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Rocío Márquez: "Soy una artista en construcción y espero seguir siéndolo siempre"

Con su segundo disco, "El Niño", un trabajo de investigación y experimentación en torno a la figura de Pepe Marchena, la cantaora Rocío Márquez rompe fronteras musicales y presenta un flamenco audaz y contemporáneo

Rocío Márquez

Este año empezó para usted con la buena noticia de ver cómo el diario francés ‘Le Monde’ saludaba a ‘El Niño’ como uno de los mejores discos de 2015 y desde que lo publicó le llueven reconocimientos y elogios, también de la crítica no flamenca, lo que significa que está llegando a un público diferente. ¿Cómo se posiciona ante este momento dulce?

Con agradecimiento. Es cierto que 2015 ha sido un año magnífico para mí, pero también es verdad que las cosas van viniendo muy poquito a poco y yo eso lo agradezco porque soy una persona lenta en esencia y prefiero que las cosas vayan despacio, ya que es así cómo se les ve el sentido. A veces nos metemos en una vorágine y es un poco complicado tener claro cuál era la intención de uno cuando se metía en esto, que en mi caso no era otra que disfrutar y hacer disfrutar, y ser feliz y hacer feliz. Aunque no haya sido éste el objetivo al publicar ‘El Niño’, sino simplemente trabajar sin marcarme límites, el comprobar que estoy llegando a otro tipo de público me hace mucha ilusión; verme en el escenario del Primavera Sound fue como de las cosas más impactantes que me han pasado hasta ahora. Quién me iba a decir a mí que iba a actuar allí un día; allí me veía perfectamente como público, pero no como artista.

Además de un disco, también dedica a Pepe Marchena su tesis doctoral [Márquez tiene un master en Estudios Avanzados de Flamenco por la Universidad de Sevilla]. ¿Qué tiene este cantaor que la cautiva tanto?

¡He cambiado el tema de la tesis! Al final la estoy haciendo sobre la técnica vocal en la historia del flamenco, que es un tema que también me interesaba mucho, y por mi salud mental pensé que era mejor cambiar (risas). He estado muy inmersa en la figura de Marchena porque comencé la tesis al mismo tiempo que empezaba a preparar el disco y era curiosísimo porque leía algo que me parecía interesante a nivel teórico y al final eso se ha acabado reflejando en la práctica, porque era inevitable. Y esto creo que ha marcado mucho al disco de ‘El Niño’, ya que hay en él una parte teórica muy fuerte. Y para contestar a tu pregunta te diré que de Marchena lo que me cautiva por encima de todo es su libertad. Para mí ha sido un punto de inflexión en el cante, uno de los pocos cantaores que ha conseguido el equilibrio entre el conocimiento de lo clásico y la creación, que a mí me parece que son dos cosas que pueden ir de la mano, como he intentado demostrar en ‘El Niño’. Y además es que yo necesito estas dos partes: necesito lo clásico y necesito esa parte de creación y de permitirme otras búsquedas, unas veces estaré más acertada y otras veces estaré menos, pero permitírmelas para sentirme libre. Y esto fue lo que me enamoró perdidamente de Marchena: que en él siempre lo clásico es el punto de partida, no el fin

Hay una expresión que he visto que utiliza mucho y es la necesidad de ‘abrirse puertas’, tomando como clara referencia a Enrique Morente, al que ha calificado en repetidas ocasiones como su maestro.

Pertenezco a una generación de cantaores que ha tenido como referencia a Enrique, esto es indudable. Hablaba hace un momento de Marchena como punto de inflexión y después para mí viene Enrique, con Camarón en medio, por supuesto. Los tres fueron personas que cambiaron el cante y crearon escuela de una manera profunda; ellos cambiaron la manera de ver las cosas. Enrique abrió esa puerta y para mí es una oportunidad maravillosa poder continuar ese camino que él marcó. Sin comparaciones, porque estamos hablando de un genio, pero sí quisiera parecerme a él a un nivel más elemental, en esa manera que él tenía de acercarse al flamenco sin complejos. Eso nos lo enseñó él: la importancia de no tener complejos. Yo no quiero que cada vez que estoy grabando algo en un estudio tenga que plantearme si es flamenco o no es flamenco; ya verá la gente cómo lo quiere clasificar, quien tenga la necesidad de clasificarlo. Y quien pueda disfrutarlo así sin más, tanto mejor.

Rocío Márquez

Un momento crucial en su trayectoria fue cuando consiguió en 2008 la Lámpara Minera del Festival del Cante de las Minas de la Unión y cuatro primeros premios, algo que hasta entonces sólo había logrado Miguel Poveda. ¿Es entonces cuando decide dedicarse profesionalmente al flamenco?

Te diré que ganar allí fue para mí una explosión que me costó casi un año asimilar, que como te he dicho antes soy muy lenta (risas). A mí siempre me ha preocupado el no acordarme de las cosas bonitas, de los momentos que son especiales, porque a veces pasa todo tan rápido que no te da tiempo ni a disfrutarlo. Y recuerdo que mi gran preocupación en aquel momento era no disfrutar de aquello tan importante que me estaba pasando. El flamenco tiene una cosa que a mí me gusta mucho y es que vas muy poco a poco, es muy raro un pelotazo en el flamenco. Haces muchas peñas antes, te presentas a muchos concursos, entras en circuitos, en festivales, vas conociendo a la gente de la profesión, a artistas que te hacen crecer y te hacen aprender mucho. Sí que intenté aprovechar el impulso que me dio haber triunfado en la Unión para orientar un poco mi carrera… pero ‘lámparas’ hay más de cincuenta ya y no todos funcionan, lo que nos debería hacer pensar que hay una parte que no recae solo en el premio. El premio te ayuda, qué duda cabe, pero pienso que después todo depende mucho de la actitud de cada uno.

Hablando de aprender y volviendo otra vez a Morente, él dijo aquello de: ‘Si termina el aprendizaje, se termina todo’. ¿Está de acuerdo?

Totalmente. Seguir aprendiendo es lo que nos motiva, entender que cada proyecto es una nueva experiencia y una oportunidad única para seguir creciendo. Yo soy una artista en construcción y espero seguir siéndolo siempre, espero no instalarme nunca. Todos tenemos tendencia a la seguridad, a lo que sabes que te funciona, esto es muy humano. Pero yo prefiero el movimiento. O como Enrique decía: ‘Me la tengo que jugar en cada tercio si no, prefiero el desastre’. Yo también.

Texto: Ángela Iglesias Bada
Fotos: Curro Cassillas

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