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Pastrana y la princesa de Éboli

Al sur de la provincia de Guadalajara, declarada conjunto histórico artístico en 1966, fue ciudad importante en los siglos XVI y XVII. La princesa de Éboli residió en su Palacio Ducal, encerrada por orden de Felipe II

El perfil de la Colegiata, que se ve desde cualquier parte exterior del pueblo, se impone y define Pastrana

El perfil de la Colegiata, que se ve desde cualquier parte exterior del pueblo, se impone y define Pastrana

En 1948, cuando Camilo José Cela publicó el Viaje a la Alcarria, nos decía: “… A la mañana siguiente cuando el viajero se asomó a la Plaza de la Hora y entró de verdad para su uso, en Pastrana, la primera sensación que tuvo fue la de encontrarse con una ciudad medieval, una gran ciudad medieval”. Pero Pastrana, en su tiempo de esplendor, nunca fue medieval: fue renacentista. Pastrana es una ciudad renacentista.

Palacio Ducal.

Palacio Ducal

En 1541 Ana de la Cerda compró la villa a la Corona, con fuerte oposición de los pastraneros. Cuando Ana Mendoza de la Cerda, nieta de Ana de la Cerda, princesa de Éboli, casada con Ruy Gómez de Silva, secretario de Felipe II, obtiene con su marido los títulos de duques de Pastrana y príncipes de Éboli, la villa iniciará su esplendor, que llegará hasta el siglo XVIII. Los duques fundarán la Colegiata y ayudarán a Teresa de Jesús a crear dos conventos de carmelitas descalzos en la ciudad, en 1569.

Fuente de los Cuatro Caños, del siglo xvi.

Fuente de los Cuatro Caños, del siglo XVI

En 1573 muere el duque Ruy Gómez. Su viuda, la princesa de Éboli decide caprichosamente ser monja en la Concepción. Los escándalos llegarán al convento, impulsando a Teresa de Jesús a irse con sus monjas de la población. Pero la princesa de Éboli tendría sus escarceos amorosos en la Corte, con Antonio Pérez, secretario de Felipe II.

La Colegiata de Pastrana, o Colegiata de la Asunción, tiene sus orígenes en una primitiva iglesia románica (siglo XIII), construida por caballeros calatravos. Fue reformada en los siglos XVI y XVII. En el muro norte se realizó una nueva portada, actual acceso, de tradición gótica.

Acceso principal a la Colegiata, uno de los edificios más representativos de Pastrana

Acceso principal a la Colegiata

El Palacio Ducal de Pastrana, de estilo renacentista, es de planta cuadrada, con torres en las esquinas y patio central. Tiene un jardín escalonado en la parte trasera. La fachada es de sillería. Destaca por su carácter italianizante, con la leyenda “De Mendoza y de La Cerda”. En el interior se conservan artesonados platerescos, de Covarrubias. Los zócalos son de azulejería toledana, estilo mudéjar.

En 1581 la princesa de Éboli fue encerrada en su palacio ducal por orden de Felipe II, donde murió en 1592 atendida por su hija menor, Ana de Silva.Es muy conocido el balcón palaciego enrejado que da a la Plaza de la Hora, donde se asomaba la princesa (tras la fuga de Antonio Pérez al Reino de Aragón, Felipe II ordenó poner rejas en las ventanas del edificio ducal).

Casa del Caballero Calatravo

Casa del Caballero Calatravo

Otros edificios históricos de interés en Pastrana son: el convento de san José, fundado por Teresa de Jesús, después declarada santa. El edificio forma parte de las Ruta de la Peregrinación, que reúne a las 17 ciudades donde Teresa de Jesús fundó conventos; convento de san Pedro, donde san Juan de la Cruz fundó los carmelitas renovados; convento de san Francisco, con fachada y claustro de ladrillo; la Plaza del Deán, jalonada de edificios históricos; convento de la Concepción Francisca; calle de la Palma, donde se localizan los Palacios de la Inquisición, de los Burgos, de los caballeros Calatravos… y la sinagoga judía; la casa de Moratín, donde Leandro Fernández de Moratín escribió “El sí de las niñas”; la Plaza de la Hora, donde está el Palacio Ducal; la plaza de Toros, situada entre las viejas casas del Albaicín; o la ermita de los Remedios.

Una excursión a Pastrana de, al menos un día, nos servirá para acercarnos a la historia de España, en sus “momentos” más esplendorosos.

Gabriel Argumánez
Fotos: Pablo T. Guerrero 

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