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Una tauromaquia del siglo XXI

El pintor y grabador Jorge Perellón ofrece su particular visión de los Toros, un arte que, en España, se consolida y desarrolla culturalmente a partir del siglo XVI.

Las primeras referencias artísticas sobre tauromaquias (luchas con toros) se encuentran en la Grecia clásica, plasmadas en distintas piezas cerámicas. Las imágenes son de hombres luchando cuerpo a cuerpo con toros. En su expre-sión más moderna, las tauromaquias han cristalizado en las corridas de toros, espectáculo que se consolida y evoluciona culturalmente a partir del siglo XVI (algunos estudiosos sitúan el origen en el siglo XII), llegando hasta nuestros días con retoques, aunque conservando la esencia: la lucha cuerpo a cuerpo entre el hombre y el toro.

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En sus orígenes, el lanceo de toros era un juego de virilidad reservado a los nobles. Después el espectáculo se hizo popular, en plazas públicas cerradas, cosos al aire libre, para celebrar victorias militares o festejos en pueblos y ciu-dades. Y evolucionó definiendo cada parte de esa lucha cuerpo a cuerpo, en lo que se llamó corrida de toros. El arte de Cúchares, o de Pepe Hillo, se ajustó a tres tiempos, tras el paseíllo de los toreros: la salida de toriles, su capoteo y picado para medir sus fuerzas y ahormar al toro; las banderillas, cuerpo a cuer-po, para comprobar su bravura y fiereza; y la faena de muleta y espada, con la sola presencia en la arena del toro y el torero. La tauromaquia pura: el animal y sus potentes astas y el torero con su muleta.

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El pintor y grabador español más universal, Francisco Goya, dejó todo un con-junto de grabados hiperrealistas sobre los toros. Su Tauromaquia (editada en 1816), una colección de 33 grabados, más 11 estampas sueltas, nos informa del animoso moro Gazúl, lanceando un toro; o de la muerte del alcalde de Torre-jón, alcanzado por un toro que saltó a la grada; de las temeridades de Martin-cho, en los cosos de Madrid; de la muerte de Pepe Hillo, maestro matador; o del salto con garrocha de Juanito Apiñami… Estas obras estaban destinadas a ilustrar la “Carta histórica sobre el origen y progreso de las corridas de toros en España”, de Nicolás Fernández de Moratín. Pero otros muchos artistas han pintado o grabado tauromaquias a lo largo de la historia: Pablo Picasso, Manet, Enrique Simonet, Alberto Gironella, Lucas Villamil…

Pintor y grabador, Jorge Perellón (Madrid, 1965), licenciado en Bellas Artes por la Complutense de Madrid, premio de grabado del Círculo de Bellas Artes, en 1998, completó su formación en Nueva York, restaurando e iluminando gra-bados antiguos para Martayan Lang. Regresó a España, realizando carpetas de grabados como “Impresiones de Madrid”. Como ilustrador de libros ha traba-jado con el escritor Gabriel Argumánez, en dos obras. En brazos de Carlota (10 grabados) y El cuplé de la geisa.

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También ha realizado grabados para El romancero gitano, encargo del librero anticuario Guillermo Blázquez, pendiente de editar. Entre sus producciones más recientes, el Cantar de mío Cid, con 15 grabados originales y más de 100 ilustraciones, para Millenium Liber. Su última exposi-ción en Madrid la hizo en el mes de mayo: un conjunto de monotipias recien-tes.

“Mi primera Tauromaquia, de 6 grabados al aguafuerte y al aguatinta, muy naíf, iluminada a mano, la hice en 1993. Poco después en el año 2000 hice una nue-va Tauromaquia, con las mismas técnicas, también iluminadas a mano sobre estampas en sepia. Esta tauromaquia, muy completa, contiene 14 suertes, in-cluyendo el paseíllo y el triunfo. Los grabados mantienen el concepto de plaza redondeada, sin público, para centrarme en el concepto de la lucha entre el toro y el torero”.

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Jorge Perellón plantea una tauromaquia actual, esencial: se centra en el coso, en la arena, prescindiendo del público. Es el combate puro entre el torero y el toro. Hay arte, sin excesos: lances en los que se torea con el capote, se pica al toro para ajustar sus fuerzas, se le ponen las banderillas y se torea con la mule-ta, a pecho descubierto. Es un combate a muerte, salvaje y hermoso, brutal.

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Cada época tiene su propio Arte, sus propios conceptos de Arte. Las tauroma-quias se suceden desde el siglo XVI. En nuestro tiempo, inicios del siglo XXI, el Arte de los Toros refleja los nuevos conceptos de Tauromaquia, tan visuales y artísticos como los de otros tiempos ancestrales. Y vendrán otras Tauroma-quias futuras, con los conceptos de Arte propios de su época.

Pablo Torres

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