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Alejandro Bondía y Xavi Báez, españoles en Trondheim (Noruega)

"Al principio todo te parece maravilloso"

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Aumentan los españoles en Noruega. Muchos llegan pero no se quedan. Noruega no es como la vieron en televisión. Hace falta un buen plan o mucha perseverancia para conseguir los sueños.
Noruega no fue un destino fácil para la pareja catalana Alejandro Bondía (26años) y a Xavi Báez (33 años). Llegaron en mayo del 2012: nadie les preparó para lo que vivirían. Xavi recuerda que viajó a Noruega con 300 euros en el bolsillo. Pero no viajó solo: Alejandro le siguió en la aventura de encontrar un lugar donde tener un trabajo y una vida digna. Era 2011. Xavi tenía claro que quería salir de España. La promesa de un trabajo que nunca llegó en la empresa donde hizo las prácticas, mientras estudiaba Arquitectura, sumado a la crisis económica, lo empujaron a tomar la decisión. Miró muchos países, pensando además en la situación de los derechos de los homosexuales… al final Noruega.
 

Los primeros días

Sus primeros días no fueron como lo habían imaginado. Alejandro y Xavi llegaron a una granja en Valdres, en la Noruega profunda, a menos de 200 kilómetros de Oslo. “Al principio, cuando llegas te admira toda esa naturaleza, toda esa explosión de verde, árboles, el aire puro. Todo te parece maravilloso”, –recuerda Alejandro–, pero “estábamos aislados – añade Xavi- no había nada”.
Alejandro y Xavi llegaron a esa granja con un programa de intercambio woofing. En esa web granjas de diversas partes del mundo ofrecen alojamiento y comida a cambio de trabajo. “Nos pusimos en contacto y nos intercambiamos fotos. El granjero nos dijo que buscaba a alguien solo para un mes, pero que nos dábamos diez días de prueba y si ambas partes se sentían bien entonces se alargaría el periodo. El trato que hicimos era trabajar cinco horas al día, cinco días a la semana”, cuenta Alejandro. No sabía hablar noruego ni tampoco inglés, no se podía comunicar con nadie. Solamente con su pareja quien le traducía del inglés al español lo que el granjero noruego les decía: “Era una sensación de agobio. A veces me iba al bosque a chillar. Pensaba ¿Y pinto yo aquí? ¿Qué he venido yo a hacer aquí? Yo estaba enfadado con el mundo entero, porque me habían obligado a irme. Porque no era una situación que yo hubiese elegido”, dice Alejandro.
 

Otro tema que les agobiaba era lo que pensara el granjero de su homosexualidad. No habían dicho que eran pareja, actuaban como si solo fueran amigos. Lo que no sabían era que el granjero también era homosexual. De hecho cuando acabaron de trabajar en esa granja, el granjero de Valdres los recomendó con otro granjero gay que vivía a las afueras de Trondheim: “No se me olvidará nunca, John Frederik llegó a recogernos a la estación con todos sus colores rosa, de camisa rosa y sombrero. No era un granjero normal. Había estudiado la historia de los trajes típicos noruegos y llevaba una tienda en la misma granja de cosas hechas a mano. Todo muy caro. Como su padre estaba enfermo, él se empezaba a hacer cargo de la granja”, dice Alejandro, que recuerda que la gran diferencia para él era que esta granja estaba en medio del pueblo. Y había mucha gente que iba, sobre todo mujeres: “Las mujeres son más abiertas y yo siempre me he relacionado bien con las mujeres”.
 

Los horarios de trabajo

“Los horarios eran un poco más intensos. Si el acuerdo era que trabajáramos cinco horas al día, había días que trabajábamos nueve horas”, dice Alejandro. “Nos absorbió mucho”, dijo Xavi. Pero quizá ese esfuerzo fue el que los llevó a quedarse más tiempo de lo establecido. Llegaron para un par de semanas en esa segunda granja, pero a los dos meses ya estaban como indefinidos. Habían demostrado que podían hacer de todo y el granjero les dio acceso a toda la granja, incluso les pago el billete a España y le dio cosas de la granja para que llevaran a sus familias. El granjero les ayudó a regularizar su situación. En Noruega los españoles pueden estar tres meses como turistas y seis como demandantes de empleo. Solo hay tres motivos por los que se pueden quedar en Noruega: tener un contrato laboral, estudiar en la universidad (por ejemplo programa) o tener una pareja que trabaje.


En Noruega los contactos son importantes. Eso no quiere decir que te den el trabajo solo porque alguien te recomiende. Los contactos sirven para romper la primera barrera de la diferencia cultural. Cuando alguien te presenta a alguien, el temor a lo desconocido desaparece. En el caso de Alejandro y Xavi fue la mujer que trabajaba haciendo los bunads (trajes típicos noruegos) quien se encargó de hacer correr la voz de que habían dos españoles muy trabajadores que estaban buscando trabajo en arquitectura y en laboratorios clínicos.


Xavi había viajado con el sueño de ser arquitecto. De hecho, antes de partir de España su tío le había sugerido un plan: encontrar un trabajo como arquitecto en Noruega y especializarse en casas ecológicas y cuando domine el sector “le dices a tu empresa que monten una sucursal en España, que aquí se necesitan las casas ecológicas y tú te vienes para aquí cobrando un sueldo noruego viviendo en Barcelona”. El marido de la mujer que le enseñaba a Alejandro a tejer y a bordar, era amigo de un hombre que llevaba una firma de arquitectos. No dudó en pedirle al marido que le consiguiera una entrevista en la firma: “Les gusté y me dieron 20 días de prueba”, recuerda Xavi. Gracias a ese trabajo tuvo dinero para alquilar un piso en Trondheim (febrero del 2013).
Mudarse a la ciudad fue empezar de nuevo, reconocer que todo el esfuerzo por fin daba sus frutos. Trondheim es la tercera ciudad más importante de Noruega con casi 200.000 habitantes. Alejandro empezó a trabajar limpiando casas: “Todas las mujeres que me habían visto limpiar en la granja me llamaban para limpiarle sus casas. Una de las mujeres me dijo que necesitaba dependientes para su tienda. Le mandé mi curriculum. Le dije que mi noruego no era muy bueno, pero que me gustaba mucho la marca que vendían. Me dio la oportunidad y en breve me hará fijo”, cuenta Alejandro que ahora trabajar para la marca Marimeko.


“Lo que más echamos de menos es la familia. Tenemos el skype no es lo mismo”; aunque Xavi precisa que “no es lo mismo los emigrantes de la generación de mi abuelo, que se fueron a Alemania, que nosotros. Al menos nuestros padres tienen un poco de conocimiento de internet”. Y gracias a skype y Facebook se pueden comunicar. Desde que llegaron a Noruega la pareja pensaba que pronto volverían a España. Veían a España como su hogar. Pero con el tiempo las cosas y los sentimientos cambian.


Reconocen que Noruega y España tienen sus puntos buenos, pero serían perfectas si hicieran un intercambio. Xavi dice que se llevaría de Noruega a España la cultura democrática y Alejandro se llevaría las condiciones laborales. Mientras que de España a Noruega los dos se llevarían la profesionalidad, la sinceridad y ese calor de la gente del sur: “Nosotros hemos tenido suerte –dicen finalmente Alejandro y Xavi–. Llegamos a un granja con una persona gay, luego en la segunda granja era gay también y luego las mujeres con las que hemos trabajado también han tenido contacto con los gays. No sabemos cómo, pero hemos tenido suerte”.

Jeanett Mauricio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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