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Estonia o la calidez de un país a veinticinco grados bajo cero

Con poco más de un millón de habitantes y la mitad de su territorio cubierto de bosque, Estonia quizás no sea el país que los españoles tenemos en mente a la hora de buscar oportunidades fuera. Me llamo Paula, soy licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual y hace un año decidí dejar atrás las murallas de mi ciudad natal, Toledo, para atravesar los muros de otra ciudad medieval: Tallín, la capital de Estonia.

Aquí llegue la pasada primavera para trabajar en un proyecto europeo de información juvenil con un contrato de doce meses. Mi primera idea era volver a casa cuando terminara, pero cuando me quise dar cuenta, empecé a sentirme en casa aquí, quizás por ser Tallín una ciudad muy acogedora, aunque en invierno los termómetros lleguen a marcar veinticinco grados bajo cero.

Sin embargo, y contra un prejuicio muy extendido, no es el frío la característica principal de Tallín, el núcleo urbano donde se concentra cerca del 30% de la población de Estonia. Otros elementos marcan la diferencia de la capital del país báltico con otras ciudades europeas:

Por un lado, Tallín puede presumir de ser la única capital europea con transporte público gratuito para todos sus ciudadanos. La gratuidad de tranvías y autobuses urbanos reduce el tráfico en la metrópoli. Además, la capital de Estonia es una ciudad muy bien equipada para moverse en bicicleta y cuenta con diferentes parques naturales e infinitas hectáreas de bosque para hacer deporte o esquiar en invierno.

Paula disfrutando de la nieve en Estonia.

Paula disfrutando de la nieve en Estonia.

Por otra parte, en Estonia puedes beneficiarte de diferentes servicios desde el momento en que obtienes tu tarjeta de residente, a la cual tienes derecho con un contrato de trabajo o de arrendamiento. Esta te permite no solo utilizar el transporte público gratis sino también acceder de forma segura a los servicios digitales del país ahorrándote horas innecesarias de papeleo y burocracia. Incluso puedes montar una empresa por Internet en menos de veinte minutos. No es casualidad que a nivel internacional se conozca este país como E- Estonia.

Además, cabe destacar la amplia oferta cultural de esta ciudad y a un precio más que asequible. El arte y la música representan una parte muy importante de la forma de vida de los estonios. Por poner un ejemplo, una entrada para un espectáculo de opera o ballet en el Teatro Nacional cuesta entre 10 y 20 euros, la mitad si eres estudiante.

Si bien el estonio es el idioma oficial, las películas programadas en el cine, como en otros países europeos, se ven siempre en versión original con subtítulos. Lo mismo ocurre con el teatro u otros eventos artísticos. De ahí que los estonios tengan un nivel de inglés bastante alto. Por eso, si hablas la lengua de Shakespeare, no tienes por qué quedarte fuera de la vida cultural de la ciudad. Esto facilita la integración de la comunidad internacional que reside aquí y trabaja en las diferentes empresas internacionales como Skype o Transferwise, ambas nacidas en Estonia.

Ballet en las calles de Tallín.

Ballet en las calles de Tallín.

La cultura del trabajo también es distinta a la nuestra. En el País Báltico es habitual que los estudiantes universitarios compaginen sus estudios con trabajo desde el principio de la carrera. La universidad lo permite y lo facilita, ya que la mayoría de jóvenes se independiza cuando cumple la mayoría de edad, también en el sentido económico.

Cuando acaban sus estudios, los recién titulados ya cuentan con experiencia laboral, lo que les facilita encontrar un trabajo al salir de la universidad y tener un puesto de alta responsabilidad antes de cumplir los treinta años. Además, tanto las empresas como los recién titulados consideran que el trabajo se paga, por lo que aquí no está extendida la figura del becario.

Las ventajas de vivir en la capital de un país tan bien comunicado, su constante actividad cultural más que asequible o la posibilidad de esquiar en el bosque en invierno pesaron mucho cuando decidí quedarme aquí: Ahora trabajo en una empresa alemana gestionando viajes para el mercado italiano. Soy la única española en una oficina internacional de más de cuarenta personas de distintas partes del mundo, y me encanta mi trabajo porque estoy constantemente aprendiendo y practicando otros idiomas: durante ocho horas al día hablo en italiano con los clientes y en inglés con los compañeros, mientras sigo aprendiendo estonio y ruso, y disfrutando de todo lo que ofrece esta capital europea de la que tan poco se conoce.

Una información de Paula de la Torre para CdE

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