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La maja de los pies desnudos

La reciente muestra “Intermedios”, sobre la cultura escénica española en el primer tercio del siglo XX, ha recuperado para el público de la era digital a varias figuras del modernismo artístico, entre ellas la olvidada bailarina Tórtola Valencia

Tórtola Valencia, en una de sus actuaciones

Libre, impulsiva, sensible, independiente, moderna, desafiante, sensual, enigmática, luchadora, cautivadora, contradictoria, exótica, bella, insinuante,… Estos son algunos de los adjetivos con los que se ha querido aprehender la esencia de la personalidad y el arte de Carmen Tórtola Valencia, una de las grandes de la danza de principios del siglo XX, una bailarina (y pintora y escritora) culta, políglota, viajera, pionera en la defensa de los derechos (y el “desencorsetamiento”) de la mujer.

Nacida en el sevillano barrio de La Magdalena en 1882, de padre catalán y madre andaluza, vivió desde niña en Londres, donde recibió una educación victoriana complementada con clases de ballet, música, dibujo e idiomas, gracias a una familia de la alta burguesía que la acogió al quedar huérfana, pues sus padres habían fallecido en Oaxaca, tras una segunda emigración a México.
Debutó en los escenarios en 1908 en el Gaity Theatre de la capital británica con el espectáculo “Habana” y en los años siguientes actuó por toda Europa, en Rusia y en la India, antes de presentarse en el Teatro Romea de Madrid en 1912, donde no recibió una buena acogida.

Tórtola por Rafael de Penagos

Tórtola por Rafael de Penagos

Durante la Gran Guerra actuó en dos películas de irregular éxito y llegó a trabajar junto a Raquel Meyer en Barcelona. En la década de 1920 bailó por toda Hispanoamérica, hasta que el 23 de noviembre de 1930, en Guayaquil (Ecuador), decidió abandonar la danza. En el nuevo mundo alcanzó una enorme popularidad, descubrió el arte precolombino y conoció al amor de su vida: Ángeles Magret-Vilá.

En sus exóticos números, como la danza de la serpiente, la danza africana, la bayadera o la danza del incienso, combinaba elementos de un oriente legendario y misterioso con el folklore español en una interpretación personal, modernista, desafiante de reglas y convencionalismos, en búsqueda constante de lo natural y primitivo, “de la emoción a través del movimiento”(en palabras de Aurora Herrera, coordinadora de la exposición “Intermedios”). Sus coreografías se basaban en una rigurosa documentación, fruto de sus investigaciones, lecturas y viajes, e iban acompañadas de un original vestuario que ella misma diseñaba y bordaba.

fue icono de su época

De la incomprensión inicial con que fue acogida en España, debido al carácter rupturista de su baile, que no encajaba ni en el clasicismo ni en las “varietés”, y a la amenaza para los valores tradicionales que suponía su independencia vital, pasó a convertirse en icono popular al promocionar con su imagen la conocida marca de perfume, jabón y talco “Maja” de Myrurgia y musa de poetas, pintores e intelectuales de fuste. Para Valle-Inclán su andar tenía la gracia del felino, Baroja dejó escrito que moriría con sus uñas clavadas en el cuello, Zuloaga la retrató y Rubén Darío la inmortalizó como “la bailarina de los pies desnudos”. Si su espectáculo Salomé desató las iras eclesiales por su irreverencia al mostrar la “sensualidad del cuerpo femenino” también inspiró a Gómez de la Serna estos versos: Un fuego de rubíes todo tu cuerpo inflama/ diríase que sangre te corre por sudor….

actuación en Lima

Durante sus años de retiro en Sarriá, en Barcelona, alimentó el mito de la bailarina Tórtola Valencia al tiempo que protegía la intimidad de la mujer Carmen, cultivó su pasión coleccionista y viajera, se inició en el budismo y protegió su amor lésbico con Ángeles mediante el subterfugio de adoptarla como hija. En sus brazos falleció en 1955, quedando su cuerpo enterrado en el cementerio de Pueblo Nuevo y su memoria artística y vital depositada en el actual Institut del Teatre.

J. Rodher
Fotos: Museo Nacional de Teatro de Almagro

Para saber más: “Tórtola Valencia. Una mujer entre sombras”, María Pilar Queralt, ed. Lumen (2005). “Gent Nostra: Tórtola Valencia”, nº30, Irene Peypoch, Edicions de Nou Art Thor. “Carmen Tórtola Valencia (1882-1955)”, Carlota Caulfield, en Corner, número 2, 1999. 

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