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Catarroja, naranjas, arrozales y huertas

A unos pocos kilómetros de Valencia capital, este pequeño pueblo está rodeado de campos de arroz, naranjales y huertas. Su puerto es una de las entradas a La Albufera, un espacio natural con identidad propia

La iglesia de san Miguel, en el actual barrio de “les Barranques”

La iglesia de san Miguel, en el actual barrio de “les Barranques”

Está en el límite de dos comarcas naturales: la huerta de Valencia y la ribera baja del Júcar. El barrial de Chiva, Catarroja o Torrente, que pasa por el término de Masanasa actúa de divisoria entre los regadíos del Júcar y del Turia y señala el paso de una a otra comarca. El paisaje de Catarroja está definido por campos y campos de arroz, campos y campos de naranjos, cruzados por acequias. El verde lo inunda todo, con pequeños rodales: huecos con huertas. Las enormes berenjenas que se ofrecen en las tiendas pequeñas son el maravilloso producto de esas huertas, donde también cultivaban lechugas, repollos, cebollino… sin olvidar los clásicos melones y sandías. No faltaban otras frutas, como nísperos o albaricoques; aunque entre lo más sabroso, las brevas.

Algunos edificios antiguos, en la parte histórica del pueblo

Algunos edificios antiguos, en la parte histórica del pueblo

El pueblo se localiza en la orilla derecha del barranco de Torrente, a unos 9 metros sobre el nivel del mar. El casco urbano antiguo estaba formado por tres barrios: el antiguo y pobre de La Barraca, con edificios de los pescadores; el del Centro, donde vivía la clase acomodada; y El Arrabal, donde estaban los pequeños artesanos, especialmente fabricantes de escobas. El núcleo más importante estaba formado por las plazas del Mercado, de la Iglesia y Pequeña. Los restos más antiguos de Catarroja proceden del “puerto”, como consecuencia de un dragado del canal. Actualmente se puede ver una colección de piezas en el centro de interpretación del Parque Natural de la Albufera.

El puerto de Catarroja, donde embarcaban para ir a la pesca de las anguilas

El puerto de Catarroja, donde embarcaban para ir a la pesca de las anguilas

La parte histórica no es muy grande: las calles son estrechas, parecidas a las de otros pueblos del Levante, de costa o interior. Hasta la década de los 80, Catarroja fue un pueblo de tradición pesquera que, poco a poco, ha perdido sus antiguos modos de vida; aunque mantiene una amplia zona de huerta donde el arroz es el principal cultivo. Entre sus monumentos destaca la Iglesia de San Miguel, situada en el actual barrio de les Barraques. Las obras de su restauración, sufragadas por los pescadores de la localidad, finalizarían el año 1701. Es de una sola nave, sustentada por pilastras con capiteles corintios. En el altar mayor la mejor pieza es una imagen del arcángel san Miguel.

Dos auténticas barracas valencianas, conservadas en las inmediaciones de la población

Dos auténticas barracas valencianas, conservadas en las inmediaciones de la población

Lo más espectacular de Catarroja es su puerto, un embarcadero para pequeñas, sencillas naves de perfil romano, antaño utilizadas para la pesca de anguilas, llisas y otros peces de lagunas y ríos… A la entrada del puerto, hay un cruce de caminos con un letrero para caminantes que marca que Valencia está a 7,2 kilómetros y Silla a 5,3 kilómetros. Cerca, otros carteles avisaban de restaurantes que preparaban y servían "“All i pebre”.

El Puerto de Catarroja es un espacio con identidad propia. Está pegado a la Albufera, en el Barranc de Xiva. Se han conservado edificios como Casa Sulema, Casa Baina y Casa Primitiva, salvadas de la especulación. Destaca por su singularidad Casa Sulema. El embarcadero del Puerto de Catarrosa es sencillo, diseñado para pequeñas embarcaciones que, antaño, se movían con la fuerza del viento, a partir de la vela latina, o romana. Las em-barcaciones actuales llevan incorporados pequeños motores, para moverse en cualquier momento, con o sin viento.

Texto y fotos: Pablo Torres
 

 

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