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Migrantes de la pantalla

Con ocasión de la publicación de “La piel quemada”, donde Eduardo Moyano continúa la investigación sobre la relación entre cine y emigración iniciada hace diez años, hacemos un recorrido por los hitos más destacados y recientes de esa fructífera convivencia entre las migraciones y el cinematógrafo

El emigrante, Charles Chaplin, 1917

El emigrante,Charles Chaplin,1917

Dice Borges en su relato El oro de los tigres que sólo son cuatro las historias dignas de ser contadas: la de la ciudad sitiada que defienden un puñado de hombres valientes, la del regreso a casa, la de una búsqueda o un viaje y la del sacrificio de un dios.

Si esto es así, y sería pretencioso discutir la sabiduría del narrador argentino, parece evidente que pocas historias merecen tanto ser contadas, por la novela o el cine, como la del migrante o el exiliado, es decir aquella persona que abandona su tierra, huyendo del hambre o perseguido por sus ideas, y emprende un viaje a la búsqueda de un trabajo digno, de un futuro mejor para él y sus hijos o simplemente para sobrevivir. La identificación del lector y del espectador con este personaje, a menudo maltratado y casi siempre doliente, pero también animoso y esperanzado, está asegurada.

Si a esta perspectiva afectiva unimos el hecho de que existen (según la ONU y a fecha 2015) más de 244 millones de migrantes en el mundo y en torno a 60 millones de personas desplazadas de sus hogares (según ACNUR a fecha 2014), podemos concluir que al interés cualitativo o narrativo del tema migratorio se une también un indudable interés cuantitativo o social.

No es extraño por tanto que el cine, desde su nacimiento público en el Salón Indio del Grand Café de París, haya dado con frecuencia protagonismo al emigrante, bien para mostrar los avatares de la partida, bien las peripecias del viaje, las dificultades de la integración o los desengaños del retorno, acercándose siempre al fenómeno social de la migración o el exilio desde el prisma de la historia personal y optando en los últimos años por la vía documental, como una forma de sustituir el envoltorio estético que sin duda hacía atractivas cinematográficamente las aventuras del emigrante por un testimonio directo de mayor compromiso con el aspecto político o social de la migración.

Los emigrantes, Jan Troell, 1971

Los emigrantes,Jan Troell,1971

En el país de los ríos de leche

Como no podía ser de otra manera en un país de emigrados y colonos y en un cine en muchos casos hecho por emigrantes (de hecho los pioneros cinematográficos y los futuros magnates de la industria del cine llegaron desde Europa), Hollywood se ha ocupado de la emigración a lo largo de su historia de muchas formas, acercándose al fenómeno desde casi todos los ángulos y con gran variedad de historias y personajes. Se podría sostener que el western constituye un monumental fresco sobre la emigración interior hacia el oeste del continente y buena parte de los filmes de la época gloriosa de Hollywood cuyo telón de fondo son el capitalismo industrial y el sueño americano (la igualdad de oportunidades y la cultura del éxito como consecuencia del esfuerzo) tienen como protagonistas a inmigrantes, si bien en la mayoría esta condición no es sino un rasgo más del personaje, consecuente con la tradición del “melting pot” o crisol de razas que constituye parte de la esencia estadounidense.

Hollywood ha abordado la migración desde todos los ángulos y géneros posibles, desde las pioneras El emigrante (1917), de Chaplin, o Ravished Armenia, también conocida como Subasta de almas (1919), basada en el libro autobiográfico de Arshaluys (Aurora) Mardiganian, sobre el genocidio armenio de 1915 y la deportación de miles de familias hacia el desierto a través de los ojos de una superviviente hasta las recientes El sueño de Ellis, de James Gray (2014) o The visitor, de Tom MacCarthy, pasando por hitos como Un sueño americano, de King Vidor (1944), Las uvas de la ira, de John Ford (1940), Give us this day (Edward Dmytryk, 1949), La aventura del Plymouth (Clarence Brown, 1952), The Glass Wall (Maxwell Shane, 1953), La sal de la tierra (1954) de Herbert Biberman, América, América, de Elia Kazan (1963), Odio en las entrañas (Martin Ritt, 1970), Buenos días Babilonia (1986), de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, Matrimonio de conveniencia (Peter Weir, 1990), Cuando salí de Cuba (The Pérez family, 1995), de Mira Nair, o Se habla español, de Gabriel del Río (2005).

