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Nicolás Estévanez y Murphy: la poesía, la patria chica y la revolución

El año pasado se cumpía el centenario de la desaparición de Nicolás Estévanez y Murphy. Descendiente de irlandeses por línea materna, este militar, parlamentario federalista, ideólogo, poeta, editor y periodista nació en Gran Canaria en 1838 y llegó a ser ministro de Guerracon Pi y Margall en la Primera República. Desde su exilio en París, lucharía para derribar el régimen monárquico borbónico y volver a instaurar la república apoyando a Lerroux y Ferrer. Se separó del ejército siendo ya capitán antiguo. De pluma fácil y prolífica vivió los últimos 40 años de su vida como traductor para la casa Garnier de París.

La carrera militar fue para Nicolás Estévanez primordial en la formación de su personalidad, especialmente en su juventud. Esta querencia por la vida marcial, heredada de una larga tradición de familiares de estirpe castrense presenta dos períodos bien diferenciados: la etapa de instrucción y servicio en España y la participación en las sublevaciones y conflictos coloniales. La primera se inicia a los 14 años cuando Estévanez viaja a la península para incorporarse a la Academia Militar de Toledo. Su bautismo de fuego lo recibe siendo aún cadete, en los enfrentamientos contra las milicias durante el golpe de estado del general O´Donnell en Madrid. Poco a poco irá madurando su carrera militar en los principales frentes españoles extrametropolitanos del S. XIX: la 1ª Guerra de Marruecos (1859-1860), la Guerra de Santo Domingo –isla de la Española-(1863-1855) y las dos guerras de Cuba, la primera entre 1866 y 1868 y la segunda en 1871. En ésta última fue destinado sin participar en combate por encontrarse de remplazo.

Todas estas experiencias bélico-militares con sus respectivos ascensos en el escalafón del ejército ultramarino quedarían plasmadas en obras especializadas como La milicia. Tipos Militares (1868), Episodios Africanos (1897) y Diccionario militar (1897). De forma paralela y en términos conceptuales Estévanez irá fundamentando su pensamiento revolucionario y anticolonialista, a la vista de sus reiteradas desilusiones en el frente. Ejemplo sonado de su independencia crítica dentro del ejército fue su plante y deserción del ejército tras el fusilamiento de ocho jóvenes estudiantes cubanos de Medicina en noviembre de 1871, presuntamente acusados de la profanación de una tumba española en la Habana. Fiel a sus convicciones escribiría muchos años después en sus memorias: “antes que la patria están la humanidad y la justicia”.

Retrato de D. Nicolás Estévanez y Murphy. Fernando Viscai.

Nicolás Estévanez fue ante todo un hombre práctico y de acción, características esenciales que jalonaron los hitos de su carrera civil. Nunca se consideró un político de despacho, antes al contrario, se adentraría de forma activa en los avatares políticos de la España del Sexenio Revolucionario y de la posterior proclamación de La República. El proceso revolucionario liberal de “La Gloriosa” de 1868 que acabó con el reinado de Isabel II y que daría paso a la I República fue el desencadenante de la carrera política de Estévanez, la cual se orientó a favor de la lucha por una República Federal. Esta trayectoria se forjaría a partir de su integración en el Partido Republicano Federal de Pi yMargall. Con este prohombre unionista de la República, el mismo que comandaría los destinos de España durante el breve reinado de Amadeo I (1870-1873) y tras la proclamación de la Primera República, Estévanez irá ascendiendo cargos pasando de diputado a las Cortes Constituyentes por Santa Cruz de Tenerife, a gobernador civil de Madrid, para terminar como ministro de Guerra de Pi y Margall.

Su participación en este período revolucionario le convertirá en eje fundamental para el equilibrio durante este inestable régimen republicano que -merced a la inefable idiosincrasia española- tendría los días contados. Y si fulgurante fue su ascenso durante el breve período republicano- no llegó a los dos años- fulgurante y meterórica fue también su caída e inmediato exilio, primero a Portugal, luego a Francia. A pesar de ello, Estévanez no se desvinculó nunca de la política y continuó esbozando su peculiar visión de la situación de España –al mejor estilo dieciochesco de José Blanco White- desde las páginas de El Imparcial en la península y El Tribuno, el Diario de Tenerife o El Ideal en las Canarias. Asimismo no le serían ajenas ninguna de las conspiraciones tanto por vía parlamentaria como por vía insurreccional que tramaban desde París la implantación de una nueva República.

