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Activistas españolas en Berlín

Dos españolas nos cuentan cómo ayudan a solicitantes de asilo y refugiados en una ciudad donde hace setenta años había campos de concentración

cine moviemento

El cine Moviemento en el barrio de Kreuzberg en Berlín

Qué mejor lugar para encontraste con una activista que en un festival de cine alternativo en el Berlín oriental. Carolina Canaval está interesada en el documental Samudaripen: El holocausto oculto que trata sobre los gitanos españoles que fueron enviados a los campos de concentración por el simple hecho de ser gitanos. Al final de la película la directora, Eva Cruells, nos cuenta que alrededor de un millón y medio de gitanos de toda Europa fueron enviados a los campos de concentración. Allí muchos de ellos fueron eliminados. “Cerca del 85% de la población gitana habría desaparecido en toda Europa dentro de los años 1938 hasta 1945. Una información que muy pocos conocen” según la directora.

En la actualidad también hay temas que muy pocos conocen como la situación de las personas refugiadas. Personas que abandonan sus países con lo que tienen puesto. Huyen de guerras, conflictos políticos y/o económicos. “Yo tuve la suerte de haber nacido en España, pero esto me podría haber pasado a mí”, dice Carolina mientras bebe un té en una cafetería turca, donde además se puede fumar shisha, pedir un mojito o una piña colada sin alcohol. Ella actualmente forma parte de un grupo que está luchando para mejorar las condiciones de los centros de acogida en Berlín.

“Hay quienes vienen con familia, pero otros vienen solos, bueno físicamente viajan solos pero detrás de ellos, tienen una carga familiar muy grande. Eso crea el estrés, la tensión, de que tienen una responsabilidad con el viaje”, cuenta Carolina quien menciona que su primer contacto con los refugiados fue cuando la casa proyecto en la que vive decidió acoger a cinco personas refugiadas que se quedaron sin lugar donde vivir a finales del 2014. Es allí cuando empezó su activismo en Berlín.

Rocío Liébana

Rocío Liébana

“No es lo mismo cuando lees cosas sobre ellos que cuando convives con ellos. Aprendes sobre las leyes, empiezas a ver las brechas entre si eres refugiado o migrante, el refugiado político o social. Alemania separa a quienes vienen por motivos políticos o sociales. Pero para quienes vienen no existe esa diferencia. Para ellos todos son políticos. Ambos están huyendo de lo mismo. Ambos sufren las mismas consecuencias. Los problemas por los que surge esa migración económica son políticos; por ejemplo, dictaduras consentidas por occidente. El que viene en patera no lo hace porque sí, sino que viene de países donde la situación política no está permitiendo un desarrollo que le permita quedarse”, cuenta Carolina quien es informática y desarrolladora web .

“También entiendes mejor a la persona que tienes delante. A veces hay quienes dicen 'pero es que éste no participa, no habla'. Lo que no saben es que esa persona tiene a otras diez personas dependiendo de él y por eso no quiere exponerse ni quiere perder el tiempo. En una manifestación, no van a ir para pegarse con la policía. Para algunos (alemanes) los arrestos son casi esperados porque creen que obtendrán más impacto mediático. Pero ellos (los solicitantes de asilo) no van llegar a ese nivel. Y tampoco lo van a hacer por siempre. Cuando llevan unos años en Alemania quieren hacer su vida normal y no estar siempre en la lucha, una lucha por una injusticia que ellos no han creado”, dice Carolina quien explica que dentro de esas injusticias están las ofertas de trabajo por un euro y medio la hora.

Varios refugiados y solicitantes de asilo han informado de que les están llegando ofertas laborales por euro, euro y medio la hora. Carolina recuerda que en una de las reuniones entre alemanes y refugiados uno de los alemanes le aconsejó a uno de los solicitantes de asilo que se organizaran para luchar contra esas injusticias. “Lo dice desde una mentalidad de auto organización, empoderamiento y defensa de los derechos. Pero a mi me gustó mucho la respuesta del chaval quien le dijo 'pero igual vosotros tenéis que organizaros, vosotros también tenéis que defender vuestros derechos laborales'”, recuerda Carolina quien cree que la defensa de los derechos humanos y laborales no tiene nacionalidad.

