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Guillermo Gómez Rivera, escritor y miembro más antiguo de la Academia Filipina de la Lengua Española

Escritor, periodista, poeta, dramaturgo, historiador, lingüista y profesor filipino en lengua española, es conocido como "el don Quijote Filipino" por su trabajo a favor de la difusión de todo lo relativo a la herencia cultural española en las islas

Guillermo Gómez Rivera

Guillermo Gómez Rivera es una referencia de la cultura española en Filipinas. Nacido hace ochenta años en la isla de Panay, es el miembro más antiguo de la Academia Filipina de la Lengua Española, dependiente de la RAE. Fue el ganador en 1975 del premio Zóbel, galardón literario más antiguo instituido en Filipinas, con el objeto de premiar lo mejor de la literatura del país asiático en castellano.

Su labor de defensa de la cultura hispánica se extiende hasta trabajos de investigación del cine y la canción en castellano en Filipinas y el baile español en el país, siendo consultor del Ballet Nacional Filipino.

Solo estuvo una vez en España, en 1986, en un viaje de tres meses en los que se entrevistó con el entonces director de la RAE, Dámaso Alonso. También es escritor en lengua bisaya, por lo que se le nombró en 1977 "Príncipe laureado de la poesía bisaya" y fue nombrado a principios de los setenta Secretario del Comité de Lengua Nacional de Filipinas, el tagalo.

¿Cómo está el idioma castellano en Filipinas, tras más de tres siglos de presencia española y más de cien años después de que pasara a manos norteamericanas?
Sigue en la eterna agonía. Siempre ha estado agonizando pero no se ha muerto del todo. Con la modernización y el acercamiento entre España y Filipinas e Hispanoamérica, a ver si vuelve a resurgir un tanto, no mucho, ya que aquí las circunstancias, la política, no lo han permitido. La colonización norteamericana siempre estuvo contra el avance aquí del español, porque al principio lo consideraban como el vehículo de protesta por parte de los filipinos contra la colonización americana. Las nuevas generaciones ya no hablan español, lo entienden un poco, pero no lo hablan. Y lo terrible es que no les interesa porque se les ha dicho que ese idioma ha muerto y que hay que ir adelante con el inglés.

¿Pero el idioma español tuvo su época de esplendor en Filipinas?
El español se hablaba, era el idioma oficial del gobierno y del pueblo, aunque hablaba sus dialectos. Los americanos dicen que solo un diez por ciento de los filipinos hablaba español. Al terminar la dominación española había entre 9 y 10 millones de filipinos y por lo menos un millón lo tenía como lengua materna, y ésa era la clase dirigente del país. Las otras lenguas indígenas, están todas influidas por palabras españolas. La clase media y alta hablaban solo español.

¿Por qué y cómo fue desapareciendo el idioma español en Filipinas?
Hubo un premeditado genocidio en contra del elemento filipino que hablaba español por parte de Estados Unidos. Una política de genocidio, que si no fue sangrienta, sí política. Intramuros, que era un enclave del centro de Manila, donde solo se hablaba español, fue quemada por los japoneses y bombardeada por los americanos. Y los residentes eran de habla española. Después de la guerra, los americanos prohibieron que los dueños de las casas volvieran a Intramuros y que reconstruyeran todo. Vinieron con sus tanques y grúas y arrasaron todo. De este modo, la comunidad de habla española quedó dispersa. Lo mismo hicieron en otros sitios. Después se metió el inglés y se multaba a los niños con cinco centavos por palabra española.

Guillermo Gómez Rivera

¿Cuánta gente habla español en este momento en Filipinas?
Si hay medio millón, entre más de cien millones de habitantes, hay que dar las gracias. A eso hay que unir una lengua, muy parecida al español, el chabacano, que se habla en algunas zonas. Pero se ha seguido hablando español en algunas familias, aunque ya muchos hijos no hablan español. En mi propia familia es una lucha. Mi hijo e hija hablan español pero no he conseguido que mis nietos lo hablen, para que yo y mi mujer, cuando lo hablemos, nos entiendan. Aunque yo les hablo a mis nietos en español, me contestan en inglés. Dicen que lo entienden porque nos oyen hablar.

