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Jorge Pardo: "Para mí la humildad es más una herramienta que una virtud"

Su larga e inquieta trayectoria le ha valido a Jorge Pardo (Madrid, 1956) el premio al Mejor Músico Europeo de Jazz, concedido por primera vez a un músico español por la exigente Academia de Jazz de Francia.

Entrevistamos al célebre saxofonista y flautista, colaborador durante años entre otros de Paco de Lucía, Camarón de la Isla o Chick Corea, a su paso por Bruselas, donde vino a presentar su cuarto trabajo con su grupo D’3, ‘Sobre la marcha’.

-¿Qué aporta de nuevo este trío jazzístico con el batería José Vázquez ‘Roper’ y el contrabajista Francis Posé dentro de la inmensidad de proyectos y colaboraciones que tiene? ¿En qué se distingue?

-Thelonious Monk decía una frase que a mí me gusta mucho: «Yo siempre toco la misma canción». Y me gusta porque, aunque toques cosas diferentes, siempre tocas al final lo que sientes, lo que sabes. Así que, de alguna manera, no deja de ser más de lo mismo… Pero como esto ya sé que queda un poco mal decirlo (risas), te diré que con Francis y ‘Roper’ llevamos más de diez años de colaboración, que vamos ya por nuestro cuarto disco juntos, que nos hemos recorrido el mundo entero y también tenemos una presencia importante en los festivales de España. Dentro del conjunto de mis proyectos, de ser una cosa de vanguardia se ha convertido en un clásico. Y en cuanto al estilo musical, la verdad es que soy poco amigo de hablar de cómo suena la música, la música hay que escucharla, pero destacaría que el trío se formó fuera del ámbito estrictamente profesional, empezamos a tocar porque éramos amigos y luego comenzaron a salir trabajos. Así que por encima de la profesionalidad, que no digo que no la haya, destaca el grado de amistad y complicidad que tenemos.

-Su último disco grabado, el doble CD ‘Huellas’ (2012), es el primer trabajo en el que todas las composiciones son suyas, ¿a qué se debe esta evolución?

-No me había propuesto hacerlo así, sino que ha ido saliendo; yo es que casi nunca me propongo cosas rígidas. Tenía un buen puñado de temas suficientes para llenar hasta dos discos y me gustaba todo el material que tenía. Y luego, ya a posteriori, sí que me llamó la atención esta anécdota, que nunca había publicado un disco totalmente compuesto por mí y me dije : «pues mira, ya soy mayorcito para hacerlo» (risas).

D'3

-Se ha descrito a sí mismo en varias ocasiones como un artista de maduración lenta…

-Sí, porque, por muchos motivos que quizás no cabrían en esta entrevista, mi periodo de aprendizaje ha sido lento y extenso. Por la cantidad de datos que he ido almacenando de diferentes estilos, por diferentes vivencias que he tenido, porque he sido también un poco vago a lo mejor, y también porque he disfrutado y estoy disfrutando del proceso. Hay otros artistas, no digo que sea mejor o peor, que de repente explosionan a los veinte o veinticinco años y a los treinta ya han dado lo mejor de sí mismos, y se va extinguiendo la llama. En mi caso es casi al revés, es como un crescendo que siento que todavía no ha llegado a su cumbre. De hecho, he hablado de que mi aprendizaje ‘ha sido’ lento, pero en realidad debería decir ‘es’.

-¿Recuerda cuándo decidió que se iba a dedicar a la música?

-No, porque es algo que nunca me llegué a plantear. De hecho hasta hace unos veinte años yo nunca había pensado que iba a ser músico, la verdad es que no he planificado nada prácticamente en la vida (risas). He ido haciendo cosas y haciendo el camino y las reflexiones siempre son a posteriori. Pasan años de un trabajo y me digo: «Hostia, fíjate lo que he hecho, pues lo mismo está bien, pues igual parece que soy músico». Como en mi vida tampoco ha habido una diplomatura, ni un número de años de estudio, pues si hay trabajo de músico soy músico. He tenido suerte y siempre más o menos me han ido bien las cosas a ese nivel.

-Y sin embargo le han otorgado en Francia el año pasado un premio importantísimo, el Premio al Mejor Músico Europeo de Jazz. Usted es un músico sin fronteras, sin fronteras físicas porque lleva décadas actuando por todo el mundo, con una trayectoria internacional envidiable, y sin fronteras musicales, por su curiosidad infinita por abrir nuevos caminos. ¿Cree que por esto le han dado este premio, por ser un músico sin fronteras?

-Es bonito lo que dices y a mí también me gusta pensarlo. Estas instituciones, como es la Academia de Jazz de Francia, como instituciones que son tienden a ser conservadoras y piensa uno que por lógica deberían mirar más a aquellos músicos que entroncan en la tradición más firme y que no vacilan tanto como yo. No deja de ser curioso que se hayan fijado en mí, que no hago jazz, sino que lo que hago es una música un poco extraña que está a caballo entre varias cosas y que además no me corto en decirlo, con lo cual todavía me gusta más el premio, porque dice bastante de esa gente, de una gente que parece que se interesa por saber lo que hacemos los demás. Es fantástico que hayan decidido dármelo, aunque seguro que hay otros muchos músicos que también lo hubieran merecido. Sé que es un remate tópico pero es que es la verdad.

