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Ara Malikian: "Siento que con la música he exportado la felicidad"

La biografía de este superviviente comienza en un pasado convulso. Una guerra civil en el Líbano, una familia armenia huyendo de las atronadoras bombas y los silbidos de las balas. En uno de esos refugios antiaéreos, un niño componiendo música bajo la cruenta inspiración bélica. Para muchos sería una locura, para él y su familia una forma de vida entre sonidos, sonrisas y una disimulada felicidad.

Sin esperar al silencio de la paz decidió emigrar con quince años y aprovechar una beca que le llevó hasta Alemania, Inglaterra…y la desconocida España. “Pensaba que el flamenco era los Gypsy Kings”. Considerado el mejor violinista del mundo, asegura que la música como decía Manuel de Falla es “para sentirla” y compartirla como herramienta de integración y unión entre personas y culturas.

Retrocedemos en el tiempo para situar al lector. ¿Qué queda de aquel niño que nació en Beirut y que muy pronto se convirtió en testigo de una guerra civil?

Todos los niños de mi generación se hicieron mayores muy pronto porque vivieron dificultades. No tuvimos tiempo de ser niños y jugar como los demás. La niñez estaba llena de dificultades, miedos, pero no creo que me haya dejado secuelas. Es más, hoy me siento más niño que hace 30 años.

En esos refugios antiaéreos empezaste a componer música en esperas que superaban varios días. Entre la desesperación y la ilusión, ¿cuál era la mejor manera de sobrellevar el tiempo?

Llegábamos a estar varios días allí dentro. Todo el país vivía la misma situación. Cuando sentías el silencio y te avisaban de que podías salir, acudíamos a ver cómo estaban nuestras casas para regresar rápidamente al refugio. Los niños pensábamos que esa situación era normal porque no teníamos muchas más vivencias. El libanés está acostumbrado a estas tragedias y por eso, y aunque parezca surrealista, buscaba la diversión en esos sótanos para poder evadirse. Por este motivo empecé a hacer música.

Obligado a madurar sin explicaciones, sin embargo, Ara Malikian era consciente de que lo que allí ocurría. El destino parecía escrito para el resto de su vida…

Desde niño mi familia me transmitió que la vida sigue en cualquier circunstancia, que no hay treguas ni excusas para detenerse. Éramos muchos y la esperanza estaba tan cerca como la desesperación. ¿Cómo un niño podía hacer normal una situación así? Por eso durante la guerra bajábamos juguetes al refugio. Yo elegí el violín porque me encantaba y era un instrumento que te permitía hacer partícipes de la música a más personas.

Ara Malikian en plena actuación.

Armenia es un país lleno de cicatrices a lo largo de su historia. El Genocidio que vivió en 1915 con la deportación y exterminio de millones de civiles armenios aparece como una pesadilla. El periódico vuelve a hablar de las tensiones en el Cáucaso Meridional ¿Crees que en algún momento se ha restablecido de esta tragedia?

Por supuesto que no, porque no se ha reconocido que hubo un genocidio y que por esa razón la mitad de los armenios vivimos fuera de nuestro país. Prefiero pensar que algún día se cicatrizará esta tragedia y quedará en un homenaje a todos aquellos que perdieron la vida inocentemente. La herida siempre incita al odio y es lo que menos necesitamos en Armenia.

En aquellas circunstancias de supervivencia podría parecer impensable encontrar la inspiración para la música.

La inspiración llegó sin saberlo aunque era consciente de que la música siempre ha servido para divertirnos…y en aquellos momentos también para emocionarnos. Con la música he sabido reírme de las cosas trágicas. Aunque no sea igual, pero, ¿te acuerdas de aquella escena del Titanic, a punto de hundirse, y la orquesta musical de Wallace Hartley Band tocando para que los pasajeros no perdieran la calma? Es algo parecido.

La personalidad de Ara Malikian es inquieta, comprometida, lo mismo que su música. ¿Qué llegó antes, la curiosidad musical o social?

Las dos están relacionadas, mi existencia y lo que soy se lo debo a esa doble inquietud. Una sugiere a la otra, a veces la nota musical te lleva a la reflexión social y humana y viceversa.

Con doce años los niños no se despegan de sus juguetes. En tu caso te subiste al escenario para ofrecer tu primer concierto. Tres años después recibiste una beca del gobierno alemán para estudiar en Hannover.

Después de celebrar mi primer concierto gracias al trabajo de mi padre, marcharme a Alemania supuso el año más duro de mi vida, mucho más que los terribles momentos de las bombas –que asegura haber olvidado y de lo que no habla con su familia y amigos- Llegué sin mis padres, sin entender el idioma y la cultura. Integrarme fue una experiencia complicada, y contarlo también, porque sólo podía hablar por teléfono con ellos una vez al mes. Allí tuve que rehacer mi vida.

Integrarte fue complicado, prematuro para un niño que desconocía todo lo que acontecía a su alrededor. Por dónde empezar, pensaste. ¿Por lo social, cultural, laboral?

El consejo de mi padre fue muy duro, recuerdo que me decía: “Estás en un país (Alemania) en el que no eres nadie y tendrás que ser y trabajar diez veces mejor que los demás para que te hagan caso” .Ahora pienso que la vida no debería de ser así, es más, no sería un consejo para mi hijo, pero en su momento hice caso a mi padre, trabajé mucho y me ayudó en muchos aspectos.