¿Y cómo empezó usted a escribir en español?
Mi madre pagaba a un poeta filipino que escribía en español que venía a darme lecciones de literatura española y me hacía leer todos los días una página de El Quijote antes de desayunar, para articular y pronunciar bien las palabras. Empecé a escribir cuando este poeta me daba lecciones de versificación. Con las lecciones, empecé a escribir un diario en español. Había periódicos en español en mi niñez. Empecé a escribir cartas y artículos y los mandaba a los periódicos de Manila. Comencé a escribir cuentos en español, poesía, hasta que al final me hice escritor, colaborador de periódicos en español de Manila. La educación en español duró hasta 1922, hasta que la universidad de Santo Tomas fue obligada a sustituir el español por el inglés como medio de instrucción.

¿Duraron mucho tiempo las publicaciones en español en Filipinas?
Nueva Era, el diario que yo dirigí, cerró en 2008. El Debate cerró en 1973, cuando Ferdinand Marcos declaró la ley marcial y se cerraron todos los periódicos. La Voz de Manila se cerró en 1960.

Su vida ha estado siempre unida al idioma castellano.
Terminé primero de economía, y después cursé educación porque mi madre quería que fuese maestro de español. Me matriculé en una academia privada, Cervantes, que la dirigía un padre jesuita, que me concedió el título de doctor en literatura filipina y me hizo escribir una tesis tremenda de literatura filipina. Soy doctor en lengua española y literatura filipina. Mi primer trabajo fue de maestro y después la marca de cervezas San Miguel, que tiene su primer origen en Filipinas, necesitaba una persona que escribiera las actas de español y me pidieron que trabajase para ellos. Lo hice durante 23 años sin dejar de ser jefe de un departamento de español. Fui vicepresidente y presidente de la Confederación Nacional de Profesores Filipinos de Español, que tuvo hasta 3.000 socios.

¿Qué representa para usted ser el académico de la lengua española en Filipinas más antiguo?
En 1986, en mi única visita a España, donde estuve tres meses, Dámaso Alonso me preguntó: ¿qué razón de ser tiene una academia filipina para un pueblo que ya no es de habla española? Y le dije: señor Dámaso, el idioma español no solo vive en un sector reducido del pueblo filipino, que todavía habla español, sino que vive en las lenguas principales de Filipinas. Por ejemplo en el tagalo. La academia es la que escribe el diccionario y nos pide que aportemos filipinismos. Las diez lenguas de filipinas están saturadas de hispanismos. Sin saber español, los tagalos forman nuevas palabras españolas. Don Dámaso se quedó sorprendido. Los filipinos nunca conocieron a los países árabes ni a los árabes y ellos los llaman árabos y arabas. Ellos mismos se inventaron esas palabras españolas, aunque en español la palabra correcta es árabe. En la lengua bisaya, dicen arabiano y arabiana. Eso demuestra que el idioma español es influyente y está sumido dentro de estas lenguas.

Además, existe un idioma, llamado Chabacano, que se habla sobre todo en la región de Zamboanga, casi idéntico al español, hablado por algo menos de un millón de personas.
Chabacano es una palabra española con significado peyorativo, pero en Filipinas no lo tiene, sino que es un patronímico de un grupo étnico que habla un criollo del español. Dámaso Alonso se quedó perplejo y no cerró la academia de la lengua española en Filipinas, entendiendo la que debe ser la función de nuestra academia. El idioma está vivo en Filipinas en las lenguas vernáculas. Por ejemplo, inventan un nuevo dulce, un polvorón, y una señora, que no tiene ni idea de español, lo llama Molido, que es una palabra española. El español está vivo dentro de las diez lenguas filipinas. Dámaso Alonso lo entendió enseguida y me dio la enhorabuena.

Texto y fotos: Pablo San Román

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