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Un aula para los massai

Gracias al esfuerzo colectivo de una asociación española de cazadores solidarios y al impulso personal de su presidenta, Isabel de Quintanilla, se alza en el corazón de la remota región Manyara de Tanzania un colegio de enseñanza secundaria para jóvenes massai: la Escuela Isabela.

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Niños en la escuela jugando con una bandera española

Ngai hace a la lluvia,
la lluvia hace a la hierba,
la hierba hace a las vacas,
y las vacas hacen a los maasai.

La pasión por la caza del médico valenciano Tony Sánchez Ariño le ha convertido en un personaje legendario del mundo cinegético: cazador profesional de animales peligrosos durante 54 años y en 23 países, infatigable viajero, explorador de tierras incógnitas, observador de tribus primitivas, organizador de safaris, escritor de once libros, publicados en varios idiomas, luchador contra del furtivismo y la caza masiva y por la conservación de las especies. Elefantes, leones, leopardos, búfalos, antílopes o el raro nyala de montaña han sido sus presas desde Guinea Ecuatorial hasta Kenia, pasando por Camerún, Ubangui-Chari (hoy República Centroafricana), Sudán (donde vivió varios años), Gabón, Congo belga (luego Zaire y hoy República Democrática del Congo), Tanganika, Uganda, Botswana o Etiopía.

 

Un cazador racional

 

Este duradero afecto por las aficiones de la diosa Diana ha ido gestando en el cazador y su esposa, Isabel de Quintanilla, un profundo amor por África y por sus habitantes. Además de la colaboración de Sánchez Ariño con varios gobiernos africanos para salvaguardar la caza y sus tareas de asistencia a los nativos en caso de enfermedad, esta faceta altruista y solidaria ha impulsado al matrimonio a poner en marcha la asociación Cazadores solidarios, de la que Isabel es presidenta. Fruto de su empeño ha sido la creación de la escuela Isabela, una “secondary school” situada en el poblado de Ngage, en Loiborsoit Ward, en el distrito de Simanjiro de la región Manyara, a 44 km de distancia de Arusha, la capital del norte, desde la carretera principal a Dar Es Salaam, la capital tanzana.

 

La escuela, inaugurada en 2007 por la Vice Ministra de Educación de Tanzania Hon. Mwantum Bakari Mahiza, tiene como principal objetivo servir a la población maasai, pues los jóvenes no tienen posibilidad de asistir a la escuela cuando finalizan los estudios básicos de primaria. Para los massai, el ganado es semi divino y los niños se ven obligados a contraer matrimonios prematuros y a continuar con las actividades de pastoreo local, sin poder completar su educación.


Los Maasai han sido siempre un pueblo ganadero y nómada cuya vida se ha desarrollado recorriendo el Maasailand de Kenya y Tanzania en busca de pasto y agua para su ganado. Sin embargo, en la actualidad su mentalidad ha cambiado y la mayoría de los jóvenes massai desean ir a la escuela, pero no tienen oportunidad. Si les pusieran en una mano educación y en la otra dinero, tirarían éste al fuego y se quedarían con la educación: así se expresan los jefes de los poblados, que piden para sus hijos escuelas, maestros, becas, para formar a la nueva generación.

 

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De compras en el mercado para abastecer el comedor de la escuela

Primero las mujeres

No es casual pues que, cuando surgió la idea de construir una Escuela de Secundaria para la juventud maasai, la ministra de educación de la República Unida de Tanzania hiciese esta petición a Isabel de Quintanilla: “Por favor, Isabel. Ayuda a las mujeres maasais, acoge en tu escuela primero a las mujeres, después a los chicos. Es un ruego”.


La Isabela Secondary School es hoy una realidad y ha hecho suyo este ruego de la ministra. En el marco de su objetivo primordial, dar a los jóvenes de la población maasai la posibilidad de integración en una vida social, se ha conseguido muy especialmente que la mujer massai desee, y se le permita, salir de su casa y tener acceso a la educación. Gracias a la labor de la Isabela, que prosigue la formación iniciada en otras escuelas primarias como las de Ngage, Ruvu Remit, Ndepesi y Lobosoit, un número considerable de mujeres de esta etnia estén saliendo de la esclavitud fáctica a la que están sometidas por su tradición y forma de vida.

La escuela cuenta con nueve maestros, do cocineros y dos guardas. Tiene cuatro aulas completas y tres en construcción, cocina y comedor techados y una habitación grande para las chicas. Los muchachos viven en casas del vecindario pagando un alquiler por su estancia. Hay una casa para profesoras con cabida para dos personas, pero está siendo utilizada por el total del profesorado. En la actualidad hay 303 alumnos, 184 chicos y 119 chicas repartidos en tres grados. Hay 41 solicitudes nuevas para el siguiente curso, lo que sumará un total de 344 alumnos. Se están buscando los fondos económicos necesarios para el habilitamiento de un laboratorio y una biblioteca en esta escuela, con sus correspondientes mobiliarios.


La asociación “Cazadores Solidarios”, a base de donaciones privadas y ayudas concretas, se hace cargo de la construcción de la escuela, la adquisición de material, la gestión y organización de la misma, el pago de estudios a universitarios de la zona. El Gobierno de Tanzania paga al profesorado y al resto del personal, así como los gastos generales de la escuela. Los alumnos se pagan sus uniformes y la comida.

 

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Isabel Quintanilla en una entrega de diplomas

Si massai es “el que habla la lengua olmaa”, lo que puede traducirse como "los que poseen un espíritu común", no cabe duda de que el aliento de la Escuela Isabela ha convertido en massai también a quienes la han impulsado desde nuestro país.

 

J. Rodher

 

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