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Sidney Franklin, el torero yanqui

Uno de los sujetos más peculiares de la historia de la tauromaquia fue un judío neoyorquino con ascendencia rusa y que fue el primer estadounidense en tomar la alternativa en una plaza de toros.

Sidney Franklin era alto y rubio, torero mediocre y homosexual vergonzante. Amigo de Hemingway y enemigo de su mujer Martha Gellhorn. Toreó en España en varias épocas y dejo un rastro entre exótico y surrealista. Franklin —su apellido original era Frumpkin— era uno de los nueve hijos de un matrimonio judío ortodoxo de origen ruso, se crio en Brooklyn y en su familia no entendían cómo Sydney se divertía con las revistas de cine y las fotografías de artistas famosos.

A los dieciocho años Sydney huye de su entorno familiar y se marcha a México. Una tarde concurre a una corrida de toros y conoce al apodado “Califa de León”, Rodolfo Gaona, con quien comienza una vida de aventuras y se transforma a su lado en torero profesional. Un año después ya pisaba las arenas y su apellido comenzaba a ser conocido. Se presenta por primera vez en Ciudad de México en 1924. Después de su paso por México, debuta el 9 de junio de 1929 en Sevilla.

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Sidney con Hemingway

Ese mismo verano de 1929 conoció a Hemingway y enseguida congeniaron. En ese momento Ernest estaba consustanciado con el espectáculo taurino, ya que escribía Muerte en la tarde su ensayo sobre la tauromaquia. No cabía duda sobre los gustos y placeres de ambos: el alcohol, el peligro, el boxeo, la pesca, las comidas, los toros, las armas. Tal es la admiración de Ernest por Sidney que lo retrata en un pasaje de Muerte en la tarde: “Franklin es valiente con un valor frío, sereno e inteligente”.

En marzo de 1930, en Madrid, en medio de una corrida, Sidney Franklin fue corneado por un toro de una forma brutal: le partió la base del coxis, penetró su cavidad abdominal a través del recto, le destrozó el músculo del esfínter y destruyó su intestino grueso. Franklin debió someterse a múltiples operaciones para salvar su vida.

Sidney Franklin

Durante la Guerra Civil española estuvieron juntos y compartieron borracheras y angustias. Con una gran diferencia, Hemingway se había comprometido con la causa revolucionaria, Franklin, en cambio, no fue tan leal. Su proximidad a las clases aristocráticas y adineradas de España, que lo adulaban durante las corridas de toros y su reconocida simpatía por Franco lo ponían en otra vereda.

La homosexualidad de Sydney disgustaba a Martha Gellhorn, la tercera esposa del escritor. La cercanía de su marido con el torero le parecía una relación perversa e injustificada. A partir de ese momento el enemigo gay cayó en desgracia. Franklin no volvió a España hasta 1945, que es cuando tomó la alternativa en Las Ventas el 18 de julio.

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Portada de su autobiografía

En adelante, toreó poco y sobre todo en México, donde apadrinó a otro estadounidense, Baron Clements. En la década de los cincuenta Franklin aparece en algunas películas en los Estados Unidos y México y escribe una autobiografía Bullfighter of Brooklyn (El torero de Brooklyn), lleva adelante una escuela de toreo en Sevilla y una cafetería de mala muerte. Pero ya había iniciado el camino de regreso. Reside un tiempo en México hasta que decide regresar a Estados Unidos. Allí pasa sus últimos siete años de vida en un asilo de Greenwich Village, en Manhattan, donde fallece el 26 de abril de 1976.

C. Piera

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