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Un navarro en el país de los Yanomami

Miguel de la Quadra-Salcedo nos dejaba el pasado 20 de mayo a los 84 años. Glosar su figura no es tarea sencilla

Miguel de la Quadra-Salcedo

Al indómito carácter de su persona hay que aunarle su pasión impenitente por conocer, viajar, descubrir y vivir. Si algo aprendimos como expedicionarios de sus aventuras fue que la búsqueda de nuevos horizontes culturales y diferentes dimensiones antropológicas debía estar cimentada sobre los firmes soportes del conocimiento. Él se consideró siempre un ser nómada, ya desde los mismos montes navarros que le vieron dar sus primeros pasos. Vivió una azarosa trayectoria primero como descollante atleta de lanzamiento de disco y jabalina -consiguió un récord mundial con un lanzamiento que le anularon por no homologar su estilo vasco- y luego como reportero de guerra.

Esta profesión lo llevó a cubrir acontecimientos como la Guerra de Vietnam, la de Eritrea, el Congo o Mozambique, el asesinato del Ché Guevara en Bolivia, el regreso de Juan Domingo Perón a Argentina o el golpe de estado de Pinochet en Chile. Luego viviría lo que podemos denominar su “obsesión amazónica” realizando una inefable expedición desde Iquitos a Manaos, al mejor estilo del sangriento y malogrado Lope de Aguirre pero, a diferencia del feroz conquistador, en una chalupa y sin cabezas de indio embelleciendo el mástil y acompañado de su mujer Marisol Asumendi y su hijo mayor, Rodrigo. Tras este mítico descenso el perfil aventurero y explorador del navarro comenzó a agudizarse y decidió Miguel enrolarse como etnobotánico en la selva amazónica colombiana a sueldo del gobierno de Colombia. Desbrozando trochas y vadeando caños por el Napo, el Putumayo, y -ya en Brasil- el Solimoes, el Tefé o el Juruá, contactó con los míticos yanomamis y convivió una buena temporada con ellos cohabitando como un indígena más de la tribu.

Toda esta experiencia acumulada y el amor feraz que sintió siempre por América lo llevó a fraguar una idea que venía largo tiempo macerando y que por fin pondría en marcha a mitad de la década de los ´80 contando casi 50 años. Él lo concebía como un hermanamiento entre Latinoamérica y la Madre Patria y lo fundamentaba en la eterna e histórica deuda que España había contraído con América desde la época de la Colonización. Así, con la llegada del Quinto Centenario de América -1992-, Miguel no quería realizar sólo una conmemoración, sino desarrollar un proyecto sostenible y duradero en el tiempo que implementara ese acercamiento mutuo a culturas que históricamente existieron antes de la hispánica y a las cuales desde el siglo XV se sojuzgó y se sometió a un proceso de inculturación y evangelización forzosa. Consciente de esta realidad, Miguel siempre se acercó a las diferentes identidades prehispánicas desde el máximo respeto y con la curiosidad intacta.

de la Quadra en España

Así, para los viajes de la llamada Aventura 92, luego reconvertida en Ruta Quetzal y por último Ruta BBVA que comenzaron en 1988 y se han celebrado ininterrumpidamente desde entonces, Miguel congregó a los mejores conocedores de la historia en función de la ruta a realizar. En mi caso, tuve la enorme suerte de participar en 1990 en la Ruta Rumbo al Mundo Maya, periplo que quiso emular el 4º viaje de Cristóbal Colón en el que realizó su primer contacto con la civilización maya. La historia señala que lo hizo en tierras centroamericanas, en concreto en agosto de 1502 en Cabo Honduras. Aquella singladura en la que participamos 150 jóvenes de 30 países, incluidos estadounidenses y rusos se realizó en un transatlántico -el antiguo J.J SIster de Transmediterránea- y visitó tierras yucatecas, costarricenses, panameñas, colombianas y puertorriqueñas.

Pero no era aquel un crucero corriente, sino una verdadera universidad flotante en la que dieron cátedra historiadores mayistas de la Universidad Complutense , así como arqueólogos y espeleólogos de la UNAM de México, literatos como Fernando Sánchez Dragó, erudito de la antropología hispánica y americana, astrónomos reconocidos, periodistas del fuste de Esteban Barcia, popes de la medicina tropical o etnomusicólogos y poetas de la talla de Nicomedes Santa Cruz, el afroperuano más universal que haya dado el siglo XX. En esta atmósfera, Miguel de la Quadra se movía como director de orquesta, ora despertando a los expedicionarios con la lectura del diario de Hernando Colón, ora azuzando a los somnolientos adolescentes para que hicieran ejercicio físico o bien interpretando junto al capitán del navío una calma chicha o un vuelo de gaviota en el Mar de los Sargazos.

Este programa académico que ideó Miguel desde 1988 y que obtuvo el respaldo del actual rey emérito Juan Carlos I, además del apoyo y reconocimiento de la UNESCO, moldeó las vidas de más de 8000 jóvenes en sus más de 30 expediciones y a lo largo de casi 30 años.

en el amazonas

En 1998 me encontré con él con motivo de la Exposición Mundial de Lisboa y, como siempre, se dirigió a mí con cariño y se congratuló de que uno de sus expedicionarios estuviera, como decía él, en el centro de los acontecimientos. Desde el principio, sus aspiraciones para con nosotros siempre fueron las más ambiciosas, nos veía como dirigentes del mundo, ocupando puestos de relevancia en departamentos de la ONU, la Unesco, la OIM. La realidad, seguramente será distinta, pero nadie puede negarnos que, en esa arcadia virtual que construyó para nosotros radican versiones alternativas , sublimadas, de nosotros mismos que no sólo nos hacen mejores, sino que nos recuerdan que soñar no sólo es posible, sino cada vez más necesario.

Pocos años antes, en 1995 tuve el inmenso placer de homenajear su 63 cumpleaños con la participación del famoso sonero cubano Compay Segundo, gracias a la inestimable ayuda de su por aquel entonces agente, Luis Lázaro. No se me olvidará nunca el alborozo y la alegría de Miguel prodigando puros-habanos y ron añejo al nonagenario sonero, que en aquellos días vivía un particular revival y sus actuaciones eran festejadas en los mayores cenáculos del mundo.

El pasado septiembre, nuestro grupo del viaje Rumbo al Mundo Maya organizó una cena-reencuentro en Madrid por los 25 años y, sin aviso previo, Miguel apareció, con su mirada límpida denotando aún una recia inteligencia, aunque con voz algo achacosa pero absolutamente inteligible, nos recordó en plena era de la Inteligencia Artificial que “una computadora nunca podrá sustituir al olor de la tierra húmeda”. Gracias Miguel por prohijarnos y que esa misma tierra húmeda te sea eternamente leve.

Ezequiel Paz
 

 

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