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Gaziel, una catalán en la Gran Guerra

El centenario del comienzo de la I Guerra Mundial ha traído la reedición de dos obras de Agustí Calvet “Gaziel” “Diario de un estudiante en París” y “En las trincheras”, muestra señera del gran periodismo de guerra que no sufrió censuras de ninguno de los bandos

gaziel

Agustí Calvet Pascual nació en San Feliú de Guíxols (Girona) en 1887. Emigró de niño a Barcelona junto a sus padres, pese a lo cual siempre se mantuvo en contacto con su localidad natal. En 1903 comenzó la carrera de Derecho en la Universidad de Barcelona, impulsado por el deseo paterno de que ganase una notaría. Más tarde se matriculó en la Facultad de Letras, su verdadera vocación. Vivió unos meses en Madrid, donde se doctoró en 1908.

Su perfil respondía al de un joven estudioso y erudito. Nada hacía sospechar que el periodismo fuera a atraerle. Se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona en 1908 y se doctoró en la misma disciplina tres años después en Madrid.

En el verano de 1914 se hallaba en la Sorbona, ampliando estudios de Filosofía. Fue en París donde el 1 de agosto le sorprendió la declaración de guerra a Alemania y el subsiguiente decreto de movilización general. Gaziel se dedicó durante un mes a recorrer las calles parisinas, hablar con otros estudiantes, ayudar a salir del país a otros españoles, y también a codearse con una burguesía que de repente abandonaba todo su pensamiento racional para lanzarse a creer todo tipo de supersticiones. A través de los testimonios que captó y que poco tienen que ver con lo que cuentan muchas de las películas o series que se han hecho sobre el conflicto, uno puede darse cuenta de que “la conducta humana está sujeta a reglas fijas e inamovibles, y que en la guerra afloran los sentimientos más solidarios al lado de las reacciones más crueles y atroces”, constata Manuel Llanas, profesor de Historia del Periodismo en la Universitat de Vic.

En el diario se muestra cómo «el pacifismo es fruto del racionalismo, pero que le vence el belicismo porque los seres humanos no somos animales racionales, como dejó sentado Aristóteles, sino animales que actuamos movidos por emociones», añade el profesor. El 4 de septiembre, el estudiante abandonó Francia. Ésa es su última entrada en el diario. «He sentido como si dejara a mis espaldas una muralla ingente, detrás de la cual quedaban tantos y tan inolvidables amigos luchando por su libertad», escribió.

Portada del libro en las trincheras

A partir de las experiencias vividas durante aquel mes en la capital francesa, redactó un diario personal que, ya de vuelta en Barcelona a primeros de septiembre —y cediendo a los ruegos del entonces director de La Vanguardia, Miquel dels Sants Oliver— tradujo al castellano y transformó en las crónicas publicadas por ese diario que constituyen la serie “Diario de un estudiante en París”, bajo el seudónimo que le acompañaría durante toda su vida profesional: Gaziel. Fue una gran exclusiva periodística y alcanzó un enorme impacto social. “En las peñas literarias, en los cafés, en los trenes, en las tertulias de balneario y estación veraniega, eran comentados y ponderados diariamente aquellos artículos”, escribiría Oliver. “Con mis treinta años de experiencia profesional, yo no puedo citar, porque no lo conozco, un caso semejante”, se admiraba el veterano director.

Ante tal éxito, La Vanguardia no dudó en ofrecerle la corresponsalía de París y, a primeros de diciembre de 1914, obtenía en el Quai d'Orsay la acreditación de corresponsal de guerra, momento a partir del cual arrancan las crónicas que se recogen en el libro “En las trincheras”. Los más de sesenta artículos y reportajes que se publicaron han sido seleccionados por dos expertos en la obra del periodista: Manuel Llanas, biógrafo de Gaziel y profesor de Historia del Periodismo en la Universitat de Vic, y Plàcid Garcia-Planas, actual corresponsal de guerra de La Vanguardia y autor del libro de reportajes “La revancha del reportero”.

El 28 de diciembre de 1914, Gaziel visita a un noble amigo francés en Fontainebleau. Al periodista le preocupa que sus tentativas para visitar los campos de la batalla del Marne han sido inútiles. Su amigo se ofrece a organizar un viaje a aquellos lugares, en los que tiene posesiones, y se ocupa de los salvoconductos. Comienza así un fascinante recorrido en coche por las villas y campos donde había tenido lugar la terrible batalla. El periodista ve con sus propios ojos los efectos de la guerra sobre los civiles: mujeres, labriegos, ancianos... Visita las ruinas provocadas por los bombardeos.

Diario de un estudiante, portada 

A su vuelta de Francia Gaziel quedó ligado a La Vanguardia durante muchos años, buena parte de su carrera periodística e incluso llegó a dirigir el diario entre 1920 y 1936. Durante la República llegó a ser uno de los que tenía más tirada de toda España, en esa época se convirtió en el periodista político más admirado y en el líder de opinión de la burguesía liberal y democrática, que era el público natural de La Vanguardia. Al estallar la Guerra Civil, se exilió, y el diario fue tomado por un comité obrero, pasando la dirección a María Luz Morales. Regresó a España en 1940, acuciado por el avance nazi en Europa. Fue procesado y absuelto por las autoridades franquistas. Se estableció en Madrid, donde dirigió la editorial Plus Ultra, y comenzó a escribir en catalán libros de memorias y de viajes. Ya septuagenario, regresó a Barcelona donde retomó con entusiasmo la escritura en su lengua materna, tratando de reconciliarse con el catalanismo de su juventud.

Republicano íntegro y de talante moderado, laico y demócrata, amante de su tierra y su lengua, más federalista que nacionalista, murió a la edad de 77 años y dejó un legado literario formado por ocho libros en castellano y catorce en catalán. Josep Benet, en el prólogo a la Obra Catalana Completa (1970) que publicó póstumamente la Editorial Selecta, valoró así su contribución: «Probablemente ha sido el escritor político más inteligente que ha dado la derecha catalana en este siglo»

Carlos Piera

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