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Ana Ara: una catalana en Nicaragua “Sólo reduciendo el consumo se puede ser más feliz”

En febrero de 1980 el escritor Julio Cortázar daba final a su poema "Noticias para Viajeros" con unas palabras que invitaban a seguirlo: "Ya ves, viajero, está su puerta abierta, todo el país es una inmensa casa. No, no te equivocaste de aeropuerto, entrá nomás, estás en Nicaragua".

Unos años después, exactamente en octubre de 1985, una mujer catalana, nacida en Barcelona, con una infancia vivida en un pueblo llamado Flix, en la provincia de Tarragona, llegaba a esta Nicaragua, “tan violentamente dulce” como bien la describía Cortázar.

Integrando una brigada de solidaridad, Ana Ara fue a trabajar a una zona de guerra, en Maniguas, un municipio de Matagalpa. Antes había estado en el nordeste de Brasil, tomando contacto directo con la pedagogía del oprimido, el teatro del oprimido y la represión y manipulación de las personas empobrecidas y sometidas.

También había estado en Perú, trabajando en la zona andina, donde se repetía el sometimiento de las comunidades indígenas. En Nicaragua había triunfado la revolución sandinista y Ana quiso ser parte de ese proceso de construcción de una sociedad más justa, donde poder hacer realidad tantos de sus sueños.

La brigada de solidaridad la destinó a Maniguas, de Matagalpa, y allí pudo conectarse con el grupo de teatro Nixtayolero. Había estudiado teatro social como herramienta de transformación y conciencia social y esto la llevó a integrarse al grupo y construir la base de lo que hoy es el Teatro Nuestra Cara, del Colectivo de Mujeres de Matagalpa.

“Utilizamos el teatro como herramienta organizativa de sensibilización y de toma de conciencia, tanto para las personas que se integran en grupos de teatro como personas que participan de las sesiones de representación”.

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El Colectivo de Mujeres de Matagalpa es una asociación sin fines de lucro, fundada en 1986 y registrada como Organismo no gubernamental ante el gobierno nicaragüense en 1990. Muchas mujeres han aportado a su construcción. Ana Ara es una de sus fundadoras, junto a otras de diversas procedencias, la mayoría nicaragüenses pero también una italiana y una venezolana que acompañaron los primeros años del Colectivo. Su trabajo gira en torno a tres ejes fundamentales: los derechos humanos y la erradicación de la violencia, la salud y el desarrollo comunitario y la educación.

Ana sostiene que su formación se divide en dos partes, “la formación de cartón (oficial, universitaria) y la que he aprendido de maestras y maestros, personas con ideas, experiencias y una consecuencia entre lo que piensan, sienten y hacen, que me han enseñado muchas cosas, quizás el que ahora esté en el camino que estoy. En la universitaria estudié enfermería, especialidad en psiquiatría y en pediatría y master en salud pública. Estudié expresión corporal, teatro, técnicas psicodramáticas y teatro espontáneo. En este camino he aprendido muchísimo de maestras con las que he compartido cursos y encuentros e intercambios, que son las que me han marcado en la vida”.

Si bien el Colectivo de Mujeres de Matagalpa tiene una forma de trabajar muy horizontal, y por los perfiles profesionales de Ana en salud y teatro y creatividad y por su experiencia en metodologías participativas y grupales, ella está en las áreas de educación y salud. “Mis tareas en estas áreas son múltiples” –reconoce la catalana- y trata de enumerarlas: “Doy atención individualizada y grupal en salud emocional. Con grupos específicos de mujeres trabajadoras sexuales, personas que viven con el virus del sida y con mujeres privadas de la libertad encarceladas en la prisión de Matagalpa.

Soy facilitadora de procesos educativos en diversos perfiles, teatro social, muralismo, promotoras de salud, parteras, personal médico y farmacéutico, metodologías educativas, técnicas psicodramáticas y teatro espontáneo, salud sexual y reproductiva con jóvenes, trabajo creativo con niñez, poesía corporal, alfabetización, defensoras de derechos humanos, mujeres rurales, etc.

Además formo parte del grupo de teatro social feminista Nuestra Cara, del teatro espontáneo Emoción-arte y de la Compañía de Teatro Latinoamericana de teatro espontáneo que nuestra directora es María Cavelli del pasaje Córdoba Argentina, del teatro experimental Informal y del coro Vos es voces, y del grupo juvenil Alcanzando Estrellas.

