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Bernardo Cólogan, un diplomático de película

El embajador español Cólogan se vio envuelto en dos conflictos importantes a principios del siglo XX: la sublevación boxer en China y la revolución mexicana en 1913

Bernardo Cólogan sentado

En la película “55 días en Pekín” (Nicholas Ray, 1963) que narra –con ciertas libertades- la sublevación de los boxers en 1900 contra las potencias extranjeras, aparece un personaje –interpretado por el actor español Alfredo Mayo- que encarna al embajador español. Apenas tiene un par de planos y una frase en la película, pero éste embajador existió y su papel en el conflicto con los boxers fue bastante más decisivo de lo que la película cuenta.

Bernardo José de Cólogan y Cólogan era el embajador del Reino de España ante la emperatriz de China, Ts’eu-Hi. Cólogan era el decano de los embajadores y mantenía buena relación con la emperatriz, era el único embajador que tenía acceso a la Ciudad Prohibida Imperial; acceso negado a los embajadores de naciones tan poderosas como Francia, Reino Unido o Estados Unidos. Y tal fue su influencia, que el diplomático español fue el personaje clave en la redacción del Tratado de Xinchou (1901) (también denominado Protocolo Bóxer) y el primero en firmarlo. En dicho tratado, firmado en la embajada española por la emperatriz y los representantes de las potencias extranjeras, China reconocía su culpa en la rebelión y sus consecuencias, admitiendo pagar compensaciones a la vez que establecer nuevos acuerdos con las potencias internacionales.

Bernardo Cólogan, hombre culto y aficionado a la música compuso un vals durante las largas horas de encierro en medio del conflicto boxer. A su sangre fría habría que añadir la de realizar un reportaje fotográfico del levantamiento de los bóxers y de sus consecuencias y elaborar un álbum que hoy todavía se conserva.
Bernardo Cólogan era natural de La Orotava, nacido en 1847 y descendiente de una antiquísima familia irlandesa que se estableció en Tenerife a principios del siglo XVIII, huyendo de las luchas entre católicos y protestantes. Los Cólogan se dedicaron sobre todo al comercio gracias a sus buenos y numerosos contactos con puertos de medio mundo consiguiendo una considerable fortuna. Sus padres fueron los marqueses de la Candia, Tomás Fidel Cólogan y Laura Micaela Cólogan-Franchi.

En la firma del tratado en China

Bernardo Cólogan se formó en Oxford e ingresó muy joven en el servicio diplomático pasando por las legaciones de Atenas, Pekín, Constantinopla y Caracas. En 1875 fue destinado a México donde desempeñó varios cargos diplomáticos hasta 1894. Contrajo matrimonio en Veracruz en 1876 con Maria de Sevilla y Mora y allí nacieron sus dos hijos: Bernardo y Mª del Carmen. En 1894 fue enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en Pekín donde tuvo que afrontar la sublevación boxer y donde jugo un papel importante pese a que los intereses españoles en Asia eran inapreciables tras la venta de las Marinas y las Carolinas a Alemania y la perdida de Filipinas en manos de los estadounidenses. Entre 1902 a 1905 fue ministro plenipotenciario de primera clase en Tánger. Fue representante de España en Washington D. C. de 1905 a 1907, donde tuvo habitual contacto con el presidente estadounidense Theodore Roosevelt.

En 1907 fue nombrado embajador en México, en la etapa más convulsa del país. Inició su gestión durante el gobierno dictatorial de Porfirio Diaz y asistió al triunfo de la Revolución maderista y la renuncia de Díaz. En febrero de 1913, durante la Decena Trágica, fue instigado por el embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, quien presionó al cuerpo diplomático para pedir la renuncia del presidente constitucional Francisco Madero. A pesar de no estar del todo convencido, Cólogan se dejó llevar por las presiones de Lane Wilson. Finalmente junto con los embajadores de Alemania, Inglaterra y Estados Unidos, sugirió al presidente Madero renunciar a su cargo. Se vio así salpicado por la conjura de Estados Unidos junto con el general Victoriano Huerta para derrocar y después asesinar al presidente constitucional Francisco Madero.

El 18 de febrero, cuando Madero fue arrestado por Victoriano Huerta y los golpistas, Cólogan se apresuró a visitar al presidente para reconfortarlo. El día 19 recibió órdenes estrictas de España para no reconocer al gobierno golpista, sin embargo, meses más tarde, Alfonso XIII accedió a entablar relaciones con el gobierno de Huerta.

Por la relación que Cólogan mantuvo con Victoriano Huerta tuvo que abandonar el país cuando triunfó la revolución constitucionalista en 1914. La diplomacia española consideró retirarlo para evitar problemas con las autoridades del nuevo gobierno mexicano. Fue trasladado a la legación de Buenos Aires ejerciendo el mismo cargo de 1914 a 1915, fecha en la cual se jubiló. Regresó a España residiendo en Madrid donde falleció el en 1921.

Carlos Piera

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