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París, segunda capital del tango

París está considerada en el mundillo del tango la segunda ciudad de este baile característico de Argentina. Precisamente en la capital francesa fue declarada en septiembre de 2009, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

"Buenos Aires es la esposa del tango, París la amante". Esta frase deambulaba por los corrillos del tango el pasado siglo XX mientras el baile argentino, una seña de identidad del país, hacía viajes de ida y vuelta a la capital francesa.

Y esa frase sigue vigente en la actualidad. Los espectáculos argentinos de tango eligen París como segunda escala después de Buenos Aires para salir al extranjero.

Ese fue el caso de la obra "Chantecler", dirigida y protagonizada por Mora Godoy, una de las mejores bailarinas contemporáneas de tango, que fue escenificada en el Theatre Chatelet parisino en octubre.

El título de la obra hace referencia a un legendario templo del tango fundado en 1924 por una pareja de franceses, en la calle Corrientes, que tuvo su época de oro en la década del 30 y 40.

"Creo que es muy importante para la historia del tango que resucitemos en París la historia del Chantecler, que fue creado por franceses. Y es también una manera de devolverle a Francia algo de esta historia, que les pertenece", señaló Mora Godoy.

Tango 1

El Chantecler, escenificado ahora por la prestigiosa Mora Godoy, era uno de los varios cabarets con nombre francés en Buenos Aires en el pasado siglo, que fueron los templos del tango.

El Armenonville fue uno de los cabarets más lujosos de Buenos Aires en los años 1910 y 1920. Allí fue donde Carlos Gardel realizó su primera gran actuación en dúo con José Razzano durante una fiesta de año nuevo el 1 de enero de 1914.

Existía una fascinación en esas primera décadas del pasado siglo entre las dos ciudades y el tango es un nexo de unión que continúa vigente.

"La fascinación por el tango (en Francia) es muy real", explicó el compositor argentino y virtuoso de la guitarra Tomas Gubitsch, quien llegó a Francia en 1977, a los 20 años, como miembro del grupo del gran bandoneonista y compositor Astor Piazzolla, y se quedó en París.

A fines del 2008, Gubitsch fundó el colectivo de músicos "Buenos Aires sur Scène", con los bandoneonistas Juanjo Mosalini y Matias Gonzalez, la pianista Andrea Marsili, Gerardo di Giusto y Llalo Zanelli, entre otros músicos.

Mosalini, de 69 años, dio el salto a París también en 1977. "Me trajo la música y la situación política. Estábamos en plena dictadura militar y nuestra generación fue salvajemente golpeada. Nadie dejó de sufrir, sobre todo la gente que militaba, lo que era mi caso", explicó.

"El tango, que llegó a Francia hace más de un siglo, vivió su primer apogeo en los años de 1930. En esa época, las orquestas populares francesas tocaban siete u ocho tangos todas las noches", dijo.

"Además, las visitas de artistas argentinos como Carlos Gardel, que filmó tantas películas aquí, hizo que el tango estuviera siempre presente en París, de manera a veces clandestina, o sumergida, como fue durante la Segunda Guerra Mundial", añadió Mosalini.

Tango 4

"¿Quién no pasó por París? Algunos se quedaron. Yo soy uno de ellos. Y es que hay aquí un amor incondicional a esta música", explicó.

"Pero cuando yo llegué, no era tanto como ahora. Yo he sido testigo de todo lo que ocurrió alrededor del tango en estos últimos 30 años. Ahora se vive una verdadera explosión, sobre todo de la danza", subrayó.

En la actualidad hay más de 180 asociaciones de bailarines de tango en Francia. París ha sido también el epicentro de la música instrumental del tango, un género que estuvo alguna vez adormecido en Buenos Aires.

Esta pasión por el tango ha llevado a que se cree un café de conciertos a las orilla del Sena, que se llama "Buenos Aires sur Seine". En los años 80, hasta su cierre en 1994 también existió otro local llamado "Trottoirs de Buenos Aires".

