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El Museo del Mañana

Santiago Calatrava levanta en Río de Janeiro el principal icono de la renovación olímpica

Museo del Mañana

Como si la flor de una bromelia flotase sobre la bahía de Guanabara. Así concibió el arquitecto valenciano Santiago Calatrava el Museo del Mañana. Es la nueva joya arquitectónica de Río de Janeiro, el principal símbolo de la renovación que está llevando a cabo la ciudad para ponerse guapa para los Juegos Olímpicos que se celebrarán en agosto.

Visto desde fuera, el Museo del Mañana, una especie de museo de las ciencias del siglo XXI, tiene todos los ingredientes marca de la casa del valenciano; hormigón blanco, grandes cristaleras, curvas imposibles, espejos de agua y estructuras que desafían la ley de la gravedad. Por dentro, un diseño extremadamente minimalista dominado por los efectos visuales de pantallas interactivas, maquetas y objetos táctiles de última generación. Todo al servicio de un mensaje de concienciación medioambiental sobre el futuro de la Tierra y sobre la responsabilidad que tenemos los humanos con nuestras decisiones individuales: “El mañana es hoy, y hoy es el lugar de la acción” es el principal lema del museo. Salvar el planeta será una tarea titánica, pero construir el museo tampoco fue cosa fácil: el primer reto fue su propia ubicación sobre un antiguo muelle abandonado del puerto. Conseguir que el edificio ‘flotase’ sobre el mar requirió el esfuerzo de decenas de buzos-ingenieros, que colocaron hasta 30.000 metros de pilares submarinos. El resultado no deja indiferente a nadie.

entrada al museo

Es mi primera gran obra arquitectónica en el hemisferio sur”, explicaba orgulloso a Carta España Calatrava poco después de la inauguración del museo. El arquitecto, que ya cuenta con un puente en Buenos Aires, no esconde su satisfacción de entrar en Brasil por la puerta grande y de paso dejar atrás las polémicas que rodean a sus obras en Europa y Estados Unidos. Por el momento, el aplauso de los cariocas al riesgo de la nueva obra de Calatrava es prácticamente unánime. “En el siglo XX hemos utilizado la técnica de modo utilitarista, pero es un vehículo de belleza, también”, remarca el arquitecto, que subraya que su nuevo museo es una especie de avanzadilla de cómo serán los edificios del futuro; estructuras vivas que se mueven y respiran.

Y es que, más allá de su contenido expositivo el museo quiere hablar por sí mismo de sostenibilidad. Su cubierta está formada por varias alas con más de 5.500 placas solares, que se mueven a lo largo del día buscando la mejor posición para captar la luz del sol. Además, para refrigerar el edificio un complejo sistema capta agua de la bahía, la depura, y la devuelve al mar limpia. Es el pequeño granito de arena que el museo pone para concienciar sobre la contaminación de la bahía de Guanabara, uno de los problemas endémicos de la ciudad y uno de los principales quebraderos de cabeza de las autoridades, ya que sus aguas acogerán las pruebas de vela durante los Juegos.

Museo del Mañana

El gerente de contenidos del Museo del Mañana, Leonardo Menezes, cree que el centro tiene que provocar el debate en la sociedad civil, no dando respuestas, sino “abriendo más cuestionamientos”. En su opinión, los antiguos museos de historia natural estaban basados en evidencias del pasado. Más tarde, los museos científicos se dedicaron a demostrar teorías y a explicar el funcionamiento de las leyes de la ciencia. La tercera generación sería el Museo del Mañana: “Presentamos una narrativa que se base en escenarios cósmicos y terrestres para explorar las posibilidades de futuro que surgen de las decisiones que tomamos en el presente”. Ya sea por el mensaje que alberga en el interior o por su vistoso envoltorio el museo ya es de visita obligada para turistas y cariocas. En sus tres primeros meses de vida ha recibido a 275.000 visitantes, más de la mitad de los que estaban previstos para todo el año.

vista exterior del museo

Pero más allá del propio edificio lo más destacado es el ‘efecto Guggenheim’ que las autoridades cariocas buscaban cuando encargaron a Calatrava esta propuesta. El museo sería la joya de la corona de la ambiciosa transformación de la región portuaria de la ciudad, que a pesar de estar en pleno centro histórico hasta hace muy poco era un barrio degradado tomado por la delincuencia y la prostitución. El nuevo ‘Porto Maravilha’ –como se ha rebautizado a la zona—está dando lugar poco a poco a nuevas plazas públicas y jardines, carriles para bicicletas, centros culturales, nuevos edificios de oficinas y viviendas e incluso un moderno tranvía. La experiencia, inspirada en la apertura al mar de Barcelona ‘92 será, posiblemente, el principal legado que los Juegos Olímpicos dejen en la ciudad.

Calatrava se muestra ilusionado de formar parte de este monumental lavado de cara: “Este barrio tiene una cosa conmovedora. Aquí al lado hay una placita con las escaleras por donde subían los esclavos. Es un sitio enormemente significativo para la historia de Brasil. Haber podido intervenir aquí ha sido una cosa extraordinaria, y sobre todo con contenidos dirigidos al mañana”.

Joan Royo Gual

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