El resumen de un ideario político tan poliédrico como el de Estévanez es tarea ardua. Él mismo se definía como “revolucionario irreductible y soldado viejo” aludiendo a su propia evolución. Durante su juventud en el acuartelamiento de Toledo su posición era la de un liberal republicano –siempre según sus memorias-. Una vez vive los embates de la guerra en las primeras líneas de fuego en África, Santo Domingo o Cuba su postura se va radicalizando. Pasa a simpatizar a apoyar a los movimientos de emancipación americanos, pronunciándose en varias ocasiones contra las políticas colonialistas europeas. Paulatinamente irá acercándose a las ideas republicano-federalistas de Pi y Margall, defendidas desde las filas del Partido Republicano Federal. Sus coqueteos con el anarquismo se producirán desde una edad temprana, tendencia que se ve fortalecida durante el exilio parisino y que se palpa en sus Pensamientos Revolucionarios.

Al final de su vida, era un federalista republicano convencido que no dudaba en colaborar con los anarquistas para la prosecución de sus ideales políticos; se nos presenta como defensor de las patrias oprimidas y partidario del derecho de autodeterminación –aquí algunos han vislumbrado en germen del nacionalismo canario-.

La Laguna en 1860

La Laguna en 1860

En prosa y en verso.

Su contribución a la pedagogía histórica vendrá de la mano de su Resumen de la Historia de España de la mano de la editorial de la Escuela Moderna de Barcelona , difusora de las ideas libertarias del S.XIX

La obra de Estévanez adquiere un lugar destacado en la literatura canaria de los siglos XIX y XX, no sólo por lo prolífica sino por lo heterogénea –correspondencia, ensayo, prosa y verso, artículos de opinión, traducciones, etc-. Se convertirá en referente para el grupo de literatos que conformarán la llamada Escuela Regionalista Canaria. En Calandracas(1899) emplea el relato para entreverar la ficción y la autobiografía. Pero fue su poesía la que suscitaría mayor interés tanto en el archipiélago como en el resto de España. Sus versos están tamizados de romanticismo literario y compromiso con la transformación política de la sociedad. Tuvo como inspiración a Espronceda (1808-1842) y al poeta cubano Juan Clemente Zenea (1832-1871). Su obra lírica se puede dividir en dos partes, la política y la mundana. Fruto de la primera serán los ejemplares de poesía socialLa Alcuza,El Obrero, Solidaridado Monólogo Campesino . Ejemplo cimero de la segunda es Canarias (1878) conjunto de bucólicas remembranzas e idealizaciones metafóricas del pago natal- Las Palmas- y la ciudad de la Laguna –Tenerife- que lo viera crecer.

A lo largo de su dilatada existencia, Estévanez mantuvo fuertes vínculos sentimentales con aquellos lugares que recorrió tanto en su etapa militar (1853-1871) como en su periodo de exilio (1874-1914). La mayoría de sus experiencias, las dejaría plasmadas en obras como La vuelta al mundo de un joven norteamericano (1887), España: Impresiones de un viajero hispanoamericano en las fiestas colombinas (1892) o en Resumen de la historia de América.

Un viaje a Norteamérica al finalizar la Guerra de Secesión al poco de la muerte del presidente Abraham Lincoln le permitió conocer de primera mano una república federal enfrentada entre dos variantes constitucionales – la Confederación frente a la Federación- : los Estados del Sur frente a los del Norte; los esclavistas frente a los abolicionistas. Además de los citados viajes por mor de su papel en el frente, Estévanez viajará a Senegal, México, Argentina y Brasil. Sin embargo, su madurez intelectual llegaría en los impensados Portugal, Inglaterra y Francia, naciones que acogerían su trasterrada persona. El país galo será el destino final de este exilio, desde donde dará rienda suelta a su faceta traductora y editora desde la Editorial de los hermanos Garnier y publicará incontables colaboraciones en decenas de diarios y revistas de España y América hasta su fallecimiento en agosto de 1914.

Ezequiel Paz

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