A título de anécdota se puede citar El desfiladero de la muerte (1959) de Russell Rouse, cuyos protagonistas son vascos emigrados por las guerras napoleónicas, empujados a luchar contra los indios aborígenes de Missouri.

La otra america

La otra América,Goran Paskaljevic,1992

Cada uno a su manera

En el caso europeo, las aproximaciones cinematográficas a la migración y el exilio han sido también constantes y diversas, al principio más centradas en la aventura de los que salían del continente y ahora volcadas en las vivencias y problemas de quienes llegan a sus fronteras, siempre en función de las características particulares del fenómeno migratorio en cada país: así, las dificultades de la integración de los africanos y magrebíes en Francia, de los hindúes y pakistaníes en el Reino Unido o de los turcos en Alemania se han reflejado en numerosos filmes, mientras que el cine escandinavo pone su acento en la emigración transoceánica y el italiano en la que se dirigía a Centroeuropa o en la que ahora llega del otro lado del Mediterráneo.

Curiosamente, la primera aproximación cinematográfica a la emigración española al exterior tiene sello francés: en Toni, Jean Renoir (1934) relata la vida de trabajadores españoles e italianos en la Provenza francesa, sospechosos de delitos que no han cometido por el mero hecho de ser extranjeros.

Más recientes y por razones de cercanía afectiva se pueden mencionar La otra América (Goran Paskaljevic, 1992), que reúne a un montenegrino y a un español en New York, o el El destino de Nunik (2007), de Paolo y Vittorio Taviani, por su actriz protagonista. La última entrega de Heimat, la otra tierra, de Edgar Reitz (2013), es una brillante recreación de la vida en un pueblo alemán antes de la masiva emigración a Brasil de la década de 1840.

Peculiar es el caso del francés, nacido en Argel, Tony Gatlif, que ha abordado los problemas de la emigración y el mestizaje en varias películas: El extranjero loco (1997) y Transilvania (2006), rodadas en Rumanía, Vengo (2000), sobre un artista flamenco, y Exils (2004), con fuerte presencia del flamenco y de la música francesa con raíces argelinas y rodada en parte en España.
Como ejemplo del cine sobre el encuentro de personas procedentes de culturas y países diferentes puede mencionarse Una casa de locos (L'auberge espagnole, 2002), de Cédric Klapisch, sobre varios estudiantes Erasmus que conviven en Barcelona, de tanto éxito que tuvo una secuela.

Dulce Madre Mia

Dulce madre mía,Alfonso Patiño,1943

Al otro lado del mar

Son también numerosos los filmes procedentes de otras cinematografías, obviamente atentos en su temática a las peculiaridades migratorias de cada país. La variedad de temas y nacionalidades es abrumadora por lo que cualquier intento de enumeración excede de este espacio, por lo que vamos a aludir sólo a dos cinematografías relacionadas con el cine español.
El cine mexicano, obviamente, ha abordado con frecuencia el tema de la inmigración desde su país a Estados Unidos, desde la pionera Espaldas mojadas (Alejandro Galindo, 1955), pero vamos a mencionar sólo un apartado especial dentro del cine mexicano: el relativo a la aportación al mismo de los exiliados republicanos.

