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Españolas en tierras árabes

Desde la modernidad de Dubai, hasta el hermetismo de Arabia Saudita, pasando por Kuwait, Qatar o Bahréin; más de 1.300 mujeres expatriadas españolas, casadas con árabes o profesionales conviven cada día sin grandes altercados con los preceptos del Corán

mujeres árabes

Carolina trabaja en Kuwait, cerca de su novio un oriundo de esa pequeña monarquía constitucional a orillas del Golfo Pérsico. Esta española no utilizaría “jamás” (con rotundidad y cierta exaltación, lo dice) una abaya, esa especie de toga negra que cubre los cuerpos de las mujeres musulmanas por estas latitudes y sin la que Raquel, su compatriota, no podría salir por las polvorientas calles de Riad. Porque esta azafata vuela en Arabia Saudita, el Reino que veta a las féminas los volantes de sus 4x4 y las envuelve (sin exclusión) en túnicas negras. Sin embargo, cuando llega la hora de divertirse Carolina debe ponerse manos a la obra a fabricar alcohol en su casa. Un poco de levadura, un poco de agua, extracto de malta… dejémoslo fermentar y después de tres semanas tiene una cerveza cuanto menos singular. María, una abogada en los más liberales Emiratos Árabes Unidos, lo tiene más fácil para mezclarse con licores, con un carnet y una cuota mensual de alcohol accede a un verdadero paraíso etílico. Y un poco más al norte en la geografía de la península arábica, en Qatar, la ingeniera de caminos Patricia se preocupa de excluir de su guardarropa de mujer trabajadora los tirantes y los escotes, más que del alcohol y las abayas.
Mujeres españolas, sí. Mujeres en los países árabes de Oriente Medio, todos países musulmanes, todos, influenciados por la Sharia (la ley islámica).

Pero realidades muy diferentes, grados muy dispares de libertades. O díganme que no difieren mucho la situación de las 800 españolas que viven en los Emiratos Árabes y salen a cenar con sus amigos (me refiero a los varones) en los clubs más chic de todo Oriente, con las 165, también españolas, que acaban segregadas en restaurantes sólo para féminas o familias en Arabia Saudita, sin poder acercarse a un sólo hombre? O qué decir de las 100 españolas en Kuwait y las 200 en Qatar (las cifras responden en todos los casos a fuentes consulares) que aunque no tengan bares en los que bailar o beber como en las (innumerables) discotecas de Dubái, se mueven por la ciudad con toda libertad, a diferencia, como siempre, de las que “mal llevan” su vida en el Reino Alauita, incapaces de ponerse a los mandos de un coche.

Españolas en la península arábiga. Unas cifras que -según fuentes diplomáticas- no dejan de aumentar desde que la crisis embistió a nuestra España. La mayoría, mujeres de expatriados en busca de oportunidades. Otras, las más veteranas en la región, esposadas con árabes encandilados en Londres o en Marbella, y las menos (ya las han conocido, se las he presentado al principio de este artículo) mujeres que de motu propio han decidido desarrollar sus carreras profesionales en esta parte del mundo en la que todavía varios derechos básicos de las mujeres están por alcanzar.

Carolina Aguilar

Carolina Aguilar

Pero que no conduzca a equivocación, las libertades de estas españolas están influidas por la diferencia de géneros en estos países, pero no corren paralelas a las de las mujeres árabes. Carolina Aguilar (la española que vive en Kuwait, novia de un Kuwaití y que trabaja para una empresa de telefonía en un puesto directivo, ¿la recuerdan?) asevera que “el hecho de ser Europea está por encima de ser mujer”. Hasta de Arabia Saudita llega el mismo mensaje de la voz de Ana Landeta, una latina que trabaja como directora de Oxford Bussines Group. “Tratan a las mujeres expatriadas de una manera muy diferente. Nosotras tenemos acceso y hacemos cosas que a las sauditas les costaría mucho trabajo”, afirma. Para mayor ejemplo, María Luz Rubert, la abogada más joven en arbitrar litigios en Dubái cuenta su experiencia “Me tratan con mucho respeto y lo que diga yo vale. Desde mi primer trabajo aquí en un despacho emiratí, se me dejaba hacer y deshacer porque confiaban en mi. En vez de sufrir discriminación en Dubái, se me han abierto muchas puertas que en otros países habría sido muy difícil. Como mujer, no he sufrido ninguna discriminación, sino todo lo contrario. No estaría aquí si no fuese positivo”. Desde Qatar, Patricia López-Gálvez, encargada del desarrollo de negocio en la compañía OHL resalta que “mi relación con los clientes es muy profesional y siempre de respeto. Lo único que no hago es salir a cenar con ellos o ir a los Majhlis, los salones separados de sus casas donde reciben a la gente. Ahí son sólo hombres”.