París se sumergió en el tango poco después de su eclosión en Buenos Aires. Desde 1906, partituras de tango comenzaron a llegar a Francia. Entre las melodías que llegaban desde el Río de la Plata a principios del siglo XX, hubo dos que tuvieron un gran éxito: El choclo y La Morocha.

Estrellas argentinas del tango de la época como Alfredo Gobbi o Angel Villoldo viajaron a París para grabar o para hacerse conocer en la ciudad que consideraban la referencia cultural en el mundo.

El amor por la melodía argentina en París tuvo su apogeo en 1913 llegando a darse una "tangomanía" por un baile y una música que se buscaba sobre todo en lugares clandestinos al no ser tolerada.

Esa locura por el tango dejó su rastro en diarios como Le Figaro, que escribía en 1911: "Lo que bailaremos este invierno es el tango argentino, un baile gracioso, ondulante y variado".

La palabra tango estaba en todos los sitios: champán-tango. chocolate-tango, comida-tango. perfume-tango. Incluso un tren que hacía el trayecto entre París y Deauville es bautizado tango.

El color tango, un naranja vivo, se puso también de moda en París a inicios del siglo XX y esta tonalidad se extendió a ropa, calzado e incluso sillones y sofás.

Tango 8

Todo ello no gustaba a la jerarquía católica de Francia al ver que la ciudad se dividía entre los amantes y los detractores del tango. "Es un baile lascivo y ofensivo para la moral", afirmaba el cardina Amette, arzobispo de París, en la prensa en enero de 1914.

El oficio de profesor de tango se convirtió en un negocio lucrativo. Un argentino que se dedicaba a ello, indicaba en la prensa de su país en 1913 que en la capital francesa había más de cien personas que se dedicaban a enseñar del baile rioplatense.

El tango "Araca París" era bastante ilustrativo del fenómeno: "Con tres cortes de tango sos millonario..., ¡Morocho y argentino! ¡Rey de París!"

El espaldarazo oficial del tango llegó en abril de 1913 cuando el presidente de la República Francesa, Raymond Poincaré, asistió a un baile acompañado de su esposa.

"El presidente y su esposa llegaron en mitad de un tango, el baile argentino que su presencia consagró de alguna manera", escribió una revista de la época, al lado de una foto.

El escritor argentino Roberto Arlt, en su novela El juguete rabioso, escrita en 1926, ponía en boca de uno de sus personajes. "Dicen que allá, en París, los que saben bailar tango se casan con millonarias. Quiero ir allá".

No hay que olvidar tampoco que el mayor referente del tango, Carlos Gardel, nació en Toulouse, con el nombre de Charles Romuald Gardes y que a los tres años ya estaba en Buenos Aires con su madre.

Gardel pasó largas temporadas en París, donde gozó de una gran fama y reputación motivada por el apego que existió en la capital francesa por el tango hasta finales de los años treinta.

Carlos Gardel actuó en París en 1928 y su espectáculo en El Florida duró tres meses, ganando una suma enorme para la época, 3.200 francos por día, cuando Maurice Chevalier ganaba 3.000 en la inauguración del Empire.

"Las ventas de mis discos en París es fantástica. En tres meses se han vendido 70.000. No pueden satisfacer la demanda", afirmaba Gardel en una carta fechada en 1928.

"El tango conoció su apogeo en París y fue en los años 30. Londres, Bruselas, Berlín, Ginebra, Lausana y otras ciudades tenían de vez en cuando orquestas de tango, pero los grandes cabarets estaban en las zonas de Montmartre y Montparnasse. Incluso en los pequeños cabarets se tocaba tango", manifestó una vez Tito Fuggi, uno de los grandes especialistas franceses de tango.

Astor Piazzolla, otra de las referencias de la historia del tango, también pasó por París, gracias a una beca que le envió a la capital francesa en 1953.

"Parece increíble que se baile tanto el tango en París. Y cómo gusta. No solo el antiguo sino también el nuevo", escribía Piazzolla en 1954, mostrando su sorpresa por la afición al tango en la ciudad.

Desde aquella época hasta ahora, la afición por el tango sigue presente en París, aunque su apogeo se dio en los años 30, coincidiendo con su mejor época también en Buenos Aires.

Pablo San Román

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