La cuestión del exilio no se ve reflejada sino en dos de las innumerables películas en que trabajaron técnicos y actores españoles exiliados. La primera es La barraca, del director mexicano Roberto Gavaldón (1944), adaptación de la novela de Blasco Ibáñez, no tanto por su tema sino por la cantidad de exiliados que trabajaron en ella delante y detrás de la cámara. La segunda y más emblemática es En el balcón vacío (1963), de José Miguel García Ascot, hijo de un diplomático republicano que abandonó España con 11 años. La película, una de las primeras producciones independientes del cine mexicano, rodada en blanco y negro en fines de semana y festivos, está dedicada “a los españoles muertos en el exilio” y recrea la vida durante la guerra y el exilio de María Luisa Elío, esposa del realizador y guionista y protagonista del film.

Además de No matarás, de Miguel Contreras Torres, (¡1937!), cuyo protagonista es un parado inmigrante español en los tiempos de la Ley Seca, hay al menos dos películas mexicanas de muy distintas fechas que tocan el tema del exilio español: una es la temprana Dulce madre mía, de Alfonso Patiño (1943), sobre una niña española que emigra a México a causa de la Guerra Civil; la otra es La virgen de la lujuria (2001), de Arturo Ripstein, ambientada en el Veracruz de los años 1940s, con el telón de fondo de las vivencias de los exiliados republicanos. Desde el lado español hay que señalar Río abajo, de José Luis Borau (1984), que se desarrolla en la frontera entre USA y México.

fotograma de Ispansi

Ispansi (¡Españoles!) 2011, dirigida y coprotagonizada por Carlos Iglesias

Mención especial merece Visa al paraíso, de la directora mexicana Lilian Liberman (2010), que rescata la heroica gesta de Gilberto Bosques, cónsul general en Francia del gobierno de Lázaro Cárdenas, que salvó de una muerte segura a miles de judíos, españoles, franceses, libaneses, y otros perseguidos, otorgándoles visas para viajar a México y estableciendo campamentos de refugiados, con recursos del gobierno mexicano.

El caso de Argentina es diferente al de México, pues es un país de tradición tanto inmigratoria como emigratoria. Argentina es por una parte, el país que acoge y/o rechaza a los inmigrantes y, por otra, que vive en carne propia la partida y el desarraigo de sus habitantes. Esta ambivalencia tiene su reflejo en la pantalla y la producción cinematográfica está condicionada por estos momentos históricos y por las tendencias ideológicas y, evidentemente estéticas, que han prevalecido en cada período.

También se puede hablar de ambivalencia en la forma en que el cine argentino ha abordado, de forma reiterada, la relación entre el pasado inmigrante y el presente emigrante entre España y Argentina, en una suerte de amor / odio típica de los pueblos hermanos. Es el caso de Lugares comunes de Adolfo Aristarain (2002), donde se confrontan experiencias migratorias múltiples: una pareja en ese momento radicada en Buenos Aires tiene un hijo que emigró por causas económicas y vive en Madrid, pero los padres recuerdan su propio exilio en la misma ciudad durante la época de la dictadura.

Capítulo aparte merece la ambiciosa serie televisiva hispano argentina Vientos de agua, de Juan José Campanela (2005), que pone en relación la emigración española a América, protagonizada por un minero asturiano que en 1934 huye tanto de la miseria como por problemas políticos, con la reciente emigración desde Argentina a España, cuando su hijo se ve obligado a emigrar en 2001 debido a la crisis económica del país.

 kickoff

Kick Off,Shawkat Amin Korki,2009

Del campo a la ciudad

Durante buena parte de su existencia, el cine español se acercó a la emigración enfocando la lente sobre el éxodo rural, sin ocuparse apenas de un fenómeno histórico tan esencial para la conformación actual del país como la emigración masiva a América del primer cuarto de siglo XX o a Europa en los años de la postguerra mundial o el exilio causado por la Guerra Civil.
En el panorama de cine español sobre la emigración rural convive la aproximación dramática de películas como las dos versiones que Florián Rey hizo de La aldea maldita, una en 1930, muda y otra sonora en 1942, la significativa Surcos (1951), en la que el falangista Juan Antonio Nieves Conde narra, con los patrones del neorrealismo, las vicisitudes de una familia rural tradicional que vuelve al pueblo tras fracasar en la gran ciudad, o La venganza (1958), de Juan Antonio Bardem, sobre los segadores temporeros de los campos de Castilla, con la visión folklórica de cintas como El emigrado, de Ramón Torrado, en 1946. En La piel quemada (1967), José María Forn se acerca a las vidas de los emigrantes rurales en Cataluña ya con otro registro.

