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Los niños de la guerra en Cuba

Testimonio sobre el primer contacto que tuvieron en Cuba con los niños de la guerra españoles : "rusos que hablaban español, con zetas y todo"

Niños de la Guerra

En enero de 1959 triunfa en Cuba, la Isla situada a solo 9O millas de los Estados Unidos de Norteamérica una Revolución, que posteriormente al paso de apenas un año se convierte en Socialista. La historia es harto conocida así que no hay que tratar esos intríngulis. Por otra parte, Palma Soriano, pequeña ciudad en aquel entonces, formaba parte de la Provincia de Oriente y era muy conocida nacional e internacionalmente por ser exportadora de dos producciones agrícolas e industriales de suma importancia: la caña de azúcar y el café.

La naciente revolución, que ya había nacionalizado y ocupado para el Estado los grandes latifundios dedicados a la producción de las cañas de azúcar y las haciendas cafetaleras minifundistas, buscaba la forma de diversificar otros cultivos, tanto para materia prima nacional, para desarrollar la industria y salir del concepto de que como decía un refrán de la época: “Sin azúcar no hay país”.

Como en todos los avatares de aquellos años, en que los Estados Unidos de Norteamérica afilaba sus planes para derrotar al naciente estado, que había atacado en sus raíces los capitales de la burguesía agraria, industrial además de nacionalizar los centrales y otras industrias norteamericanos, el Gobierno Revolucionario acudió a la Unión Soviética para solicitar ayuda en el desarrollo agrario socialista y a nuestra ciudad llegó un contingente de jóvenes ingenieros procedentes de la URSS para comenzar el estudio de los terrenos que pudieran ser aptos para el cultivo del algodón y a ese fin estos ciudadanos rusos y ucranianos en su gran mayoría, se asentaron en los enormes llanos de la antigua hacienda Yarayabo y del Ingenio Hatillo, al sur de Palma Soriano para realizar esas tareas.

Cuando aquello, no sabíamos los palmeros casi nada sobre la Guerra en España, pues era un tema que no se trataba en la prensa local, provincial y muy poco en la nacional. Solo era conocido que dos coterráneos habían ido a pelear por la República como miembros de una agrupación de la izquierda no marxista denominada Unión Revolucionaria y habían regresado con el mote de comunistas y uno de ellos había hasta perdido un ojo por el proyectil de un máuser franquista. Cual no sería nuestro asombro cuando pudimos conocer que los “rusos” que habían llegado por lo del algodón no eran tales, sino españoles que habían estudiado en la URSS y en esos momentos eran enviados a Cuba, por su conocimiento del idioma a adiestrarnos en cultivos que quizás pudieran desarrollar la economía de la Isla en otros renglones.

Web de los Niños de la Guerra

Web de los Niños de la Guerra (click para enlace con la web)

Yo tenía cuando aquello como 16 o 27 años y estudiaba el nivel de Secundaria Básica aquí en Palma. La única diversión que teníamos era ir al Parque José Martí, en el centro de la ciudad para dar vueltas y vueltas con las muchachas, fumarnos unos cigarros y tomar café en un negocio que hacía esquina con la Calle Estrada Palma. Había, me recuerdo bien, una cafetería que había sido remozada por el Estado y que le habían puerto el nombre de Praga y un enorme letrero lumínico con una imagen de esa ciudad europea.

Allí vendían vino en barricas de madera, un vino que era rojo como la sangre y cada barrica traía su plumita y ahí los dependientes llenaban los vasos. El precio era bajísimo, creo que un peso más o menos y nosotros como éramos estudiantes con los bolsillos siempre en quiebra íbamos para ponernos sabrosos y tomar valor para enamorar a las jovencitas en el Parque.

Allí una noche vimos sentados a cuatro hombres muy fornidos, de piel trigueña y pelo negro que no tenían figura de rusos ni ocho cuartos, por lo menos nada parecido a los rusos que veíamos en los cines en las películas de la guerra, de la II Guerra Mundial que casi todos eran rubios, de ojos claros, cabezones y con la cara redonda. Pero un dependiente que le estaba hablando a un cliente sentado frente a una mesa,- los rusos se sentaban solo en las banquetas de la barra, parece que para no hacer confianza con los demás parroquianos-, dijo: “Mira, esos son los rusos que están en Yarayabo”.

