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Luis Ocaña, el campeón atormentado

Ganó una vuelta a España y un Tour de Francia, aunque pudo ganar otros dos. Su fuerte carácter le generó todo tipo problemas. Una depresión le llevó a poner fin a su vida, la vida de un mito del ciclismo que se forjó a sí mismo desde el trabajo sin descanso.

Pedro Pernía y su cuadrilla de gancheros llegaron sobre troncos hasta Aranjuez, deslizándose por las aguas del Tajo. El viaje, uno más, lo habían iniciado en Priego (Cuenca), en la serranía donde se cruzan los ríos Escabas, Trabaque y Guadiela. Era el 18 de julio de 1936. Tras entregar la carga de madera, en medio de la agitación que se vivía por el golpe de Estado dado por oficiales africanistas contra el Gobierno de la segunda República, Pedro Pernía, Cándido Soria y Doroteo, su amigo gitano, decidieron subir Tajo arriba, llegar hasta Teruel y alistarse en el Ejército de la República. Los tres combatieron, los tres perdieron.

Ocaña

En los inicios de 1939 decidieron exiliarse en Francia: caminaron desde Sagunto hasta la frontera, en Portbou. En el país galo pasaron a los campos de concentración de Argéles-sur-mer. Tras un enfrentamiento con un nazi, fueron castigados deportándoles hacia un campo de exterminio. Pero saltaron del tren y acabaron uniéndose a la Resis-tencia. Cándido Soria entraría años después en París, con la 9, la fuerza de choque de Leclerc, liberando la ciudad de la invasión nazi.

Pedro Pernía, republicano del exilio, afincado en Francia, pudo viajar excepcionalmente a España, para asistir al entierro de su padre. Uno de sus hermanos era requeté. En Priego hablará con su hermana Julia para que convenza a su marido, abandonen el pueblo y se vayan al norte en busca de un mejor futuro económico y social. Julia se había casado con Luis Ocaña, uno de los Ocaña rojos, pobres. Jesús Luis Ocaña Pernía, Luis Ocaña, que con los años sería un ciclista mítico español, nació un 9 de junio de 1945, en Priego Cuenca. Y siendo un niño, cuando sólo contaba seis años, emigró con sus padres y hermanos a Vielha, en el Valle de Arán, donde su padre encontró trabajo por mediación de un amigo, José Castet.

Ocaña

Todo el relato biográfico de Luis Ocaña está recogido en el libro “Ocaña”, de Car-los Arribas, periodista del diario El País, especialista en ciclismo, que explica los motivos que le han llevado a novelar la vida de un mito: “Teníamos una deuda moral, aunque la vida para Luis Ocaña, como el ciclismo, fue una pelea sin fin. Una pelea contra todos, contra sí mismo; una pelea contra el destino. Por eso, quizás, ni Ocaña entendió el mundo que le tocó vivir, ni mucho menos el mundo le entendió a él. Era un personaje de gran complejidad, contradictorio, rebelde por sistema, con un carácter determinado por su padre, un hombre ascético, autoritario, marcado por la miseria y la represión de la postguerra…”.

Carlos Arribas, autor también de “Locos por el Tour” y “Cumbres de leyenda”, que ha completado un relato durísimo de un personaje difícil, añade: “No es una biografía al uso. Es una novela biográfica, un relato de la España de la postguerra: el hambre de los derrotados, que obligó a su padre a trasladarse hasta el Valle de Arán; la miseria de los explotados en las construcciones faraónicas de las grandes centrales hidroeléctricas, que lleva a la familia al exilio económico en 1957. Luis sufrirá, con 12 años, una tuberculosis que le dejará secuelas físicas”.

En 1957 la familia Ocaña, padres y cuatro hijos, abandonan España para instalarse en Le Houga, en el norte de los Pirineos, región de Mont-de-Marsan. Llegan a un lugar donde había comida todos los días, a la casa de su cuñado Cándido Soria, casado con la hermana de Julia. Y la vida de los Ocaña cambiará, aunque tendrán que trabajar duro, muy duro: Luis, el adolescente tímido y callado, es pobre: no habla francés, sus compañeros de escuela le insultan y escupen, le desprecian. Pero Luis, una vez más, sabe que tiene que ser más fuerte, pelear más duro, ser más valiente, ser más francés. Son años difíciles en los que el padre le levanta al alba para trabajar en el campo, reprochándole su debilidad física. Pero si algo definía al joven Luis era su resistencia al dolor, dispuesto a romper cualquier límite.