Este silencio cinematográfico se complementa con el perfil que de la emigración quiere dar el cine franquista, cuyo referente es El emigrante (Sebastián Almeida, 1959), vehículo para el lucimiento de Juanito Valderrama, y de la célebre canción que le da título. Años más tarde, comedias como Españolas en París (1970) de Roberto Bodegas o Vente a Alemania, Pepe (1971), de Pedro Lazaga, pese a sus pretensiones aperturistas, muestran la difícil adaptación de los emigrantes españoles en Europa e insisten en el tópico de que “como en España en ningún sitio”.

retorno a hansala

Retorno a Hansala, Chus Gutiérrez (2008)

Hay que esperar casi a finales del siglo XX para ver películas que muestren la emigración a América o Europa desde un prisma diferente. La línea del cielo (1983), de Fernando Colomo, y Sublet (1991), de Chus Gutiérrez, narran las peripecias de sus protagonistas en New York. Lejos de África (1996), de Cecilia Bartolomé, cuenta la historia de una familia que vive en Guinea Ecuatorial a través de los ojos de la niña protagonista. Sus ojos se cerraron, de Jaime Chávarri, (1997), sigue la vida de una modista madrileña en el Buenos Aires en los años 30. Y la violenta forma de prosperar económica y socialmente de un emigrante en Argentina se muestra en Frontera sur (Gerardo Herrero, 1998).

En tono de comedia, Un franco, 14 pesetas, de Carlos Iglesias (2006), narra las vivencias, en parte autobiográficas, de varios españoles emigrantes a Suiza en los años 1960. En su secuela, Dos francos, cuarenta pesetas (2014), los protagonistas de antes son ahora los padres de los jóvenes que emprenden el camino de la emigración empujados por el paro y la crisis económica. En La vida inesperada (2013), de Jorge Torregrosa, dos primos viven la nueva emigración en Nueva York y Perdiendo el norte (Nacho G. Velilla, 2015) lleva a sus jóvenes protagonistas hasta Berlín.

Un franco, 14 pesetas, Carlos Iglesias, 2006

Un franco,14 pesetas,Carlos Iglesias,2006

Los nuevos pobladores

Es sin duda la nueva realidad causada por la masiva llegada de inmigrantes a la España próspera de los noventa la que desata la efervescencia cinematográfica por el nuevo fenómeno.
Sin ánimo de exhaustividad se pueden citar películas como: Las cartas de Alou, 1990, de Montxo Armendáriz, protagonizada por un joven senegalés, Bwana, 1995, de Imanol Uribe, con un subsahariano que llega a la costa en patera, Saïd Saïd, 1998, de Llorenç Soler, sobre un inmigrante magrebí... La emigración de los países del Este se narra en El sudor de los ruiseñores, de Juan Manuel Cotelo, 1998, sobre un violonchelista rumano. Una aproximación peculiar es la de Felipe Vega en El techo del mundo, 1996, sobre un español integrado en Suiza al que la amnesia despierta instintos racistas.

En ninguna de ellas se aprecia a la mujer emigrante, invisible en esta etapa del cine español. En Cosas que dejé en la Habana (1999) de Manuel Gutiérrez Aragón, sobre los emigrantes cubanos, la mujer tiene ya una importancia sustancial. Y en Flores de otro mundo, (Iciar Bollain, 1999), son protagonistas las mujeres –extranjeras y españolas- que llegan en una “caravana de mujeres” a un pueblo para establecer relaciones con los solteros. La fuente amarilla (Miguel Santesmases, 1999) es un caso extraño, pues se trata de un thriller ambientado en la comunidad inmigrante china. Poniente, de Chus Gutiérrez (2002), tiene también presencia femenina en una violenta historia cuyo telón de fondo es la conflictividad de la integración en El Ejido.

