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España en el corazón. Recuerdos en ámbar, desde Cuba

Rita Romero y Salvador Ruiz emigraron a Cuba hacia 1925, embarcando en un vapor que hacía escala en Ceuta. En sus maletas, todas las ilusiones de un joven matrimonio en busca de un futuro mejor y algunas fotografías de sus familiares españoles

Foto de la familia en una terraza de Sevilla

Foto de la familia en una terraza de Sevilla

Rebuscaba en la oscuridad del viejo armario, tratando de encontrar el desgastado chal de la abuela, cuando las manos de Xenia Trinidad Ruiz Navarro tropezaron con una caja de zapatos. Extrañada, tras mirarla y remirarla, quizá para adivinar qué podía guardar; tras darle varias vueltas para ver qué sólo era una caja de cartón, de zapatos, la abrió. Sus ojos transformaron su cara, dejando una expresión de pasmo e incredulidad: la caja estaba llena de fotografías antiguas, decoloradas por el tiempo, tintadas de ámbar...

Xenia Trinidad vive actualmente en la ciudad de La Habana (Cuba), histórica y centenaria ciudad de origen español que tanto recuerda a Cádiz, donde también viven sus tres hijas: Xenia, Ydalmis y Zaily. También es la ciudad de sus hermanas Marilyn y Milagros.

Viendo aquellas fotografías, instantes de las vidas de sus familiares, Xenia Trinidad recordó a la abuela Rita –madre de su padre, Salvador Ruiz Trillo–, cuando hablaba con emoción de España, de su España, con algunas lágrimas brotando de sus cansado ojos: “Sevilla huele a jazmines y naranjos en flor, Sevilla es música y alegría, romerías y palmas, devoción a los santos y a las vírgenes”. La abuela también le hablaba de los toros en las calurosas tardes de verano, aunque dejando claro que aquel festejo no le gustaba.

En una de las fotografías estaba una buena parte de familia de mi abuela Rita. Alguien hizo esa instantánea en una terraza, desde la que se ve al fondo la cúpula de una iglesia. Y allí, detenidos en el tiempo, estaban Pepe y Trinche, a sus veinte años; y Juan Manuel y María del Carmen, con sus 16 y 15 años; y Ana María y Pilar, de 13 y 12 años; y Cecilia, que ya había cumplido y los diez; y la pequeña Merceditas, con seis años…

En la misma terraza, en otra de las imágenes están Pilar y Ana María, junto a Juan Manuel y otro de los hermanos pequeños… o quizá eran Cecilia o Merceditas. El tiempo difumina los recuerdos.

Los abuelos de Xenia Trinidad participaban en festejos españoles, vestidos con los trajes de Andalucía

Los abuelos de Xenia Trinidad participaban en festejos españoles, vestidos con los trajes de Andalucía

La situación económica en España, llegando a los agitados años 20, en los inicios del siglo XX, no era la mejor para la mayoría de los trabajadores: el movimiento obrero, nacido a finales del XIX, reivindicaba derechos laborales, entendidos como excesivos por las patronales. Y la abuela Rita y el abuelo Diego, que se habían casado en 1918 en Sevilla, que vivía en la calle del cardenal Spínola, decidieron emigrar. Pensaron que Cuba, la perla colonial de España en el Caribe, era el lugar ideal, un sueño dorado, tierra de promisión para iniciar una nueva vida: liquidada la esclavitud en la isla caribeña, necesitaban trabajadores asalariados.

Embarcaron en Cádiz –según le contó la abuela Rita–, en un buque de la Compañía Pinillo y Sáenz, que había salido de Barcelona, que había hecho escala en Málaga y que hizo una última parada en Cádiz antes de cruzar el Atlántico en dirección las Antillas y Estados Unidos. Y aquel embarque y despedida en Cádiz les marcaría para el resto de su vida: fueron conscientes de que nunca volverían a España, que nunca más volverían a ver a sus padres, a sus tíos, a sus primos, a sus amigos de siempre. Marchaban para no regresar: renunciaban a su pasado para crearse un futuro. En sus maletas unas pocas ropas, algunos enseres y unas pocas fotografías de su tiempo en España, su legado visual más valioso. No pudieron evitar las lágrimas.

La abuela Rita llegó a Cuba embarazada de cuatro meses. Poco después, nació el hermano de Xenia Trinidad. Instalados en La Habana, principal destino de los españoles que emigraban al Caribe, contactaron pronto con otros compatriotas. La ciudad tenía una población importante de españoles, al igual que las provincias azucareras de Oriente, Camagüey y Las Villas. Y sus abuelos participaban en festejos españoles: en una fotografía están en la última fila (Foto nº 3). Las mujeres vestían todas con traje de faralaes, de vistosos, llamativos colores salpicados de lunares. Era su forma de estar conectados a su Andalucía natal.

