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Manuel Garrido Valenzuela: "No hay derecho a que la gente se muera porque no tiene dinero"

Este médico ourensano opera a una media de 60 niños bolivianos cada año desde hace veintisiete años

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Manuel Garrido Valenzuela. Pediatra y cirujano infantil -fue hasta su jubilación jefe de Cirugía Pediátrica del Complejo Hospitalario de Ourense- dedicó las vacaciones de los últimos 27 años a curar niños bolivianos.El doctor Garrido preside una asociación llamada Primero de Mayo, como el hospital que se empeñó en rescatar. El cirujano pediátrico forma un tándem con la responsable de organización, María García, y el tesorero, Julio Rivera. Anualmente celebran una cena solidaria en la que los ourensanos se vuelcan.Las aportaciones económicas de los ourensanos, y también las de la Xunta, "que hasta ahora no ha fallado nunca", han sido cruciales.

Su dedicación altruista ha posibilitado la creación de un pabellón pediátrico, una maternidad, un servicio de urgencias, un laboratorio y un departamento de neonatología en el Hospital Primero de Mayo de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Como presidente y fundador de la Asociación Primero de Mayo también financió cirugías complejas de niños bolivianos en España.

Usted ahora está jubilado. ¿Sigue yendo a trabajar en el hospital de Bolivia?

Sí. Ahora que estoy jubilado de la Seguridad Social incluso puedo ir dos veces al año.

No ha fallado ni una sola vez en 27 años.

Para conseguir algo hay que ser perseverante, no vale la aventura turística solidaria. La solidaridad debe ser sostenida. Y se trata de solucionar problemas. No basta con decir qué pena me dan los niños, sino que lo que hay que hacer es solucionar sus problemas.

¿Ha cambiado mucho la situación desde que empezó en Bolivia?

Muchísimo. Cuando llegué el hospital tenía 18 camas, era prácticamente un habitáculo muy pequeño en un poblado sin asfaltar. Ahora tiene siete quirófanos y es el mejor hospital de la zona, con las mejores dotaciones y un personal buenísimo. En Bolivia, como en muchos países de América, hay que pagar por la asistencia sanitaria, pero este es un hospital con una opción fundamental para los pobres. El que pueda pagar, paga, y el que no, no lo hace, porque aquí no se le cierran las puertas a nadie.De las 18 camas iniciales hemos pasado a contar con más de 140 y con excelentes profesionales sanitarios y medios. Los médicos residentes bolivianos realizan allí sus prácticas y como la pobreza es muy solidaria, todo el mundo se pelea por trabajar.

Usted también ha traído a España a niños con casos difíciles para que los operasen aquí.

Sí, me los traía a España, venían a mi casa y los censaba en Allariz. Tenían su cartilla del seguro y no había problemas, aunque eso ahora no se puede hacer. Uno se operó en el San Juan de Dios de Barcelona y otro en el Hospital Gregorio Marañón, donde el mejor especialista del mundo, el mexicano doctor Peña operó a una pequeña boliviana, Rosalía, con una cloaca (malformación congénita en la que todos los aparatos desembocan en un solo punto), además sobró dinero que la asociación destinó a la compra de una vivienda para la numerosa familia de la niña, que quedó totalmente recuperada.

Usted, además de trabajar en vacaciones, también se pagaba los viajes de su bolsillo.

Sí, cuando he podido he pagado yo los viajes, aunque ahora que estoy jubilado ya me resulta más difícil. A lo que no hay derecho es a que la gente se muera porque no tiene dinero, solo por haber nacido en África o en Bolivia. La salud es un derecho universal.Me preocupa mucho, porque lo que hemos construido durante años se está viniendo abajo. En España seguimos teniendo una sanidad puntera, pero por el voluntarismo de los facultativos, no porque el Estado ponga toda la carne en el asador en ello. El problema que tenemos los médicos es que nos gusta lo que hacemos.

¿Cuáles son las operaciones más frecuentes?

Hacemos mucha cirugía plástica. La mayoría de las intervenciones son de malformaciones congénitas como labio leporino, fisura palatina o colostomía Allí lo que es un simple quiste que se quita en media hora, en los hospitales para gente que puede cuesta 300 dólares, algo que es inalcanzable para la mayoría. Nuestro hospital no es de la beneficencia, porque sería carísimo y no podríamos mantenerlo, lo que hacemos es que los que no tienen nada no pagan, y los que tienen lo hacen en medida de sus posibilidades.

¿Seguirá yendo a operar a Bolivia?

Hasta que Dios me dé fuerzas, porque pienso que estamos en este mundo para hacer cosas, para ayudar a los demás. No entiendo mi vida de otra manera.Puede pasar que pierda alguna facultad, pero seguiré porque la labor de acompañamiento y de enseñar también es fundamental
Garrido Valenzuela cuenta los días que le quedan para tomarse sus vacaciones solidarias de este año. Será en noviembre, como siempre, en la primavera boliviana, cuando revienta la naturaleza y la vida es todo un espectáculo.

Redacción C. de E.

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