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Una familia catalana llenó de máscaras el Carnaval de Brasil

Armando Vallés, bohemio y visionario a partes iguales, en 1957 fundó en Río de Janeiro la primera fábrica de máscaras de carnaval: ‘Máscaras Condal’,que pronto se convirtió en un referente

tienda

Olga Gibert en su tienda "Máscaras Condal" en Río

Tras la muerte del fundador en 2007 su viuda, Olga Gibert, continúa con un negocio que aúna con esmero tradición y modernidad.Máscaras de monstruos, de payasos, de animales, de personajes famosos. Máscaras de todo tipo. Miles de máscaras. Es una escena típica en cualquier Carnaval del mundo. Pero no siempre fue así. Y menos en Brasil, que aunque celebra el Carnaval más grande del planeta ‘descubrió’ las caretas gracias al ingenio de un intrépido catalán.

La fábrica se encuentra escondida en una tranquila calle de São Gonçalo, en los suburbios de Río de Janeiro. Nadie diría que detrás de una discreta fachada se esconden montañas de plástico,plumas y purpurina. Entreun desorden bien equilibrado Olga Gibertrecibe a Carta España para desvelar los entresijos de una empresa familiar que tiene detrás una historia digna de película.
Todo empezó en el barrio de Gràcia de Barcelona, por donde deambulaba Vallés estudiando Bellas Artes hasta que el estallido de la Guerra Civil le llevó a luchar al frente en los Pirineos. Más apegado a los pinceles que a los fusiles aprovechó una beca de estudios para refugiarse en París, donde durante cinco años se codeó con lo más exquisito del existencialismo: Pablo Picasso, Antoni Tàpies o ModestCuixart estaban entre sus colegas de correrías.

Retrato Armando

Armando Vallés

“Armando venía de una familia burguesa de toda la vida. Pero en París él y sus compañeros vivían en una buhardilla donde ni siquiera había agua corriente. Eso sí, tenía una cámara Nikon último modelo. Sus padres se desesperaban”, relata Olga entre risas. Su llegada a Brasil también fue una jugada del destino. Armando había comprado pasajes para Venezuela, pero le estafaron y acabó en Río de Janeiro. A pesar del contratiempo el flechazo con la ‘Ciudad Maravillosa’ fue instantáneo. “Siempre contaba que cuando entró con el barco por la bahía de Guanabara tuvo la sensación de que nunca más saldría de aquí”, recuerda Olga. Ese escenario tan exuberante pronto le depararía grandes sorpresas.

Durante meses él y su anterior pareja vivieron recorriendo playas salvajes y se ganaban la vida con lo que pescaban. Esta ‘Dolce Vita’ tropical le llevó finalmente a São Gonçalo, donde unos alemanes le invitaron a trabajar como diseñador en una fábrica de muñecas, que quebró al poco tiempo. Después comenzó a hacer souvenirs para turistas, pero entonces llegó el Carnaval y fue ahí cuando por fin se le encendió la bombilla: “Vio aquel movimiento brutal y se dio cuenta de que no había máscaras como en Europa”.

Las primeras máscaras eran muy sencillas y representaban payasos, monstruos o animales. Más tarde llegaron técnicas y materiales más sofisticados, como la tela metálica, la seda, el plástico PVC o el látex. Además, cuando terminó la dictadura brasileña a finales de los años ochenta pudo empezar a confeccionar máscaras de políticos, lo que desencadenó un auténtico boom. El aire fresco de la democracia trajo consigo más ganas de Carnaval. Vallés estaba en el momento justo en el lugar adecuado.

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó pocos años antes,gracias a un peculiar encargo del gobierno de Nigeria. Los mandatarios del país africano querían celebrar un fastuoso Festival de la Cultura Negra y encargaron a la empresa de Vallés miles de máscaras.

taller de máscaras

Tras el furor africano llegó el reconocimiento en Brasil, donde Armando se convirtió en toda una institución. Sus continuas innovaciones y el apego a las tradiciones de su país de acogida le valieron incluso el título de ‘Carioca Honorario’ otorgado por el diario ‘O Globo’.El alma máter de Máscaras Condal era el pilar fundamental de la empresa, recuerda Olga, que confiesa que no tuvo dudas a la hora de tomar el testigo. “Pocos días antes de morir Armando me preguntó: ¿Y ahora, qué? ¿Quieres seguir con la fábrica? Le dije que sí, y él me dio las coordenadas necesarias”.

Junto con su hijo Albert, que se encarga de la parte comercial, Olga sigue ahora al frente con la misma dedicación. Durante todos estos años esta familia catalana siempre ha estado con una antena puesta en las tendencias y los gustos del público,y esa filosofía es la que ha logrado que una pequeña empresa familiar se mantenga viva hasta hoy.

Trabajando con algo tan sensible como el sentido del humor en este negocio las anécdotas se cuentan por miles: el anterior alcalde de Río de Janeiro, César Maia, llamó una vez a la fábrica porque pensaba que en su máscara salía con el semblante demasiado serio. En cambio, el futbolista Ronaldinho, a pesar de esa dentadura superlativa, se mostró encantado con el resultado y pidió varias para repartir entre sus amigos, recuerda Olga divertida.

A día de hoy de la fábrica de Máscaras Condal pueden llegar a salir cada día unas 2.000 caretas. También se confeccionan disfraces y otros accesorios –al año son 400.000 piezas relacionadas con el mundo de los disfraces--, pero las máscaras siguen siendo el buque insignia de la casa y representan más de la mitad de la producción. El Carnaval es el plato fuerte del año, pero no el único. Durante el mes de junio, con las ‘festas Juninas’, muy populares sobre todo en el noreste del país, hay un repunte de la producción. Y más adelante llega Halloween y Navidad, cuando en la fábrica no paran de salir caras de Papá Noel. La empresa se adapta al calendario igual que a los nuevos tiempos.

Tras contar con el joven artista catalán Sergi Arbussà como escultor durante años la empresa trabaja ahora con Gabriel Barros para hacer los moldes de arcilla. Es el primer brasileño que retoma el papel de Armando desde la fundación de la empresa. Aunque en las semanas previas a Carnaval el taller echa humo Olga confiesa que la crisis económica que atraviesa Brasil está haciendo mella. Pero tras más de medio siglo repartiendo alegría por medio mundo aquí nadie piensa en tirar la toalla. En Máscaras Condal aún falta mucho para el Miércoles de Ceniza.

Joan Royo Gual
 

 

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