Aún así el grado de apertura de estos países en cuanto a las libertades que ofrecen a sus mujeres, afecta. Sepan que en los extremos tendríamos a los modernísimos Emiratos Árabes y en el lado opuesto al hermético reino de Arabia Saudita. Así lo corrobora el World Economic Forum, que sitúa a los primeros en el número 103 en la lista de la libertad de género y, al segundo, a la cola, en el 131 en una lista de 135. Luchando por las posiciones intermedias, tendríamos a Kuwait (número 105 según World Economic Forum), a Bahréin (110) y a Qatar (111) sentada en sus grandes reservas de petróleo y gas.

dubai

Dubai

De ahí que “muy pocas mujeres españolas vengan a trabajar a Arabia Saudí, por la realidad específica de este país”, asegura Luis Pertusa Rodríguez, encargado de asuntos consulares en la Embajada Española en Riad. De hecho en Arabia Saudita no hay más de 15 mujeres españolas empleadas. Una de las pocas, es Raquel Artesero, azafata en un Airbus privado de una familia Saudí. “No me gusta no poder ir vestida normal y hacer mi vida. Riad está lleno de mutawas ( policía religiosa). Te persiguen por los centros comerciales para asegurarse que estés tapada. No puedes salir a ninguna parte sin abaya. Al principio me hacia gracia, pero acaba por cansarte”, se queja Artesero, quién recuerda que “si vamos con nuestros compañeros de trabajo por la calle, nos piden los papeles para demostrar que estamos casados”. La latina, Ana Landeta asegura que “a veces es humillante estar en este país. En las empresas no hay baños para mujeres y tengo que hacer maravillas para que me dejen ir a uno de hombres”. No sólo eso, Landeta apostilla que “es frustrante no poder hacer lo que una quiere. Es lo que ocurre cuando no puedes conducir. Tienes que estar siempre a expensas de un chófer y muchas veces ocurre que no aparecen o lo hacen tarde”. En los Emiratos Árabes, Kuwait, Bahréin o Qatar ninguna mujer se tiene que enfrentar a esas privaciones de libertad.

“Sin altercados”. Pese a los inconvenientes, la realidad, según fuentes diplomáticas, es que “no se han producido importantes altercados” con las mujeres españolas registradas en los consulados en estos países musulmanes. Pero queda claro, en la totalidad de ellos, que las más expuestas son las mujeres casadas con árabes si decidiesen divorciarse o aquellas mujeres también expatriadas cuyos maridos fallezcan y quieran recuperar su herencia. En estos casos, la Sharia entraría en juego, sin dejar de ser una ley injusta con la mujer. Así lo cuenta una española casada en Kuwait que prefiere no dar su nombre: “La custodia siempre se la quedan ellos. Es muy difícil probar la incapacidad del padre. Y aún si lo hicieses se lo darían a tu suegro, a un hermano, a un primo. Nunca a ti”. De todas maneras de las españolas casadas con los fieles a Mahoma (13 en Kuwait y unas 200 en Emiratos, según fuentes oficiales), muchas acaban por convertirse al Islam para adquirir más derechos en caso de divorcio. Si fuese amistoso, podrían hasta ostentar la custodia, que no la patria potestad siempre en manos de su marido o de una abuelo. Si hubiese litigio, ya habrán oído historias, leído libros o visto películas de mujeres desesperadas por no poder ver a sus hijos.