Nada más escuchar aquello y salimos hacia el mostrador y ocupamos las banquetas vacías. Cual no sería nuestra sorpresa cuando tomados su primer vaso de vino, los rusos le dijeron en un perfecto español, con las zetas y todo, que les volviera a llenar los vasos. De verdad que nos privamos y nos fuimos de allí comentando: “¿Rusos que hablan español con acento de Madrid…quien entendía aquello?”. Los supuestos rusos no eran muy amables que digamos, solo iban a tomar vino por las noches en que llegaban en un jeep Waz de fabricación soviética, los primeros que se veían en la zona y herederos de los Willis norteamericanos. Las muchachas ya en tiempos de tener novio o esposo les hacían la corte pero ellos aparte de un saludo mas bien seco le daban la escapada.

Hay que saber, como supimos los palmeros posteriormente y todos los cubanos, que los técnicos que venían de la URSS traían instrucciones precisas del Konsomol o del Pcus de no estabecer relaciones de amistad con los criollos, es decir, con los cubanos. Simplemente relaciones de trabajo y con un secretismo tremendo. Por fin araron todos aquellos llanos de Yarayabo y Hatillo, terrenos estatales y sembraron el algodón.

Los rusos esos hablaban en cristiano, si, en español con zetas y todo, pero eran mas que jodíos. Trajeron tractores de una marca extraña, se llamaban MTZ o algo así y unos camiones pesados que la cabinas era de madera con chapas de hierro, yo nunca había visto cuaa así, se llamaban Maz 200 y tenían un motor que daba para dos camiones cono los Ford yanquis. El algodón se dio pero eran unas maticas chiquitas a medianas y le salieron unos copitos blancos con una semillita dentro. Entonces cuando estuvo para recogerlo las autoridades revolucionarias del Municipio Palma hicieron movilizaciones de cientos de personas y aquello era del carajo porque los copos pinchaban. La mayoría eran campesinas de las zonas aquellas, que por primera vez tenían trabajo en la cosecha y movilizadas por la Federación de Mujeres Cubanas, la FMC.

Niños de la Guerra 22

Todos los días salían en camiones desde Palma por las madrugaditas y regresaban atardeciendo extenuadas por el calor y el polvo que había en los campos. El algodón, si no recuerdo mal se lo llevaban en sacos para Jiguaní, un pueblo a la orilla de la Carretera Central y allí habían construido unos almacenes enormes en lo que llamaban La Desmotadora. Pero parece que lo del cultivo de algodón no dio resultado y los rusos se fueron a los pocos meses y solo quedó la Famosa desmotadora, paralizada y como un monumento, que todos los que pasaban la veían desde la Carretera Central.

Así fue como terminó la historia, muchos años más tarde fue que algunos conocieron lo de los Niños de la Guerra. Para el final, el testimonio de un joven de aquellos tiempos que fue de los primeros que supieron sobre la identidad verdadera de los “rusos” del algodón. Meses después comenzarían a pasar por Palma Soriano grandes caravanas de noche o en las primeras horas del día con camiones cargados de jóvenes en uniforme verdeolivo y oficiales de mayor edad. Eran las tropas rusas, que después sabríamos, por los libros que se han escrito sobre el tema que custodiaban las instalaciones de cohetes en diversas parte de la antigua Provincia de Oriente. Ahora todo eso es una historia harto conocida.

En la secundaria de Palma estudiábamos dos o tres muchachones que nos gustaba incursionar en eso de la Historia, algunos han fallecido y otros son unos ancianos como yo. Motivados por lo de los rusos que hablaban español castizo, fuimos a conversar con un señor de apellido Méndez, muy culto él y español nativo, que se dedicaba a la contaduría, es decir a llevar los libros de los comerciantes de la Ciudad y que según sabíamos había pertenecido en España durante la Guerra a los Republicanos. Nunca nos dijo si había sido anarquista o comunista pero leía mucho y tenía tremenda biblioteca. Su esposa, una señora de carácter muy dulce era pianista y también de amplísima cultura y ella se pasaba muchas horas del día toca que toca el piano de una forma maravillosa.

