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Vinuesa, villa de leyendas

Conocida como La Corte de Pinares, esta localidad soriana es la puerta hacia la mítica Laguna Negra, los Picos de Urbión, donde nace el Duero y la entrada al territorio de las leyendas

vista general

Apenas un millar de personas habitan Vinuesa, un pueblo que fue ascendido a villa en 1776, el mismo año en que las colonias británicas de América proclamaron su Declaración de Independencia. Antes de eso fue la romana Visontium y luego, tras un larguísimo paréntesis, zona de caza para los reyes medievales, que la premiaron con un escudo y el sobrenombre de la Corte de Pinares.

La Edad Media y el Renacimiento sembraron Vinuesa de ermitas, palacios y casonas nobles, que hoy se suman a la calzada y al puente romano, viejos pero todavía útiles para cruzar la corriente del Duero, un río todavía en su infancia, pues apenas lleva 25 kilómetros desde que nació y aún le quedan más de 800 hasta llegar al mar.

Plaza del Rollo

Plaza del Rollo

Si pasear por Vinuesa es casi una vuelta al pasado, hacerlo por sus pinares y acercarse hasta la Laguna Negra, es regresar al Neolítico con sus bosques frondosos, senderos intrincados, saltos de agua, fuentes y una fauna tan difícil de ver como fácil de adivinar. No es de extrañar que literatos de todas las épocas y estilos hayan sido hechizados por las ninfas del Duero y el Revinuesa, las alturas de más de 2000 metros y las lagunas de origen glacial en las que habitan todas las leyendas.

Laguna Negra

La Laguna Negra

“Los hijos de Alvargonzález” de Antonio Machado es el poema más conocido, una tragedia con parricidio sombreada por lo sobrenatural, cuya lectura, que recomendamos, remueve los espíritus más sedentarios. Pío Baroja y Gerardo Diego, junto con otros menos conocidos, también se fijaron en Vinuesa y sus parajes. Hoy son todos recordados y añaden lustre a esta localidad soriana, que al sustento agropecuario le ha juntado el atractivo turístico y gastronómico pues la localidad es un hervidero de viajeros y ofrece múltiples alojamientos y una cocina con sabor a sierra y cacería.

Como complemento legendario cabe reseñar la cercanía de La Muedra, un aledaño ahogado totalmente en el Embalse de la Cuerda del Pozo, a excepción del campanario de su iglesia, que emerge náufrago sobre las aguas, altivo como un cristiano frente a los leones.

casa típica

Casa típica

Valientes fueron también los emigrantes de Vinuesa, los que se fueron a América, sobre todo a México, hartos de las guerras del Siglo XIX, algunos de los cuales regresaron convertidos en “indianos” y en benefactores de su pueblo financiando obras públicas y servicios y construyendo sus casas con pórtico de palmeras. La inacabable posguerra fratricida que empezó en 1939 arrojó de su tierra en los años cincuenta a otros muchos visontinos, esta vez hacia Europa, especialmente a Suiza y Alemania, donde sin duda alguno quedará y como buen soriano reunirá sus fuerzas para regresar, al menos una vez, a celebrar la fiesta de “La Pinochada”, que cae en la Virgen de agosto y enfrenta, en danza singular, a las cofradías de solteros y casados, ante la mirada de las mozas ataviadas de “piñorras”.

Carlos Ortega 

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