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He participado en diversas investigaciones participativas y soy autora y coautora de diversas publicaciones sobre los temas que trabaja el Colectivo. Por mi vínculo con Europa cada año realizamos talleres y presentaciones de teatro y somos docentes en diversos master y postgrados de universidades de España, un trabajo de crear redes y generar ingresos desde una posición de intercambio real y solidaridad”.

Junto con su compañera Bea Húber han realizado visitas a la sede de Educación Sin Fronteras (ESF) en Barcelona, como parte de una gira teatral llevada a cabo en Europa, presentándose en Málaga y Barcelona, con el objetivo de sensibilizar sobre la situación en los países del Sur, aportando una nueva visión que contribuya a transformar la sociedad y establezca redes de solidaridad y apoyo directos.

El Colectivo de Mujeres está integrado a redes latinoamericanas, centroamericanas e internacionales. Se destaca la vinculación estrecha con mujeres y hombres de Argentina, a través del teatro espontáneo y de la poesía corporal. Y con España existe un grupo de amigos y amigas incondicionales que han creado el grupo de apoyo al Colectivo de Mujeres de Matagalpa y gestionan fondos y promueven el trabajo del colectivo, gente que promueve la metodología de trabajo y organiza talleres y encuentros para compartir y formar personas en esta metodología y recaudar fondos, tanto en centros sociales como dentro de la universidad o en colegios profesionales. Y con organizaciones de cooperación que presentan proyectos para ser desarrollados en Matagalpa.

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Próxima a cumplir 60 años, Ana se siente orgullosa de lo que ha construido en el ámbito personal, logrando crear una familia “ampliada” con vínculos más allá de los de sangre, y a nivel social con el trabajo diario en este Colectivo. Su pareja, Benito Marchand, a quien conoció a poco de llegar a Nicaragua, compartió con ella otro proyecto y la fundación de otra organización (Acción Internacional por la salud Nicaragua)

Hay cosas que Ana extraña de España: “Sobre todo extraño a la gente, el poder hablar tranquilamente sin que te digan extranjera cuando no gusta lo que opinas. La diversidad de oferta cultural, social, la vida en el barrio, las fiestas populares, el cine”. Y hay otras cosas que no extraña: “No extraño las prisas, el consumo, el extra consumo”. Pero hay algo que logra unificar, y es sentir el mismo compromiso con Nicaragua y con España, “Siento que es lo mismo, me encoleriza las injusticias del sistema, la burocracia, la corrupción, las mentiras, la manipulación. Me compromete el crear cosas y acciones colectivas, el ser irreverentes con las cosas que nos hacen daño en la sociedad, estar en rebeldía, el sentirnos protagonistas de nuestras vidas y de nuestras decisiones y apostar a lo colectivo. Y esto para mi lo puedo desarrollar donde encuentre personas con la misma energía y ganas de apostar por ello”.

A casi treinta años de su llegada a Nicaragua, la catalana continúa luchando por las reivindicaciones de las mujeres, que aún siguen teniendo poco control en distintos ámbitos y decisiones dentro de una sociedad que sigue siendo ideológicamente machista y violenta.

Desde este país que ha elegido, con sueños de hacer realidad tantos ideales, Ana Ara reflexiona sobre el mundo actual. “Siento y pienso que son momentos muy difíciles a nivel mundial. Estamos en un momento donde las contradicciones están muy tensas, entre ricos y pobres, entre la paz y la guerra, entre el consumo y el hambre, entre el desperdicio y destrucción de los recursos naturales, y las personas que intentamos frenarlo desde la ecología y toma de conciencia, que solamente reduciendo el consumo se puede ser más felices. Entre la comunicación electrónica con perfiles que no corresponde a lo que sos y la comunicación directa, creativa, mirándose a los ojos, oliéndonos, contacto. Entre el respeto y la intolerancia. Entre los estados laicos y los estados impregnados de fundamentalismos religiosos, y un etcétera de etcéteras. Por eso pensamos que las noticias deben dar a conocer lo que la gente de a pie hacemos durante todos los días para ser más humanos, y si es posible un poco más felices”.

Texto y fotos: Silvina Di Caudo

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