En Alemania hay grupos donde se reúnen solo los refugiados y otros grupos donde se reúnen con los locales. En el barrio multicultural de Wedding las reuniones se dan los domingos por la tarde. En esta ocasión hay alrededor de treinta personas: Cinco alemanes, una española y el resto de Medio Oriente. Muchos de ellos no hablan inglés o alemán por lo que se cuenta con intérpretes para hacer la comunicación más fluida. Un hombre afgano cuenta cómo fue torturado en Macedonia en su camino de huída hacia Europa. “Me preguntaron si era turista o terrorista, le dije que ninguno pero no me hicieron caso. Me encerraron en la cárcel donde me ponían descargas eléctricas”. Ahora ese mismo hombre sufre de ansiedad porque teme que lo deporten antes de que le acepten su petición de asilo. “La policía llega por la noche, cuando estamos durmiendo y dice tú, tú y tú y se los lleva. No puedo dormir. Así no se puede vivir”, asegura el joven quien no quiere volver al país del que huyó. Pero no es el único a quien le costó llegar a Alemania y ahora tiene estrés o temor a que el viaje no haya valido la pena.

Carolina Canaval

Carolina Canaval

Pero los problemas no son solo burocráticos sino que afectan otros aspectos. Un joven cuenta que en su centro de acogida hubo una intoxicación por la comida. Cabe mencionar que los centros de acogida son llevados por entidades privadas quienes hacen subcontratas con catering para abastecer de comida a los centros. Nadie regula a esas empresas y por ellos los servicios son tan diferentes en cada centro. Las ayudas económicas tampoco llegan cuando tienen que llegar. “Hace meses que no recibo la ayuda, ya he pedido prestado a amistades para comprar el abono transporte. Pero mañana empieza un nuevo mes. Si la policía me pilla en el metro me van a poner una multa y yo no tengo para pagar. Ni siquiera puedo buscar trabajo. Esos son los problemas prácticos que tenemos pero que a nadie le importa resolver”, nos dice un joven de 21 años, quien prefiere que lo llamemos “el chico con suerte que sobrevivió a la muerte”. Este joven afgano huyó de Irán porque iba a ser enviado a luchar con el ejército en Siria. Para él no hay vuelta atrás. No puede volver a Irán donde los afganos no tienen derecho. Además no quiere pensar qué harían con él después de haberse escapado en la semana de descanso. Tampoco quiere volver a Afganistán donde no tiene familia ni futuro.

La española del grupo se llama Rocío Liébana, una andaluza que trabaja para Zalando en Berlín, pero que desde noviembre del 2015 se ha sumado al grupo de ayuda en los centros de acogida en Wedding, que es el barrio en el que ella vive. No lleva mucho tiempo en el grupo “pero el suficiente para entender que el problema es más complejo de lo que parece y de que quienes sufren esta situación son personas con una vida, con una historia y que ahora están obligados a migrar.” Rocío asiste cada domingo a las reuniones, algunas veces cocinan juntos antes de la reunión así la gente puede discutir con un plato de comida caliente. En esta ocasión la mayoría de los participantes son hombres y las alemanas que están en la organización hacen una invitación para que los solicitantes de asilo inviten a sus esposas y/o compañeras a los domingos de encuentro y discusión. Lo que buscan es que las mujeres dejen de estar aisladas en los centros de acogida.

Después de una reunión un domingo

Después de una reunión un domingo

Incluir a las mujeres en el debate es crucial porque son quienes llevan la peor parte dentro del proceso de asilo. “Ser mujer tiene doble efecto”, nos cuenta Carolina quien además de estar apoyando a las centros de acogida apoya a una organización de mujeres llamado Women in Exile. “Por una parte está la carga como refugiado y por otra la carga de género. Hay acosos dentro de los centros para refugiados, agresiones tanto por parte de la seguridad alemana como por parte de sus compatriotas”, cuenta Carolina quien además añade que las cargas familiares y el racismo son otro peso que cargan las refugiadas.

Sin duda hay mucho trabajo que hacer. Pero estas dos españolas lo hacen con mucho empeño. Saben que esas personas han tenido un difícil viaje de huida, que en muchos casos significa cruzar varios países, desiertos y/o mares. “Más que impactarme lo duro del viaje casi que me impacta más la fortaleza y la claridad de análisis que tienen”, dice Carolina a quien le parece injusto que a veces se represente a las personas migrantes y/o solicitantes de asilo como débiles y manipulables. Carolina y Rocío seguirán más activas que nunca. Su compromiso por los derechos humanos ha pasado fronteras y esperan que más personas conozcan lo que está sucediendo con los refugiados y que se involucren como puedan. La defensa de los derechos humanos es una lucha de todos.

Jeanette Mauricio

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