Pero la incertidumbre también puede planear sobre estas españolas en forma de una nueva esposa para sus maridos que vengan a usurpar su lugar. La Sharia permite hasta cuatro. Sin embargo, no todas temen un desenlace como éste. “Puede pasar, es verdad. Pero yo no lo he pensado porque a mi alrededor eso no sucede. En el círculo de amistades en el que me muevo no ocurren ese tipo de cosas. Los kuwaitís son muy abiertos. Hasta a mi suegra le daría un ataque si mi marido lo plantease. Pero si lo hiciese, me divorciaría.”, asegura otra española casada en Kuwait con dos hijas. Pero la realidad es que más de una española es segunda o tercera esposa de un árabe en Kuwait y en Emiratos Árabes, según fuentes diplomáticas. Sus matrimonios nunca serán validados en España; la bigamia es ilegal dentro de nuestras fronteras.

Patricia López-Gálvez

Patricia López-Gálvez

Un caso preocupante en los últimos años, se da paradójicamente en Emiratos Árabes, el país más liberal de la zona, donde están aumentando las violaciones e intentos de estupros a mujeres extranjeras, incluso, a españolas. El Cónsul Español en este país, Nuño Bordallo, advierte que es “muy común que se olvide que se está en un país musulmán, porque a todos les da impresión de tolerancia, de libertad, de modernidad. Pero hay que recordar dónde se está y vestir acorde. No es el caso de los ciudadanos emiratís, pero aquí hay una gran parte de la población que son inmigrantes, mano de obra barata que viene de países como Pakistán o Bangladesh, sin educación, y no saben lo qué es una mujer en camiseta. Se están dando multitud de casos de acoso verbal y físicos”.

Para más INRI, si a la violación se le une la ingesta de alcohol, la agraviada puede terminar en la cárcel, siendo considerada por las autoridades locales la borrachera una ofensa grave a los mandatos del Corán, incluso capaz de correr un tupido velo y deslegitimar las razones de la mujer agraviada. Casos como estos se han dado entre la comunidad británica.

Mujeres solteras, matrimonios precipitados. La palabra del profeta es oída y seguida en todos estos países y no transige con parejas no consagradas bajo un mismo techo. El encargado de asuntos consulares en Kuwait, Gabriel Alou Forner precisa que “tampoco se aceptan parejas de hecho, ni aunque estén inscritas en el registro civil en España. La cohabitación no está permitida, no se puede conseguir tampoco el permiso de residencia. Así que se están produciendo matrimonios precipitados por las circunstancias. Los realizamos para solucionar los aspectos migratorios”. Su homólogo en los Emiratos Árabes, tenía a finales de septiembre más de veinte bodas pendientes. Matrimonios exprés, pues, para solventar la situación de ilegalidad de las mujeres acompañantes, aunque, se deba precisar, que las autoridades, por ejemplo en Dubái, tienden a hacer la vista gorda si no cometen otro delito mayor relacionado con la ingesta de alcohol o escandalosas fiestas en sus casas.

Pero donde no hay carta blanca, ni flexibilidad, es si una mujer extranjera se quedase embarazada sin estar casada. El mismo hospital se encargaría de llamar a la policía y la deportación sería segura. Da igual lo liberal que sean los Emiratos Árabes, los rascacielos que tenga, las minifaldas cortas que lleven las expatriadas, todas estás leyes están vigentes allí, como también en Arabia Saudita, Kuwait o Qatar.
De igualdades hemos hablado en los países y lo único que queda por resaltar es aquello que cada una de las españolas entrevistadas relata. Todas esperan a extender la mano a los hombres de estos países. Aguardan tranquilas, otean los movimientos de los árabes, para no quedarse con la mano en el aire. Casi todos las acaban por estrechar en un saludo, pero siempre hay excepciones por respeto a la mujer del otro, porque vaya a rezar o porque simplemente sean demasiado religiosos para tocar a una mujer.