14 Kilometros

14 kilómetros (2007),de Gerardo Olivares

Princesas (2005), de Fernando León de Aranoa, narra la amistad de dos prostitutas de calle, una emigrante y otra española. En Agua con sal (Pedro Pérez Rosado, 2005) dos trabajadoras ilegales, una emigrante y otra española, luchan por sobrevivir en un ambiente hostil. Chus Gutiérrez narra en Retorno a Hansala (2008) el viaje a Marruecos del dueño de una funeraria en compañía de una joven inmigrante para repatriar el cadáver del hermano de ésta, ahogado al naufragar su patera. Finalmente, Un novio para Jasmina, de Irene Cardona (2008), tiene como protagonista es una joven marroquí que desea continuar sus estudios universitarios en España. La premiada 14 kilómetros (2007), de Gerardo Olivares, sigue el accidentado viaje por media África de un chico y una chica desde la cuenca del Níger hasta la costa española.

La lista de documentales sobre la emigración hacia España es cada vez más amplia: Los baúles del retorno (María Miró, 1995), sobre el exilio de los saharauis, Lalia, de Silvia Munt (1999), sobre la vida en los campamentos saharauis en Argelia, El otro lado... un acercamiento a Lavapiés, del egipcio Basil Ramsis (2002), sobre un barrio que simboliza la diversidad de la emigración.

Paralelo 36 es un corto documental de José Luís Tirado (2004) sobre las pateras que cruzan el estrecho de Gibraltar. En Extranjeras (2003), de Helena Taberna, mujeres inmigrantes en España cuentan su vida. Si nos dejan, de Ana Torres (2005), es un documental sobre los inmigrantes en Barcelona. El largometraje documental Pobladores, 2006, dirigido por Manuel García Serrano, aborda de forma didáctica la integración de los inmigrantes en España.

En otro registro diferente, Blow Horn, de Luis Miñarro (2009), sigue a unos budistas españoles en un monasterio de la India. Raíces y clamor, dirigido por Ebbaba Hameida y realizado por Saâd Jebbour, muestra la vida en los campamentos de refugiados saharauis. La puerta de no retorno (2011) es un emotivo documental de Santiago Zannou, cuyo protagonista es su padre, un anciano establecido en España desde hace cuarenta años, donde se ha casado y ha tenido tres hijos, que decide retornar a sus raíces africanas en Benín. En fin, de 2014 es el documental de Miguel Ángel Tobías Gurba, la condena, cuyos protagonistas son los saharauis que viven en campos de refugiados desde que fueron expulsados de su tierra y que luchan día a día por recuperar sus derechos.

Algèria, el meu país, Juli Esteve, 2013

Algèria,el meu país,Juli Esteve, 2013

Los (casi) olvidados

En el apartado del cine independiente es imprescindible mencionar Mamasunción, cortometraje de Chano Piñeiro de 1984, O pai de Migueliño, de Miguel Castelo (1977), basado en un cuento del mismo título de Rodríguez Castelao, El viaje de Christian, de Gloria Behrens o Cantigas de emigración, de Daniel González Alén (1980), con música de Fuxan os ventos, Amancio Prada e Benedito.

Existe un amplio conjunto de materiales visuales, documentales y reportajes relacionados con los procesos migratorios que se conocen como “películas de correspondencia”, y que constituyen un insólito subgénero documental.