La familia siempre ha viajado con Ara Malikian, aunque más en lo espiritual de lo que desearía. Sin embargo, no hay día que deje de recordar al Líbano y en especial la vida en Beirut. La frontera con Siria se ha convertido en escenario de tragedias por las sacudidas que deja la guerra en el país vecino. ¿Imagino que la distancia no impide abstraerse de la cruda realidad, verdad?

El Líbano ha mejorado mucho en los últimos años, entre otros motivos porque el libanés siempre está en la búsqueda de la felicidad y la alegría. El Líbano y España tienen muchas cosas en común, somos muy fenicios (sonríe). Mi madre es de Siria, imagínate cómo está de preocupada con lo que está sucediendo. Lo más duro que nos puede pasar, y también lo saben los españoles, es una Guerra Civil, mucho más que otro tipo de confrontación bélica porque no sabes si estás peleando con tu vecino, tu amigo…es terrible. Lo más triste es que siempre hemos sido rechazados allí donde estuvimos, pero eso nos ha hecho más integradores y receptivos a la convivencia.

Mientras charlamos, abre el estuche que sostenía con fuerza desde hacia minutos. Comienza a afinar las cuatro cuerdas de un precioso violín que muestra con cariño. Nació con un talento especial que muy pronto supo emigrar. Una circunstancia cada vez más corriente en la actualidad.

El talento no es lo más importante, sino la inquietud y el interés. Todos tenemos una capacidad especial para determinadas cosas. Lo más grandioso de mi vida es haber podio viajar, tener amigos y conocer la cultura de otros sitios. Cuando estoy en un país me interesa más conocer y descubrir a las personas que los monumentos. Necesitamos viajar más y disfrutar de las diferencias de cada pueblo, de cada uno de nosotros.

El violín de Ara y sus arcos.

En la antigua Grecia se consideraba la música como un elemento de mucho poder llegando a estar reglamentada en las primeras constituciones de Atenas y Esparta. ¿Hasta dónde puede llegar el poder del “arte de las musas” en un mundo tan convulso?

En la historia está reflejado. La cultura une a la gente y es el punto común que tenemos entre todos de entendernos y querernos. La política siempre ha generado conflictos mientras que la música ha sabido reconciliar en muchas facetas de nuestras vidas. Creo que la música es la raíz de la historia de cada país, mucho más que el rasgo identitario del tango o el flamenco, por ejemplo. En mi caso, siento que con la música he exportado la felicidad.

Su caso puede ser una excepción. En una mano el violín y en la otra una oportunidad. Así fue haciendo mundo, llevando la música a todas partes. Aquella forma de vida fue el mejor instrumento para integrarse.

Creo que sí. La música es una manera muy fácil de hacer viajar los pensamientos y deseos, pero sobre todo el ejemplo de lo que puede ser un modelo de integración. El mestizaje, la influencia musical compartida en sonidos es un ejemplo de integración y de una tendencia que incita a unir las culturas y el origen de los pueblos con la música. En mi caso, por ejemplo, le tengo que estar agradecido al flamenco y el cambio que ha motivado en mi vida. Fue el mejor camino para integrarme. Antes de llegar a España conocía Paco de Lucía, pero pensaba que el flamenco era los Gypsy Kings.

Con la influencia de tantas culturas y países, hablas correctamente el castellano, pero, ¿podemos imaginarte trabajando con la mentalidad alemana, la puntualidad inglesa, y el corazón armenio, tres países que han marcado tu vida?

No me siento de ningún lugar y de todos un poco. Creo más en cada persona que en los rasgos que definen a los alemanes o españoles. Aquí se trabaja tanto como en otros sitios pese a los tópicos que escuchas. Me identifico con el sentido del humor alemán aunque todo el mundo piense que son serios. Me gusta la búsqueda de la felicidad del español… En definitiva me siento muy afortunado por haber viajado tanto porque mi personalidad está formada de cada país, Armenia, Líbano, Alemania, Inglaterra, Colombia, España…

Malikian interrumpe la pregunta para recordarnos una anécdota que demuestra el carácter integrador en nuestro país…

Siempre pienso, y más ahora, que los españoles han inventado la palabra alegría. Recuerdo que mi primera partitura en España fue un “desastre” porque la entendí mal. En lugar de “Ser dos” escuché “Cerdos” y me puse a tocar el violín imitando a este animal haciendo sus gestos por todo el escenario. La gente lo interpretó fenomenal y nos aplaudieron entre risas, y eso que el espectador español es intransigente y con carácter cuando no le gusta algo.

Ara Malikian posando con nuestra revista.

¿Te acuerdas de lo primero que hiciste en nuestro país a parte de hablar nuestro idioma?

Me costó mucho entrar en un bar y poder tirar las servilletas al suelo como se permite aquí. En cuanto al idioma, lo aprendo muy rápido pero no lo perfecciono. Es más, hablo español igual que hace dos años.

Como intérprete uno de tus deseos es integrar la música clásica en todas las edades sin encasillarla a un perfil como a veces pretenden músicos y espectadores. ¿Se podrá conseguir que la música clásica sea popular?

No tengo dudas. Siempre lo ha sido, creo que deberíamos quitar la etiqueta de música clásica para dejarla simplemente en música. La culpa de calificarla así es del músico porque no hemos sabido cambiar esa imagen arrogante y estirada. Hubo una época que funcionó pero ya es pasado, y debemos quitarnos esa figura cuando estás representando para evitar barreras entre público y artista.

Entrevista y fotografías de: Miguel Núñez

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