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Kirmen Uribe: "La pureza me da un poco de miedo"

Su primera novela "Bilbao-New York-Bilbao"(Premio Nacional de Narrativa 2009) fue todo un acontecimiento literario.

En "Lo que mueve el mundo" Kirmen Uribe (Ondarroa, Vizcaya, 1970) narra la historia del escritor belga Robert Mussche y de cómo el hecho de acoger a una niña bilbaína durante la Guerra Civil española le cambió la vida. A presentar su nueva novela vino el escritor vasco a Bruselas, invitado por el festival literario Passa Porta.

Kirmen Uribe y Carmen Mussche Passa Porta.

Kirmen Uribe y Carmen Mussche Passa Porta.

Tanto su poemario Mientras tanto dame la mano (2003) como su última novela nacen de pérdidas muy importantes en su vida. ¿Es quizás éste el motivo de que el tema de la pérdida esté tan presente en su obra?

Sí, es cierto que uno de los grandes pilares de mi obra es la pérdida. Lo que mueve el mundo es un libro escrito desde el dolor de la pérdida de mi mejor amigo pero al final yo creo que es un libro optimista porque ensalza ciertos valores que se han de recuperar y contiene una reivindicación de la Europa culta, abierta, comprometida, que creo que nos estamos olvidando un poco de ella y que fue un faro de civilización en el mundo. Robert Mussche y todo su entorno eran gente cultísima, gente solidaria a pesar de ser muy humilde, que acogió a estos niños de la guerra, que se preocupó por aprender otros idiomas, que se preocupó por la Guerra Civil, por el drama que estaba ocurriendo en España, que luchó contra el nazismo… Quiero reivindicar esa Europa. Y después he de decir que Bilbao-New York-Bilbao también aparece con un nacimiento, el de mi primer hijo, que es un hijo no biológico, y Lo que mueve el mundo con otro nacimiento, el de mi hija. Así que en mis novelas está muy presente la pérdida, sí, pero hay también al final un punto de luz.

Resulta novedoso en Lo que mueve el mundo que el foco de atención recaiga sobre la persona que acoge, Robert Mussche, y no sobre la niña, Karmentxu Cundín, de la que de hecho habla más bien poco.

Para mí era importante no dar la visión de siempre. Quería contar lo que pasó, volver a hablar de la historia de estos niños, volver a llevar esta historia a los medios de comunicación, pero hacerlo de una manera más amplia, evitando caer en el victimismo. Lo que me interesaba sobre todo era hablar de la huella que los niños de la guerra dejaron en las familias de acogida, que fue mucha.

Aun escribiendo desde siempre, es durante su estancia en Trento, donde cursó estudios de posgrado, cuando decide publicar. ¿Tuvo que irse fuera de su tierra para tomar las decisiones que más le han marcado?

¡Es verdad, es curioso! Tal vez forma parte de mi manera de ser el tener que salir de mi mundo, el tener que verme desde fuera. Muy a menudo les pregunto a mis amigos, a la gente que me conoce bien: “¿Cómo me ves?” Porque para mí es importante esta mirada externa. Y es cierto que he salido mucho de mi tierra y que muchas de las decisiones importantes las he tomado fuera, tal vez es la forma que tengo de sentirme enteramente libre. Pero no por la especificidad del País Vasco o de España, es algo más a escala humana, de querer alejarte de tu entorno para luego volver. Y en mis novelas siempre aparece este desplazamiento de dentro hacia afuera porque es algo también muy nuestro, muy de nuestro tiempo, nunca ha habido tantas migraciones, nunca ha viajado tanto la gente ni nunca ha estado tan conectada. Antes cuando uno daba la visión de su propio país la daba mirando exclusivamente su propio país. Esto ahora ya no puede ser, tienes que dar una visión de tu país poniéndolo en contexto, en su relación con otros países; hay que abrir un poco la lupa.

Kirmen Uribe en un Encuentro literario.

Kirmen Uribe en un Encuentro literario.

Carmen, la hija de Robert Mussche [le puso este nombre en recuerdo de Karmentxu, la niña bilbaína que había acogido en 1937], me recibió en su casa de Gante y me empezó a contar fragmentos de la vida de su padre. Pensé que esto me dejaba a mí la posibilidad de rellenar los huecos con mi propia visión del autor, de inventar escenas, de hacer ficción utilizando este personaje, que era lo que más me interesaba. Y después están todos los matices del personaje. Un hombre que se trajo a esta niña a Bélgica, que era traductor de Lorca viniendo como venía de una familia muy humilde, que no había tenido los medios para estudiar. Muy atractiva me pareció también su amistad con el que se convertiría después en uno de los escritores más famosos de Bélgica, Johan Daens, y luego la relación con su mujer, que procedía de una familia burguesa muy católica. Y sin embargo fue aquella mujer, mucho menos progresista que él, la que le enseñó a amar. Me pareció que a través de este personaje tan interesante que había empezado de cero, con esa conciencia de clase que tenía, podía novelar los tiempos que estamos viviendo ahora. Y, para terminar, al acabar de perder a mi mejor amigo esta historia me permitía también hablar de la amistad a través de la que unía a Robert y Herman (Johan Daens). Herman sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, pero nunca logró superar la pérdida del amigo.

¿De dónde le viene esa sensibilidad por el tema del exilio que es tan evidente en toda su literatura?

Creo que me viene de mi niñez, porque yo provengo de un pueblo marinero que además es un puerto grande y desde siempre estuve en contacto con gente que venía a trabajar de todas partes de España. Al mismo tiempo siempre tuve en la memoria a los familiares que habían emigrado a América en busca de una vida mejor. Siempre me ha interesado tanto la gente que se ha ido como la que ha venido mucho más que aquella que se ha quedado toda su vida en el mismo lugar, siempre me ha llamado la atención la mezcla; a mí la pureza me da un poco de miedo. Por otro lado, tampoco tengo muy claro el concepto de casa. Antes la “casa” era la casa de piedra donde vivían varias generaciones de la misma familia. ¿Qué es casa ahora, dónde te sientes realmente en casa? Yo viajo mucho a Nueva York y me siento siempre en casa cuando voy allí; es más, cuando llego tengo la sensación de volver, no de ir.

En un momento de la novela Robert Mussche dice: “Escribo en flamenco porque me coloca en el mundo como persona. Sin la lengua de los obreros de la calle Ferrerlaan yo no sería el mismo”. ¿Es Kirmen Uribe quien habla?

Sí, soy yo quien habla refiriéndome al euskera; creo que el euskera me sitúa en el mundo como persona y como escritor. Y además lo puedo hacer, soy un autor traducido, me invitan a festivales literarios internacionales como éste escribiendo en euskera… Nuestra generación está recogiendo la herencia del trabajo de tantos años de autores como Gabriel Aresti en los años 60 y Bernardo Atxaga posteriormente, y hoy ya no te preguntan que por qué escribes en euskera, se ha convertido en algo normal. ¿Y por qué no voy a hacerlo? No tengo ninguna razón para no escribir en mi lengua.

Ángela Iglesias Bada
Fotos: K.U.

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