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Las mujeres de Penagos

Hay dos Rafael de Penagos, padre e hijo, dibujante el uno, poeta y actor de doblaje el otro. Ambos populares y queridos. En estas páginas se recuerda al primer Penagos, que obtuvo hace ahora 90 años la Medalla de Oro en la Exposición Universal de Arte Decorativo de París

rafael-de-penagos

… Y me dirijo así para
Deciros que pienso hacer
Con poesías de las dadas
A la luz y de las que están
Sin ver la luz para nada
-que son bastante- un libro.
¡Un libro, un libro! ¿Os extraña?
Pues que no os extrañe. ¡Un libro!
Un bello libro que vaya
Ilustrado por Penagos…
Miguel Hernández (1931)

Basten estos versos del poeta andaluz para dar testimonio de la inmensa notoriedad que alcanzó en esos años Rafael de Penagos, aunque hoy su obra haya caído en la ignorancia y el olvido (como lamenta su biógrafo Antonio Manuel Campoy). Pero no sólo fue la fama. Como sólo sucede con los grandes artistas, Penagos creó un universo propio, inconfundible, identificable hasta el punto de que al contemplar una de sus ilustraciones o dibujos se puede exclamar sin duda ¡es un Penagos!

Con su estilo elegante y estilizado, levantó acta gráfica de la vida cotidiana española durante los “alegres” años veinte y treinta del siglo XX, a través de carteles publicitarios, ilustraciones y dibujos para revistas y portadas de libros. Nacido en Madrid en 1889, tras su formación inicial en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, obtuvo en 1913 una beca para proseguir estudios en París y Londres, de donde volvió convertido en gran impulsor del lenguaje art decó en España. Asistente asiduo a la tertulia de Valle-Inclán, participó activamente en la vida cultural de la época, fue referente de los ilustradores de moda (o elegancias, en palabras de su amigo Tono) y con su obra llevó a la ilustración y el cartelismo españoles los rasgos de modernidad de la Europa de entreguerras.

Durante la Guerra Civil fue profesor en el Instituto Obrero de Valencia, después estuvo exiliado en Argentina y Chile, para volver en 1953 a Madrid, donde falleció en 1954, cuando ocupaba la cátedra de Dibujo en el Instituto Cervantes.

Quizá su mayor logro fuese la creación de lo que se conoció como “la mujer Penagos”, una mujer esbelta, nada voluptuosa, deportista, fumadora, sofisticada, protagonista de escenas llenas de encanto, exotismo y modernidad parisina. Una mujer “que no era fácil encontrar por las calles”, porque, como dijo Miguel Mihura, “no pueden ustedes imaginarse las mujeres que había antes de que apareciese Penagos”.

J. Rodher

Penagos 20

 

Baño

 

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