Las dos figuras señeras de este subgénero son José Gil y Elixio González. Del primero son Nuestras fiestas de allá, documental de 1929 financiada por la "Unión de Hijos de Morgadanes" (Montevideo), y Galicia y Buenos Aires, de 1931, que pretende mostrar en América que los ahorros enviados por la emigración financiaban infraestructuras educativas e sociales en Galicia.
Elixio González emigró en 1921 a Buenos Aires, donde realizó numerosas películas con los emigrados del Rio de la Plata como protagonistas: Galiza en Bos Aires (1930), desaparecido y monumental fresco de la emigración gallega en Argentina, Primeiro Congreso da Emigración Galega en 1956, o el Desfile do 150 Aniversario do nacemento de Arxentina en mayo de 1960. Al final de su vida reunió todas sus fotos y filmaciones de Castelao en su película-homenaje Imaxes de Castelao.

Un franco, 14 pesetas, de Carlos Iglesias (2006)

Un franco,14 pesetas,de Carlos Iglesias (2006)

En el ámbito del cine documental existe desde antiguo una evidente preocupación en muchos cineastas por reflejar el drama o la cotidianidad de la emigración. En una sucinta enumeración se pueden citar: Los niños de Rusia (Jaime Camino, 2001 Los niños de Morelia, de Juan Pablo Villaseñor, El tren de la memoria (Marta Rivas y Ana Pérez, 2006), Amaren Ideia, de Maider Oleaga (2009), Retratos de una vida (2010), de José Ángel Lázaro. El guionista de este filme es Adolfo Dufour, realizador a su vez de la serie de seis capítulos Camino a casa, que narra la historia de cerca de tres millones de españoles que emigraron a partir de los años 40 para buscar una vida mejor. El emotivo documental de Juan Carlos León Raíces y alas, el reto de la identidad (2009) da voz a los descendientes de los emigrantes españoles (la llamada tercera generación) y El camino del olvido (2010), de Pablo Bravo Díaz, es una reflexión sobre las migraciones y el papel que desempeñan en la trasformación de la sociedad a través de tres generaciones.

La emigración es el tema de los filmes de la cineasta vasca Ainhoa Montoya: un documental sobre la primera generación de emigrantes, La generación olvidada (2006), otro sobre los emigrantes mayores que vienen de vacaciones con el Imserso, Hotel Migración (2008), y por último, Sobre varias sillas (2011), sobre los hijos de emigrantes españoles que viven o han vivido en Hamburgo.

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Dentro del proyecto "Ni frailes ni conquistadores: Spanish Immigrants in the US", James D. Fernández y Luis Argeo tratan de rescatar del olvido historias de antiguos emigrantes españoles establecidos en Estados Unidos: en La paella de Daniel Albert (2013), sobre un descendiente de emigrantes alicantinos que vive en California, y en Un legado de humo (2014) sobre los vibrantes años de la comunidad española formada a finales del siglo XIX en torno al trabajo en la industria tabaquera de Tampa. Además, Luis Argeo ha dirigido AsturianU (2006) sobre los obreros asturianos en las primeras fábricas siderúrgicas de Virginia Occidental y Pensilvania. y Corsino, por Cole Kivlin (2010), cuyo protagonista abandono su Asturias natal en 1937 a los siete años siendo Corsino Fernández, y que sesenta años después emprende el viaje de vuelta desde su hogar en Texas (EE.UU.) bajo su nombre actual, Cole Kivlin.

Reciente aún está el estreno del documental de Iciar Bollaín En tierra extraña, en el que la cineasta madrileña posa sus ojos en los jóvenes emigrantes españoles que, debido a la crisis económica en España, se han ido al extranjero, en este caso a la ciudad de Edimburgo, en busca de un futuro mejor.

En otro terreno se mueve The Spanish Dancer, documental de 2015 dirigido por Mar Díaz que cuenta la historia de Antonio Moreno, un célebre actor español de los años 20, hoy olvidado.

