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Idoia Murga “El escenario fué el punto de unión del exilio”

Autora del libro “Escenografía en el exilio republicano de 1939. Teatro y danza”, junto con Ana María Arias de Cossío, sus investigaciones están recuperando a importantes personajes que tuvieron que abandonar España

Idoia Murga posa con la revista Carta de España

Profesora titular interina de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid, Idoia Murga es doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Está titulada en danza clásica por la Royal Academy of Dance y la Imperial Society of Teachers of Dancing. Entre 2007 y 2011 fue investigadora pre-doctoral FPU en el Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha realizado estancias de investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México, The Courtauld Institute of Art (Londres), Columbia University (Nueva York) y Centre André Chastel (INHA, CNRS-Paris IV Sorbonne). Ha trabajado en el ámbito de los museos y las exposiciones temporales en la Fundación Mapfre, el Musée d'Orsay y la Peggy Guggenheim Collection. Actualmente es miembro del proyecto de I+D+i 50 años de arte en el Siglo de la Plata español (1931-1981).

El franquismo intentó borrar de nuestra historia el exilio cultural español, consiguiéndolo al menos en España. ¿Por qué es tan importante recuperar a todos aquellos que formaban parte de un proceso cultural que renacía en los inicios del siglo XX?
La recuperación de la cultura española que se difundió fuera de la España franquista desde 1939 es un deber de la sociedad actual. Quizá conocemos mejor la obra de Picasso, Alberti o Juan Ramón Jiménez, pero la mayor parte de los creadores e intelectuales que sufrieron el exilio tras la Guerra Civil, en buena medida, son desconocidos para el gran público, a pesar de que muchas de sus aportaciones, tanto en la España del primer tercio del siglo XX como en las diferentes tierras de acogida, son muy brillantes. Por ejemplo, la obra filosófica de María Zambrano, los cuadros de Maruja Mallo, los escritos de José Bergamín, las composiciones de Rodolfo Halffter o las investigaciones científicas de Ignacio Bolívar son parte de un rico patrimonio que debemos reincorporar a los relatos de nuestras historias culturales.

Los escenógrafos perdieron sus escenarios naturales. ¿El exilio teatral siguió representando obras de autores españoles?
Sí, fuera de España se representaron obras de Cervantes, Lope, Calderón, Lorca, Valle-Inclán, Unamuno, Casona, León Felipe, Max Aub… Aunque, con respecto a la escenografía, habría que precisar que la mayor parte de los artistas que diseñaron decorados y trajes para espectáculos de teatro y danza en el exilio no habían recibido una formación especializada para el medio escénico, sino que eran artistas de la modernidad y la vanguardia que colaboraron -a veces, puntualmente, otras, de manera prolongada- con distintas compañías. Por una parte, esta faceta del trabajo escénico había sido una constante desde las primeras vanguardias, con hitos como las colaboraciones de Picasso, Matisse o Miró para los Ballets Russes de Diaghilev o el teatro de Schlemmer para la Bauhaus, por ejemplo. Los tiempos de guerras, exilios y dictaduras empujaron a muchos creadores a trabajar en nuevos ámbitos. Así, además de ofrecer a los artistas plásticos nuevos horizontes de experimentación e interacción, el escenario se convirtió en punto de unión e instrumento de supervivencia en los nuevos destinos. Es el caso de Antoni Clavé en Francia, Alberto Sánchez en la Unión Soviética, Joan Junyer en Estados Unidos o Victorina Durán en Argentina.

Idoia Murga

Este libro abarca tanto la escenografía para teatro como para danza. ¿Tuvieron el mismo desarrollo?
El libro está dividido en dos mitades: una es un estudio del teatro por Ana María Arias de Cossío y otra recoge mi investigación sobre la escenografía de la danza en el exilio. Ambas disciplinas escénicas fueron enormemente importantes. Quizá la danza, la "Cenicienta de las artes", como desgraciadamente la conocemos hoy en día, no ha recibido tanta atención hasta la actualidad por parte de los estudios científicos. Sin embargo, es un ámbito estrechamente vinculado a la cultura española y sus imaginarios, también entre 1939 y 1975. De hecho, su independencia de la palabra escrita permitió una difusión mucho más amplia entre públicos que hablaban otras lenguas. Así como las obras de teatro debían limitarse a viajar por los circuitos hispanos, las compañías de danza realizaron giras por territorios muy diversos.

¿Con qué compañías de danza trabajaron los artistas españoles exiliados?
Tanto con grupos fundados por coreógrafos exiliados, como La Argentinita, Pilar López, Antonio Triana o Ana María, como con reputadas compañías internacionales, dirigidas por figuras de la talla de George Balanchine, Alicia Alonso, Roland Petit, Leonide Massine o Anna Sokolow, entre otras muchas. Sus diseños abarcaron tanto las distintas disciplinas que entroncan en la danza española (el flamenco, la escuela bolera, el folklore y la danza estilizada), como la danza moderna y el ballet clásico entre Europa y América.

¿Qué efectos tuvo el paso del tiempo sobre la escenografía de unas obras desplazadas en el tiempo?
En la actualidad, raramente conservamos íntegros la escenografía y el figurinismo de las obras representadas. Los investigadores debemos reconstruir lo que debió de suponer un determinado estreno recurriendo a los bocetos de decorados y los figurines que puedan atesorarse en museos, bibliotecas, archivos o centros de documentación, generalmente en el extranjero. Además, hay que localizar fotografías y, si se tiene mucha suerte, filmaciones que se puedan haber conservado. Igualmente, hay que analizar todo tipo de fuentes escritas (libretos, programas de mano, críticas hemerográficas, correspondencia, contratos…) para poder recomponer unas obras que, por definición, son efímeras, de manera que, por mucho que investiguemos, sólo lograremos aproximarnos a lo que pudo ser su materialización sobre el escenario. De cualquier manera, sería muy interesante que las obras más importantes de los coreógrafos y los autores dramáticos del exilio se incorporaran al repertorio de las compañías públicas españolas, para que pudiesen disfrutarse en la actualidad tal y como fueron concebidas.

¿Qué se siente al reconstruir la actividad/historia del Teatro español del exilio?
Aunque la tarea es ardua y compleja, a las personas a quienes nos gusta la investigación también nos resulta gratificante. Se trata, por lo general, de un trabajo solitario y, a veces, un tanto incomprendido, pero el día que, entre los “papeles viejos”, aparece algo que ayuda a completar el puzle, se compensa todo el tiempo infructuoso invertido. Si además los resultados se pueden presentar, como en este caso, en una publicación, de alguna manera se siente que se puede aportar un granito de arena al conocimiento de un interesantísimo periodo que merece la pena recuperar. Queda mucho por hacer, pero esperemos que en el futuro se apoye con más recursos tanto la investigación científica como su divulgación y, poco a poco, esas historias y esas obras vayan dejando atrás su silencio y su olvido.

Texto y fotografías: Pablo Torres 

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