Una curiosa instantánea llamó la atención de Xenia Trinidad. Era un paso de Semana Santa, en Jerez de la Frontera (Cádiz), la imagen de un Cristo portando una pesada cruz. Los nazarenos, costaleros a sueldo, recorrían las calles enfundados en sus hábitos, acompañados de música metálica, en un tiempo de devoción y penitencia. Y recordó que la abuela Rita siempre quiso regresar a España, cuando la nostalgia le oprimía el corazón: en el patio de la casa comunal en Cuba le contaba a su nieta sus tradiciones, cuando hacían labores de hilado y aguja como el ganchillo, los bolillos o el “tresbolete”… o cómo viajaban en incómodos o cómo eran los suaves inviernos y los cálidos veranos. Porque en Sevilla la humedad del Guadalquivir lo invadía todo, provocando ese sudor pegajoso, esa segunda piel líquida que no se quita ni bajo la ducha.

En Cuba mantuvieron sus costumbres, especialmente las relacionadas con las romerías, donde se engalanaban los carros

En Cuba mantuvieron sus costumbres, especialmente las relacionadas con las romerías, donde se engalanaban los carros

Quizá los peores momentos de Rita Romero Ruiz, abuela de Xenia Trinidad, fueron cuando murió su hijo, relativamente joven. Le sobrevivió, apoyada en sus nietos.

Poco a poco la abuela Rita dejó de escribirse con su única hermana, que vivía en España. ¿Motivos? Ninguno en concreto: un día no quiso o no pudo coger la pluma o el lápiz. Tenía muchas cosas que contarle, pero las palabras, ahogadas por la distancia, no querían salir. Un inmenso mar Atlántico las separó, extendiendo un denso manto de olvido. Envejeció con una sensación intensa de soledad, sintiéndose forastera en Cuba, su tierra de adopción que tanto le había dado; aunque si hubiera regresado a su Andalucía, a su Jerez de la Frontera o a su Sevilla, también hubiera sido extraña en su país. Demasiados años de separación.

Rita Romero Ruiz se sintió sola, aunque aferrada a la descendencia de su hijo, nacido y criado en Cuba. Decidió vivir con su nieta, Xenia Trinidad: le contaba cómo eran las romerías en España, alegres, luminosas; o cómo se hacía la vendimia cuando había que recoger la uva para hacer esos maravillosos vinos andaluces. También le narraba la emoción provocada por la fiesta de los toros, aquellas corridas en Sevilla o en Jerez que tanto le gustaban al abuelo, pero que a ella no terminaban de convencerle por el sufrimiento de aquellos nobles animales.

La caja de zapatos en la que guardaban las fotografías, le dio otra sorpresa a Xenia Trinidad. Era una imagen de una romería en Cuba: dos bueyes estaban uncidos a un carro engalanado con motivos florales. A la derecha de la escena, junto al carro, cinco personas. El matrimonio situado más a la derecha, son los abuelos de Xenia Trinidad. Al dorso una pequeña frase: “Romería realizada en Cuba, recordando fechas de España de España. Los circulados son mis abuelos”. Está claro que los españoles siempre han mantenido sus costumbres más ancestrales, ligadas a sus orígenes. Y las romerías forman parte del legado cultural más antiguo.

Salvador Ruiz Trillo, abuelo paterno de Xenia Trinidad

Salvador Ruiz Trillo, abuelo paterno de Xenia Trinidad

En otra fotografía está el abuelo paterno de Xenia, Salvador Ruiz Trillo. El retrato se lo hicieron en España. En el dorso, una carta que el tiempo ha deteriorado e impide toda su lectura: “Mi (ilegible) eres tú Rita de mis (ilegible) único consuelo y el (ilegible) tengo en el ¿mundo? Recréate siempre con toda tu alma en mi recuerdo esto que te dedico y no me olvides nunca como yo no te olvido a ti (ilegible) de mi alma entera. Tuyo soy hasta la muerte y si hoy te puedo dar mi retrato, mañana te daré el ¿resto del? cuerpo y alma del cariño para que disfrutes (ilegible) tu alma del cariño que (ilegible) y seas feliz de todo corazón (ilegible) dichosa. Acuérdate siempre del que no ¿hay? más cariño en el mundo (que) el tuyo y que nadie más que la (ilegible) prima de mi alma. Hasta una (ilegible). Jerez de la Frontera 25/3/17”

En otra de las fotos está también el bisabuelo Juan Romero Pérez, posiblemente en sus años finales. Su rostro es el de una persona de avanzada edad. Parece estar tumbado en algún lecho. En el paspartú de la foto, una pequeña dedicatoria: “A mi queridísima hija Rita, recuerdo de su papá. 16/8/911”.

La vida de Xenia Trinidad Ruiz Navarro, de 62 años, hija de Salvador y Zenia Dolores, nieta paterna de Rita Romero Ruiz y Salvador Ruiz Trillo; y nieta materna de Agustín Navarro y Eulalia Díaz, avanza tranquilamente en su La Habana natal. En Cuba están sus hijas, sus hermanas; aunque también tiene parientes en España. En Jerez de la Frontera quedaron algunos primos, entre ellos José María Jurado. También son familiares los Ruiz Varreto y los Ruiz Trillo.

Pablo Torres
(Historia recreada a partir de los datos facilitados por Xenia Trinidad Ruiz Navarro)

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