Y dejo para el final, Els secrets de l'últim exiliat (2001), de Joan Salvat, que cuenta el retorno a su pueblo natal, Montsó, en Huesca, de Antonio García Barón después de 65 años de exilio. Antonio se alistó voluntario a los 14 años en la columna Durruti para luchar en la guerra, tras la desbandada republicana fue capturado por los nazis en Francia, sobrevivió a cinco años en el campo de exterminio de Mauthausen y después vivió durante 50 años en la Amazonía, en Bolivia, en unas cabañas en la orilla del río Quiquibey. Llegada la vejez decide acabar con su exilio, volver a su pueblo y cumplir la promesa de explicar al mundo las confidencias que le había hecho el comandante del campo antes de suicidarse.

Si esta historia no es digna de ser contada, que venga Borges y lo vea.

J. Rodher

 

 

   La piel quemada

portada del libro La piel quemada

En la Casa de América de Madrid se presentó “La piel quemada. Cine y emigración”, del periodista Eduardo Moyano. Después se proyectó el documental “Los niños de Morelia”, del realizador mexicano Juan Pablo Villaseñor.

Hizo la presentación la periodista Yolanda Flores, directora del programa “De Película”, quien tras una introducción charló con el editor José María de la Torre, responsable de Ediciones de la Torre, que ha cumplido sus primeros 40 años. José María de la Torre habló de “La Piel quemada”, de su decidida apuesta por el libro de papel o de los 40 años que lleva al frente de su editorial. Yolanda Flores charló después con Eduardo Moyano, incidiendo en los principales asuntos que trata en el libro, desde la emigración interior en España, en particular el traslado del campo a la ciudad con títulos como “La aldea maldita”, “Surcos”, “Flores de luna”, o la llegada de los primeros turistas a la costa y la presencia de los emigrantes en el título que da nombre al libro: “La piel quemada”, hasta el recorrido de nuestros emigrantes por Europa (“Notas sobre la emigración”, “Españolas en París”, “El tren de la memoria”, “Vente a Alemania Pepe”, “Un franco 14 pesetas” o, recientemente “Perdiendo el norte”).

Durante la conversación no se olvidó nuestra presencia en América y se puso especial énfasis en la película “En el balcón vacío”, de Jomi García Ascot y María Luisa Elio, que es prácticamente el único documento cinematográfico realizado por exiliados españoles en México.

En el caso de Estados Unidos se recordaron películas como “La línea del cielo”, de Fernando Colomo, o “10.000 Kilómetros”, de Carlos Márquez-Marqués, donde los españoles recalaban en el coloso americano, un país formado por inmigrantes de toda Europa, reflejado en su cine con títulos que van desde western como “Caravana de mujeres”, a “América, América”, o “The visitor”. No faltó la presencia de los latinos en EE.UU. y en particular la de “los espaldas mojadas”, que han originado subgénero cinematográfico: “El Norte”, “Sin nombre”, “Alambrista”, “La jaula de oro” o incluso “La sal de la tierra”...

En el debate se habló también de los exilios latinoamericanos (Chile, Argentina, Brasil o Cuba), analizándose el fenómeno migratorio en Europa, con la presencia de los inmigrantes en España, desde los años noventa –“Las cartas de Alou” o “Retorno a Hansala”–, o en países de toda Europa como Italia (“Terraferma”), Francia (“Marius y Jeanette”), Gran Bretaña (“Solo un beso”), Alemania (“Contra la pared”), Bélgica (“La promesa”) o Suiza (“Viaje a la esperanza”).

La conversación fue el reflejo de un libro que incluye 200 fichas de películas vinculadas al fenómeno migratorio, que hoy tiene más vigencia que nunca con la llegada de refugiados a distintos lugares de Europa.

El acto se complementó con “Los niños de Morelia”, película del año 2004 dirigida por Juan Pablo Villaseñor: relata la llegada a México de 456 niños provenientes de España como consecuencia de la Guerra Civil. Un relato lineal y sincero que recogía las opiniones de algunos de aquellos niños obligados a dejar su casa, su ciudad, su familia en 1937, cuando la Guerra se mostraba en toda su dureza. Muchos de ellos jamás regresaron a España, jamás volvieron a reencontrarse con sus familias.

J. Rodher

 

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