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¿Sosegada, fiel, sumisa?

Las palabras con que alude el poeta mexicano Amado Nervo a la española que desea que le quiera no parecen idóneas para definir a las tiples y vedettes que pudieron inspirarlas

Conesa

“La Gatita” María Conesa

Aseguran Pablo Mora y Ángel Miqel, en su libro Barco en tierra que no es probable que fuese la María Caballé de la foto de La Villette la inspiradora de los versos modernistas de Amado Nervo dedicados a “una española”. Pero al mismo tiempo sostienen que no sería descabellado pensar que el poeta hubiese conocido a la tiple española, dado que ésta hizo parte de su carrera artística en México.

A pesar de los innegables lazos espirituales y culturales, la presencia de españoles en México nunca fue tan numerosa como en otros países americanos, ni en los tiempos coloniales ni después de la independencia; aunque sí distinguida, en el sentido de que tanto los emigrantes como los exiliados han formado parte de la élite social, económica, artística e intelectual de la república azteca.

Soldados y curas, moriscos y judeoconversos, aristócratas y desarrapados, salidos de ciudades y pueblos de la vieja Iberia, fueron poblando durante trescientos años las tierras de Nueva España. Al nacer el México independiente muchos españoles cambiaron de nacionalidad y otros fueron expulsados a Puerto Rico, Cuba o Filipinas. En el siglo que media entre la independencia y la revolución el número de peninsulares pasó de apenas 3.500 a los casi 30.000 recogidos en el censo de 1910, es decir un magro 0,2 por ciento del total, mientras que en Argentina, por citar un ejemplo significativo, en 1914 residían 830.000 españoles (que constituían el 11 por ciento de su población).

María Caballé

María Caballé

Con el estallido revolucionario esa tendencia migratoria creciente se trunca. En el marco de auge nacionalista y de tensiones sociales contra comerciantes, empresarios y financieros, se exacerba la antipatía hacia los extranjeros en general y los “gachupines”, mayoritariamente porfiristas, en particular. Ranchos y haciendas se expropian y de nuevo muchos españoles y criollos huyen a Cuba o Estados Unidos.

Hay que esperar al asentamiento carrancista y el fin de la Gran Guerra para recuperar el flujo migratorio alcista, que llevó a alcanzar en la década de 1920 la cifra de 48.000 españoles en México, hasta que de nuevo, en los años 30, la crisis económica primero y la Guerra Civil después volviesen a interrumpir la llegada de emigrantes extranjeros.

La llegada de refugiados republicanos a México (se cifra en torno a 25.000 personas, entre 1937 y 1940), donde encontraron el mismo idioma y un cálido recibimiento, político y popular, trastocó el panorama de la presencia española, debido al elevado nivel educativo, excelencia académica, calidad intelectual, capacidad científica y técnica y prestigio artístico de muchos de los exiliados.

Durante los años de la emigración en masa a Europa, volvió a caer la emigración hacia México, país que nunca reconoció el régimen de Franco, y hay que esperar a la normalización de las relaciones diplomáticas y a los años 80 para que se inicie una nueva etapa de fortalecimiento de los vínculos económicos y políticos entre ambos países.

Sin embargo, estos avatares históricos no han sido obstáculo para la continuada presencia de cantantes y actrices españolas en los escenarios mexicanos. En el ámbito de la revista musical, la más destacada de todas las tiples gachupinas fue María Conesa, una verdadera institución en el país azteca.

Llegó a México en 1901, huyendo de la venganza de “La Zarina”, despechada primera bailarina del Edén Concert de Barcelona, que encargó a un hermano asesinar a María y a su hermana Teresa por relegarla como atracción principal del local. Teresa murió con 16 años y María emigró a América.

Ofelia Guilmáin

Ofelia Guilmáin

Primero en el Teatro Principal y luego en el Colón, María Conesa alcanzó en México un éxito arrollador como primera tiple cómica. Revolucionarios como Pancho Villa (de cuyo asedio al parecer hubo de huir) o Emiliano Zapata y presidentes de la República como Adolfo de la Huerta se contaron entre sus admiradores. Para los soldados que llegaban a la capital María era simplemente una diosa.

De su papel en la zarzuela “La gatita blanca” salió el apodo de “La gatita” con el que fue conocida, además de por el de “madrecita de los españoles”, por su generosidad con sus compatriotas menos afortunados. Alternó el estreno de zarzuelas y revistas españolas con el lanzamiento de revistas mexicanas, en especial de contenido político, y hasta 1924 fue la reina indiscutible del llamado género frívolo. Puso de moda además esa vestimenta híbrida que se llamó falda-pantalón.

Por esos mismos años, María Caballé triunfaba en las candilejas del Teatro Lírico, del María Guerrero del barrio de Peralvillo, del Principal o el Hidalgo, en zarzuelas y revistas como “El país de la metralla”, “La niña de los besos” o “La hija del guarda”

Ofelia Guilmáín o Pepita Embil fueron en los años posteriores a la Guerra Civil otras destacadas figuras de origen español en la escena mexicana, en la que nunca han faltado obras y nombres de la vieja Iberia.

J. Rodher

 

UNA ESPAÑOLA

Deseo que me quiera una española
de tez mate, de obscura trenza lisa,
de ojos negros. (Pilar, Carmen o Lola,
si gustáis…). Sosegada, fiel, sumisa.
Un poco maternal en su dulzura,
casta al darse, aunque tierna en su abandono
y que sepa poner en mi ventura
cierto lánguido y tenue medio tono…
Que tenga mucha paz en el alma sana,
mucha luz en los ojos de trigueña,
y un timbre en el reir, de sevillana,
y un ritmo en el andar, de malagueña.

Amado Nervo,
Serenidad,
Biblioteca del Renacimiento, 1915

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