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Esclavos negros en Iberia: una historia silenciada

El documental “Gurumbé, canciones de tu memoria negra”, de Miguel Ángel Rosales, que rescata del olvido el legado africano en la cultura andaluza, ha puesto de actualidad un fragmento intencionadamente oculto de nuestra historia: la presencia de esclavos negros en la península ibérica

gurumbe

Un fotograma de Gurumbé

Aunque la esclavitud es práctica remota en España y Portugal, como en otras partes del mundo, la presencia de esclavos negros africanos no aparece documentada hasta bien entrada la Edad Media. Llegaron de la mano de los mercaderes árabes que, a partir del siglo VIII, monopolizaron el mercado esclavista con sus redadas al sur del Sahara y formando parte de los ejércitos bereberes. En esa época, un cautivo musulmán se liberaba de las cárceles cristianas a cambio de dos esclavos negros, o hasta de cinco si eran “bozales” (los que no hablaban castellano ni portugués).

La presencia de esclavos “ladinos” (nacidos ya en la península) se refleja con naturalidad en la literatura y el arte de los siglos siguientes: el Retrato de Juan Pareja y La cena de Emaús, de Velázquez, el negro Zaide del Lazarillo de Tormes, los Tres niños, de Murillo, el Carro del aire, de Domingo Martínez, referencias en los textos de Cervantes, Goya,…
Debido a la gran importancia que la mano de obra esclava alcanzó para sostener los ingenios azucareros de Cuba y, en menor medida, Puerto Rico, España fue el penúltimo país, justo antes que Brasil, en poner fin legal a la esclavitud (en 1886) y acabar con el lucrativo negocio del comercio esclavista sobre el que se asentó la financiación del desarrollo industrial de Cataluña y el País Vasco en la segunda mitad del siglo XIX.

Yinka Graves

La bailadora Yinka Graves

Algunos de los prohombres cuyos nombres jalonan las calles de las ciudades españolas y varias de las más aquilatadas fortunas del presente se forjaron con el negocio negrero ultramarino. La trata de esclavos africanos hizo ricos, entre otros, a Antonio López y López, marqués de Comillas y fundador de la Compañía Trasatlántica; Leopoldo O´Donnell, capitán general de Cuba antes de llegar a presidente del Gobierno; Joan Güell i Ferrer, padre del promotor del parque que lleva su apellido; la mismísima reina madre María Cristina de Borbón, a través del coronel Manuel Pastor Fuentes, luego nombrado senador vitalicio; Josep Xifré, primer presidente de la Caja de Ahorros de Barcelona (La Caixa de ahora); Esther Romeu, madre de las populares hermanas Koplowitz y heredera de plantaciones en Cuba con cientos de esclavos; Miquel Biada i Bunyol, impulsor del primer ferrocarril peninsular; Juan Manuel Manzanedo, promotor del madrileño Barrio de Salamanca; y Pablo Epalza, fundador del Banco de Bilbao.

Pero si poco se ha historiado sobre este pasado esclavista transoceánico y la vinculación entre el capitalismo colonial y la “trata de negros”, menos aún se ha reconocido la huella de la presencia de esclavos negros en los dos reinos peninsulares que durante siglos abastecieron de esta mercancía humana al resto de Europa y a los territorios americanos.

Portada libro sobre Sor Teresa Juliana

Portada libro sobre Sor Teresa Juliana

Se calcula que a finales del siglo XVI vivían en España unos 60.000 esclavos. Barcelona, Sevilla y Cádiz, puertos de arribo de los barcos negreros, llegaron a tener en torno al 10% de población esclava. Estas cifras fueron disminuyendo, hasta desaparecer, en la misma medida en que el número de esclavos en las colonias de ultramar crecía de forma desorbitada.

Como ejemplos de esta presencia pueden mencionarse dos nombres, un hombre, Juan Latino, primer afro europeo en escribir en latín clásico, que llegó a rector de la Universidad de Granada, y sobre todo, una mujer: la venerable Madre Sor Teresa Juliana de Santo Domingo, primera mujer africana que escribió en una lengua europea moderna.

Llegada como esclava en 1686 desde su natal Mina Baja del Oro, Chikaba, que era su nombre real, vivió como esclava en la casa de los Marqueses de Mancera entre los 10 y los 27 años antes de ingresar en el convento de la Penitencia de Salamanca, dentro de cuyas paredes moró hasta su muerte el 6 de diciembre de 1748. Pasa por ser la primera religiosa negra admitida en un convento de clausura español y la primera escritora afro hispánica en lengua castellana. Aunque en vida sufrió rechazo y discriminación por su raza, la leyenda (plasmada en una hagiografía publicada por Juan Carlos Paniagua a los cuatro años de su muerte) le atribuye milagros y experiencias místicas, hasta el punto de ser la primera mujer negra española envuelta en un proceso de beatificación.

Valgan estas referencias a la herencia musical y a estos personajes de la cultura y la espiritualidad para reivindicar un pasado y un legado que no es motivo para la vergüenza sino para el orgullo.

Martín Villaranda 

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