Méndez nos contó sobre el misterio y era que durante la Guerra e España en los años 30, cientos o miles de niños de todas las edades habían sido llevados para la URSS por diversas vías, casi todas por mar que huérfanos o familiares de combatientes republicanos, estudiarían en la URSS, donde se harían de una profesión y serían acogidos por familias rusas, ucranianas y quizás de otras nacionalidades para que crecieran y tuvieran un hogar estable.

Otros fueron a albergues u horfanatos con todas las condiciones y fíjese ustedes si los cuidaron que la mayoría pudo pasar vivos los años de la Guerra Mundial. Cuando Cuba estableció los inicios del socialismo, los rusos los mandaron a diferentes sectores, sobre todo agrícolas porque nominaban el idioma y les sería fácil entenderse con los cubanos. Mas tarde conversaríamos con otro señor de apellido Prieto, también español, cultísimo que se llamaba Fermín y nos contó más o menos lo que nos había dicho Mendez.

Yo me imagino, que ninguno de esos jóvenes la mayoría ya adultos con canas principiantes, ignoraban que Palma Soriano fue, dentro de Cuba, uno de los municipios que mandó mucha, pero mucha ayuda en ropas, alimentos, café en grano, medicinas y hasta cuadernos y lápices para la República y posteriormente para las diferentes zonas asoladas por el conflicto, sobre todo Galicia.
Por ejemplo, mi padre, que era un hombre rico, enviaba todos los meses, cada vez que se detenía en Santiago de Cuba un vapor con destino a España, una maleta de esas de cuero que les decían de fuelle y que le cabía exactamente un quintal de café crudo, destinada a las personas de la aldea donde había nacido. En eso de la ayuda a España, desangrada por el conflicto bélico entre la derecha y la izquierda se distinguió el Partido Socialista Popular, sumido en la clandestinidad en nuestro país, pero activo a más no poder con eso de la solidaridad.

Ellos, los Niños de la Guerra vinieron a Palma, sin saberlo, en su momento histórico, a darle una mano o las dos manos y la mente a los descendientes de aquellos de los años 30 que fueron solidarios con sus padres, insospechable pero cierto.
 

David González Gross

 

David González Gross (1945) comenzó sus actividades como escritor aficionado en el Taller Literario Carlos Manuel de Céspedes en el año 1965 donde comienza escribiendo poesías y logra publicar sus primeros poemas en la Revista Santiago de la Universidad de oriente en una colección titulada Paisaje después de la batalla, bajo la dirección del profesor y escritor panameño Nils Castro. Entre los años 70 y 80 logra publicar cuentos en diferentes revistas del país y en el extranjero, entre otras Verde Olivo, Bohemia, Maguana, Alma Mater, Revista del Caribe Signos y Perfil Santiago. Publica además en México en la Revista El Cuento y en Costa Rica en la Revista de la Universidad Heredia, así como en el órgano oficial del Instituto de la Cultura de Venezuela.

En 1983 publica su primer libro de narraciones cortas titulado Cuentos del Cauto en la Editorial Caserón de la UNEAC el cual volvería a ser publicado años más tarde y ampliado con otras obras en la editorial Oriente. En esa época el célebre folclorista Samuel Feijoo recoge investigaciones de David para la Revista Signos y para varios de sus libros. Feijoo lo nombra su corresponsal investigador en la Zona Oriental de la Isla. En 1986 Gross se gradúa de Licenciado en Historia con la más alta calificación.

En 1990 publica en la editorial Santiago el libro titulado Asuntos Cotidianos y más tarde y en la misma época el volumen que lleva por nombre Petróleo, Historia de una aventura Secreta sobre las perforaciones realizadas por la compañía CavalierPetroleum de los Estados Unidos de Norteamérica, en la Finca del Dr. Picasso al Este de Palma Soriano. En el 2008 David publica su libro Yiyina, la Prostitución en Palma Soriano dentro de la colección TESTIMONIOS.

Actualmente David G. Gross colabora con la redacción en Español de Radio China Internacional y en abril de este año 2014 obtuvo la membresía en la Federación Internacional de Comunicadores Sociales otorgada por la sede en Canarias, España. Así mismo en 2014 ha publicado varios artículos en los periódicos digitales Reporte México y en las cadenas de prensa digital Hermes Internacional y además es colaborador habitual del Cri, Radio Internacional de China en su redacción en Español.

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