María Luz Rubert

María Luz Rubert

Los modos más singulares para ligar. Hablemos otra vez de diferencias, para dar más detalles. Dicho está que las mujeres españolas tienen que llevar largas abayas negras en el reino alauita, la mayoría coronadas por sheilas( velos) para esquivar a los Mutawas. Pero aunque el vestuario en Qatar y Kuwait sólo deba de ser recatado, alguna española esposada con árabes utiliza también esos amplios ropajes. Así lo hace ésta mujer casada con un beduino: “ Yo uso abayas modernas, las hay preciosas, muy fashion. No siempre, por supuesto, pero si cuando asisto a funerales para dar el pésame o si voy a los mercados en el centro de la ciudad, donde me siento más cómoda si voy tapada”. Les sorprendería ver el contraste con los Emiratos Árabes. Aquí, aunque el país aboga por el decoro a la hora de vestir, por las noches ( y también por el día) se ven grandes escotes, faldas diminutas, pantalones cortísimos…La abogada María Luz Rubert cuenta que “al principio cuando llegué vestía con pantalones y con trajes de chaqueta más tapada, no sólo por el país en el que estaba sino también para aparentar ser mayor (tenía 28 años). Ahora visto como me apetece, con vestidos, como lo haría en España. Eso sí, cuando voy a los tribunales o la notario, me tengo que poner la abaya, detrás de un biombo”.

Cuando nos encargamos de los placeres del alterne, del ocio, sólo los Emiratos Árabes abren sus puertas a bares y discotecas con licencia para disfrutar del alcohol, aquí no hacen falta los kit de druida para crear pócimas etílicas como en Kuwait o Arabia Saudí. Sin embargo la modernidad de Dubái esconde una legislación de tolerancia cero a la conducción bajo los efectos de Baco. De hecho, el pasado mes de septiembre una española acabó tres días en la cárcel hasta que el juez dictaminó su sentencia. Tuvo suerte, sólo tendría que pagar una multa (entre 6.000 y 9.000 euros). Si hubiese causado algún daño físico, un largo periodo de cárcel le hubiese esperado, seguido de la deportación del país.

La falta de lugares de alterne en donde interactuar en Kuwait dan lugar a formas curiosas de “ligar” (algo impensable en Arabia Saudita) que a veces molestan a las mujeres. “Aprovechan cualquier oportunidad que pueden para hablar contigo. Como no hay bares donde relacionarse, lo intentan hacer en el supermercado. O literalmente te someten a una persecución. Te persiguen en sus coches cuando te ven. Bajan las ventanillas para hablar contigo. Son pajarracos que revolotean, pero no te comen. Te suelen dejar en paz si les gritas”, cuenta Carolina Aguilar en Kuwait. Puntualiza que nunca se ha sentido violenta, pero recuerda que tales aptitudes han dado en más de una ocasión lugar a accidentes de tráfico.

El inglés, el mal de las expatriadas españolas. Tenemos mujeres esposadas con locales con la sombra de la Sharia siempre acechante, profesionales tratadas como tales por sus colegas árabes y, faltan, las mujeres de expatriados. Ellas se enfrentan a la búsqueda de un nuevo hogar, de colegios para sus hijos, mientras se esfuerzan por adaptarse rápidamente a una cultura muy distinta a la suya e incluso buscan un trabajo. Pero se encuentran con uno de los mayores hándicap de nuestra sociedad española. La Presidenta de Spanish Ladies en Qatar (una organización de punto de encuentro y ayuda para las españolas), Nerusia Rodríguez Cabrera asegura que “El mayor problema al que se enfrentan las mayoría de las españolas en Qatar es que no hablan ingles y muchas de ellas tienen que aprender para poder hacer sus papeles. Aquí lo necesitan para hacer cualquier gestión”. El mismo argumento se oye desde las embajadas, donde acuden en busca de “pistas” sobre oportunidades laborales. La respuesta es la misma: “sin inglés no se puede encontrar un trabajo”.

Ya las tienen a todas, a todas las españolas en la península arábiga. Les adelanto que crecerá el número, esas son las previsiones. Las oportunidades laborales que ofrecen estos países a una España herida, son el gran reclamo en los últimos tiempos. Así que habrá más españolas en tierras árabes.

Carla de la Vega (Emiratos Árabes)
 

 

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