Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Portal Carta de España.Siria: de la hospitalidad a las ruinas

Carta de España Online Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Gobierno de España.

Carta de España Online. Sólo online

Siria: de la hospitalidad a las ruinas

La autora de este testimonio vivió dos años en Siria, entre 1995 y 1997. ¿Qué queda del país de los arameos tras cinco años de guerra y millones de personas desplazadas dentro del país o refugiadas en naciones de Oriente Próximo o Europa?

la autora en Siria

Al escuchar la palabra Siria, cientos de recuerdos y memorias invaden mi pensamiento. Pasé en este país hermoso dos bonitos años de mi vida. Hace ya veinte años, para ser más exactos, veintiuno; del año 1995 al 1997. El destino me llevó a Siria por mis grandes deseos de aprender la lengua árabe y allí no solamente estudié esta lengua apasionante sino que, me formé en lo referente a principios religiosos y socioculturales del país, eso que los libros no suelen enseñar y que representa la idiosincrasia de sus gentes.

Ni que decir tiene que el país, en lo que a patrimonio cultural se refiere, representa la grandiosidad de una época y ciudades como Alepo, Palmira y la propia capital Damasco ostentan el esplendor de una dinastía, al menos esa era la realidad del momento, probablemente muy distinta a la que hoy todos conocemos. Pero lo que más me sorprendió del país fue, sin dudarlo, la hospitalidad de los sirios. Estos me integraron en sus familias desde el primer día ´mostrando generosidad a raudales. Conocer gente siria en aquella época fue muy fácil; los sirios son personas abiertas, afables, acogedores, siempre dispuestos a echar una mano a su vecino y como no, al extranjero también.

 Grupo de alumnos del Instituto de Lengua árabe para extranjeros

 Grupo de alumnos del Instituto de Lengua árabe para extranjeros

Durante mi estancia en Damasco tuve la fortuna de convivir con varias familias sirias y mi experiencia fue tremendamente positiva. Pasé 15 días con los familiares de una amiga quienes no solamente me proporcionaron una habitación y manutención de forma gratuita durante este tiempo sino que me hicieron sentir como una invitada especial. Me ofrecían todo lo que tenían y siempre me repartían lo mejor, se comportaron como verdaderos anfitriones. A través de ellos conocí a otras familias a quienes visitaba con mucha frecuencia y una vez más he de afirmar que me intentaban complacer a cada instante. En mis visitas siempre me sentaban en el lugar más acogedor de su salón, me ofrecían mi comida favorita, me pelaban la fruta como acto de generosidad y me servían café amargo a cada instante. Todas eran familias humildes pero esto no les impedía mostrar su gran hospitalidad. Recuerdo que en aquella época yo era fumadora, pues, incluso me compraban los cigarrillos que yo fumaba y que ellos seguro detestaban ya que ninguno en la familia fumaba pero, eran tan respetuosos y hospitalarios que incluso anteponían el bienestar del invitado al suyo propio.

El pueblo sirio es generoso y hospitalario, no únicamente las familias de las que yo tuve referencias, los beduinos también nos mostraron su hospitalidad siempre que les pedimos el favor. Recorrí una gran parte del país para apreciar el patrimonio cultural que previamente he mencionado y en esas múltiples aventuras visité lugares remotos donde no existían hoteles donde hospedarme, ni restaurantes donde comer, ni taxis para cercarnos a los lugares y, los beduinos siempre estaban dispuestos a tendernos la mano y nos invitaban a dormir en sus casas, nos preparaban la azotea con colchones y muchos cojines, incluso nos preparaban la televisión satélite y nos ofrecían la comida que ellos mismos cultivaban en sus tierras, los huevos de sus gallinas,…etc. Y todo a cambio de que a nuestro regreso a Damasco les enviásemos una copia de la foto que nos habíamos hecho con ellos ¡Qué ejemplo de generosidad!

La autora a la entrada del Crac de los Caballeros

La autora a la entrada del Crac de los Caballeros

Otra de las cosas que me llamó la atención sobre la gente en Siria es el hecho de que la gran mayoría de los jóvenes son universitarios lo que supone una gran riqueza intelectual para el país aunque debido al miedo a la represión era muy difícil que la gente emitiera opiniones abiertamente. Aun en lugares recónditos el sentimiento de sospecha a ser escuchados nunca se alejaba y había temas de los que los sirios preferían no hablar, entre ellos, la política.

De mi estancia en Damasco conservo grandes amigos, algunos viven en Damasco y otros han emigrado, ellos son el mejor legado que me ha podido quedar de mis años en Siria y si de algo me avergüenzo hoy por ser europea es del trato que se les está dando a esta gente quienes, en circunstancias inversas, seguro que no se habrían comportado como hoy lo hace esta Europa estandarte de principios y valores.

Stela Gallego

  • Comparte esta noticia en:
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter

Pie de página

© Carta de España Online 2015