El carácter de Ocaña se irá forjando en esos años, desde la dureza extrema de su padre: “Luis Ocaña era una persona de trato difícil, por su mucho temperamento, forjado desde su infancia –añade Carlos Arribas–. Su despótico padre, un republicano duramente represaliado, le educó sin concesiones en el trabajo, conformando en el adolescente un carácter indomable y combativo, en permanente pelea contra cualquier tipo de autoridad, incluida la de su padre”.

Para poder pertenecer a un club ciclista, Luis falsificó la firma de su padre que se oponía a que corriera en bicicleta por creer que no tenía físico suficiente. En su primera carrera, como juvenil, terminó décimo. La segunda carrera, unas semanas después, la gana. Fueron 70 kilómetros en Bretagne-de-Marsan. Luis Ocaña seguiría ganando carreras locales, sin rivales que le hicieran frente; y en 1963 llegará el primero en la clásica Lesseube, en los Pirineos, carrera reservada a la élite del ciclismo.

Sus éxitos hicieran que Piere Cescutti, presidente del club ciclista más importante de la región, se interesara por su carrera deportiva. Le pide que se vaya a vivir a Mont-de-Marsan, donde los ciclistas del equipo viven y se entrenan para participar en grandes carreras. Pero Luis Ocaña necesitaba la autorización de su padre. Cescutti la conseguirá y en 1964 Ocaña se instalará en Mont-de-Marsan, donde conocerá a otros ciclistas españo-les, se entrenará y se convertirá en poco tiempo en ciclista profesional. Ese mismo año ganaría todas las carreras locales en las que participó: no tenía rivales. Era una fuerza de la naturaleza desatada. La bicicleta le daba todo lo que la vida le había negado hasta ese momento.

La trayectoria deportiva de Luis Ocaña crecerá, debutando como ciclista profesional en 1968. Un año después, en España, lograría ser segundo en la Vuelta a España, por detrás de Roger Pingeon. Pero en 1970 ganó la Vuelta. El año de 1973 sería grandioso para Luis Ocaña. Fue segundo en la Vuelta a España y ganó el Tour de forma contundente, sin concesiones: ganó seis etapas y fue maillot amarillo desde la séptima etapa hasta su llegada a París.

Ocaña

“Luis Ocaña pudo haber ganado tres tours –concluye Carlos Arribas–. Ocurrió que en el Tour de 1971 tuvo una caída bajando el Col de Menté cuando era maillot amarillo y le sacaba siete minutos a Eddy Merckx. Pudo ganar otro Tour, pero se tuvo que retirar por problemas respiratorios. Ocaña sufrió de pequeño una tuberculosis con la secuela de un asma crónico. En condiciones normales, Ocaña podría haber ganado más de tres Tours”.

La carrera de Luis Ocaña, un ciclista excepcional, el segundo español en ganar un Tour de Francia tras Federico Martín Bahamontes, está jalonada de premios: campeón de España en ruta (1972), Dauphine Libéré, Vuelta al País Vasco, Circuito Europeo de Montaña…

En 1977, con 32 años Luis Ocaña deja el ciclismo, deporte que le había dado todo, dedicándose a la producción de vinos, viviendo con su esposa Josiane y sus hijos en el sur de Francia… Lo tenía todo: éxito personal, esposa e hijos, dinero para emprender negocios… pero Ocaña siguió atrapado, prisionero de su fuerte carácter que tantos disgustos le procuraba: “Apenas tenía amigos. Era soberbio y solitario, amargado quizá porque su vida fue muy dura –añade Carlos Arribas–. Podría considerársele un anarquista autoritario, marcado por la dureza de su vida”. En 1979 Luis Ocaña sufrió un grave accidente automovilístico que casi le cuesta la vida: la recuperación no le hizo reflexionar ni replantearse los límites de su existencia. Y complicó absurdamente su vida por su fuerte carácter autoritario, que tanto recordaba al de su padre. Obsesionado por el orden, participó activamente en la vida política haciendo campaña con los ultras del Frente Popular, sin que Ocaña fuera una persona de ideas políticas extremas. Leyenda del ciclismo mundial, con todo a su favor, enredó y oscureció su existencia agobiado por las deudas, excesivas dosis de alcohol, miedo a la enfermedad (sufría hepatitis C, secuela de aquellos años de hambre y trabajo extremo), problemas con su mujer… La desesperanza se instaló en su vida, marcada por la rigidez de un padre víctima de la pobreza y el ham-bre.

Luis Ocaña, víctima de una fuerte depresión, incapaz de pararse medio minuto a repensarse su existencia y su relación con su familia y amigos, decidió quitarse la vida a los 48 años pegándose un tiro en la sien. Fue el inicio del mito del campeón atormentado.

Pablo Torres
Fotos: Archivo de Carta de España

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