Sexteto Huellas Dave

-¿Ha notado que a raíz del premio se le está acercando un público nuevo?

-Es fácil percibir eso, pero difícil que sea verídico. Por lógica y por lo que he podido intuir pues sí que hay un tipo de público más generalista que viene a verme porque me han dado este premio, quizás sí. De todas maneras, una de las cosas más bonitas de todo esto es el cariño que me está demostrando la gente que me ha seguido y que me sigue durante todo este tiempo, la que ha apostado emocionalmente por mi música y por mi persona sin tener demasiada verificación por parte de las instituciones, ni siquiera del mercado, y que sé que este reconocimiento ha sido para ellos el poder decirse de alguna manera: «lo sabía, sabía que este tío era bueno, me lo están diciendo ahora pero yo ya lo sabía». Esto me emociona, porque es la gente que me ha aguantado mucho también, todas mis locuras, mis inventos, nunca me he cortado y gracias a eso quizás tengo la personalidad que tengo y hago la música que hago ahora. Pienso que a veces incluso habré hecho sufrir a mis seguidores, así que a todos ellos, gracias.

-¿Qué cree que habría que hacer para que músicas como el jazz o el flamenco fueran menos elitistas, que la gente las conociera más, que se acercara más a ellas?

-Mira, la música, sinceramente, es un comercio. Y la ley del comercio dice que si te dedicas a vender salsa de tomate vas a comprar la más barata y la vas a vender al mayor precio posible, ésa es la clave. Pues con la música pasa lo mismo, no nos engañemos, con todas las músicas, con las pretendidas músicas de calidad también; en el mundo del jazz se mueve tanto dinero como en el del pop (en el del flamenco menos, porque es un mercado más pequeño). Una multinacional contrata, por decir un nombre, a un tal John Wilkinson, que resulta que es el trompetista de moda de jazz, y tienes a John Wilkinson en todos los festivales de Europa, y sin embargo hay uno aquí en Bruselas partiéndose los cuernos porque toca que flipas y como no tiene ese padrinazgo no lo conoce nadie. Y después hay un axioma que hace mucho daño y que yo denuncio de vez en cuando y es esa típica frase de que para ir a un concierto de este tipo de músicas hay que entender porque son «unas músicas muy complicadas». Y eso es mentira, no hay música complicada o no complicada, hay música que te llega o que no te llega, que está bien hecha o no, y cualquier música te puede llegar o no llegar. Lo que pasa es que este axioma lo utilizan mucho el mercado y las multinacionales para vender lo más barato que tienen, lo más facilón, lo que se hace en 10 minutos intentando llevárselo lo más crudo posible.

-Asomándose a su trayectoria llaman la atención dos cosas: la pasión con la que siempre ha trabajado y sigue trabajando, y su humildad, en el sentido de que un día puede estar tocando con el artista más famosísimo y al día siguiente colaborar con un músico que empieza.

-Pero es que el chico ése que empieza es muy probable que dentro de 30 años sea ese artista famosísimo que dices, y si no lo llega a ser puede que se deba a muchos motivos pero no necesariamente a que no tenga calidad. No quiero que se me malentienda, siempre la humildad se estima como una virtud y, sinceramente, para mí la humildad es más una herramienta que una virtud. Si tú eres demasiado orgulloso y demasiado soberbio vas a estar siempre reivindicando lo que haces frente a lo que hace cualquiera y entonces ya no estás aprendiendo. Sin embargo, si vas de tranqui y vas por la sombra, si eres humilde, entonces callas y escuchas, y cuando tienes que hablar, hablas. Y mientras callas y escuchas, aprendes… y ésta ha sido una de las herramientas que yo he utilizado en la vida para aprender, para aprender de un famoso, pero también para aprender de un principiante. Así que humildad, la justa.

-¿La suerte existe?

-Sí, la suerte existe, sin duda ninguna. Pero también hay que tener una actitud, ¿eh? Hay gente que tiene suerte y no la aprovecha. Yo entiendo que la vida me ha puesto en sitios privilegiados, a veces sin comerlo ni beberlo, pero luego está el saber ver dónde estás y valorarlo. Decirte: «¡ostras, dónde estoy, con quién estoy, aquí no puedo hacer el tonto!». Tener la capacidad de maniobrar con las cosas que te vas encontrando por el mundo ya no corresponde exactamente a la suerte sino a una gestión de tu vida en una dirección, con una cierta consciencia.

-Me ha hablado de su último disco ‘Huellas’ y yo le pido que me diga el nombre del artista que más huella le ha dejado de todos con los que ha trabajado hasta ahora.

-Me pones en un compromiso, pero me voy a permitir decir dos nombres que son Paco y Camarón.

-Paco de Lucía, con el que actuó precisamente por primera vez aquí, en Bruselas, hace más de treinta años.

-¡Cierto! Además tengo una anécdota muy buena de ese primer concierto con él y es que el taxista se perdió y cuando llegué al teatro ya estaba Paco a punto de salir al escenario, así que no pudimos ensayar. Y ya en plena actuación me dice: «¡solo de flauta!». Y yo: «¿cómo?». «¡Que toques algo solo!»

-¿Y qué pasó?

-Pues que empecé a tocar (risas).

Texto: Ángela Iglesias Bada
Fotos : JP

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