal, periodista”.

Alejandra Bouyssi Muñoz, hija de María, tardaría unos años en reunirse con su madre. Permaneció unos años en Albacete, con su abuela Sofía: “Llegué a Francia en junio de 1972. Y me incorporé al sistema educativo francés, aunque asistía a los estudios de español en el Centro Español, que ahora es el local de Instituto Cervantes. Aprender el francés y mantener el español me resultó difícil; aunque lo más difícil fue adaptarme a la comida francesa. El ritmo de vida en Francia es distinto: cenan muy temprano, toman sopa por la noche… Echaba en falta la comida de mi abuela Sofía, especialmente la tortilla de patatas, los tomates. Luego empiezas a valorar la comida francesa, especialmente los quesos”.

Al formarse en dos culturas y ser bilingüe, Alejandra Bouyssi Muñoz pudo trabajar desde muy joven, como secretaria; y por ser bilingüe, accedió al Consejo Regional del Midi, como intérprete:

“Siempre he trabajado en asuntos relacionados con España, especialmente en el Gabinete de Presidencia, en el departamento de Protocolo. El Consejo regional es el equivalente a las comunidades autónomas española. Y siempre hemos mantenido relación con nuestra familia y con amigos españoles. Y en Toulouse, muchos de nuestros amigos son españoles”.

Cuatro generaciones de mujeres Muñoz. De derecha a izquierda, María, alejandra, Beatriz y las hijas de ésta Shaina y Maissann

Cuatro generaciones de mujeres Muñoz. De derecha a izquierda, María, alejandra, Beatriz y las hijas de ésta Shaina y Maissann

En Toulouse nació Beatriz, un 26 de marzo de 1983, hija de Alejandra. Era la tercera generación de las Muñoz. Y mantiene la tradición de vivir a la manera española, especialmente en cuanto se refiere a la comida. Y Beatriz, con 30 años, tiene dos niñas: Shaina y Maissann. Son la cuarta generación de las Mu-ñoz: todas hablan indistintamente francés y español, todas mantienen la tradi-ción de comer a la española.

“Mi hija, cuando era pequeña y estábamos de vacaciones en el pueblo, en Albacete o en Barcelona —cuenta Alejandra—, nunca quería volver a Toulouse. Y ahora, de vez en cuando, habla de vivir en España, algo que yo tampoco descarto. Mis nietas siempre me están preguntando por España y por los significados de muchas palabras. Les encanta la tortilla de patatas y el jamón serrano. Y a la pequeña, cuando no quiere comer, le decimos que es comida de España. Entonces come”.

Todos los indicadores económicos señalan que Toulouse es una ciudad francesa con futuro, en crecimiento. Las migraciones hacia la ciudad crecen poco a poco, desde distintos lugares de Europa y África. Hay trabajo, hay prosperidad, hay buenos sueldos… las apuestas que hace años hicieron por la alta tecnología han dado sus frutos: estabilidad económica y social, educación y cultura. Todos han ganado.

Pablo Torres
Fotos: Pablo T. Guerrero

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