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Los apodos de los clubes españoles de fútbol

Pocos son los clubes españoles que se libran de su correspondiente mote o alias, que es a veces el resultado del color de su camiseta o de alguna costumbre inveterada de sus aficionados

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Al Athletic de Bilbao se les denomina “los leones” por la leyenda de San Mamés

Se sabe que los primeros seguidores del Barcelona de principios del siglo XX observaban las evoluciones de sus jugadores en un viejo estadio, con gradas de madera, para 600 personas, en la calle Industria, mostraban algo más que la espalda a los viandantes que transitaban por aquellos lugares. Vamos, que visto desde los ángulos menos indulgentes, los espectadores enseñaban el cul (en catalán) o sea el culo, que con el pasar del tiempo en lugar del plural culers (culones) se transformaría en culés. Lo cual no quita para que también se les conozca como azulgranas dado el color de su indumentaria tradicional.

A su vez a los vecinos de los culés militantes del Español de Barcelona se les empezó a designar como “periquitos” por la sencilla razón de que en las inmediaciones de su antiguo estadio, en Sarria, anidaban cientos y cientos de esas aves trepadoras.

A seiscientos y pico de kilómetros de distancia los hinchas del acérrimo rival del Barça, es decir, el Real Madrid, eran rebautizados con el dulce nombre de merengues, naturalmente por el blanco inmaculado de su vestimenta hasta que su presidente don Santiago Bernabéu empezó a fichar jugadores de origen teutón como fueron Netzer, Jensen, Breitner (al que paradójicamente en su país llamaban ‘abisinio’) o Stielike, circunstancia que fue aprovechada por sus vecinos del Atleti para tildarles de vikingos.

No tardaron los merengues en contratacar y encontrar un alias despectivo apropiado para sus vecinos de la ribera del Manzanares que recibieron la denominación de indios en alusión a fichajes de jugadores como los argentinos Ayala, Panadero Díaz o Heredia. Pero muchos de los seguidores del Atlético de Madrid eran conocidos como colchoneros porque su camiseta, rojiblanca, recordaba las franjas de los colchones de aquella remota época.

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Los del F.C. Barcelona son culés y los de la Real Sociedad “txuri urdin” (Blanquiazul en euskera y la bandera de la ciudad)

Recién ascendido a la categoría reina del futbol español, a los del Leganés, o Lega, como se le conoce de manera cariñosa, se les designa como pepineros sencillamente porque la localidad madrileña, convertida hoy en una ciudad con todos los derechos debido a la pujanza de la inmigración, estaba sembrada de huertos de esa plana cucurbitácea indispensable para platos fríos como el gazpacho.

En el norte, los bilbaínos del Athletic que levantaron su estadio en los terrenos de un asilo llamado San Mamés rodearon el coso de una leyenda de martirio cristiano sufrido por el santo del mismo nombre que fue arrojado por los romanos a los leones que, sin embargo, se postraron a sus pies a pesar de su ferocidad, virtud que adoptaron los futbolistas vascos a la hora de disputar el balón.

Sin dejar Euskadi, en la bella Easo, se asentaron los Txuri-urdiñ, nombre vasco del azul y blanco que estila la zamarra de los jugadores de la Real Sociedad de San Sebastián. Y, siguiendo en la misma onda a los del Osasuna les llamaron “rojillos” por el color de su camiseta, mientras que el Eibar pasó a ser el equipo armero por las fábricas de armas de fuego que existen en la localidad.
Por su parte, al flamante finalista de la Copa de su Majestad, el Alavés, se le dice el equipo albiazul, también en honor a su camiseta y “el glorioso” porque su himno comienza con “Glorioso equipo alavés…”

Los éxitos de los nervioneses, es decir el Sevilla, han tenido la virtud de hacer pasar a segundo plano a los béticos, el club llamado verderón por el color de la camiseta. El Betis nació de una escisión del Sevilla que se quedó con el apodo de ‘palanganas’ porque los directivos separatistas dejaron como recuerdo de despedida ese recipiente “que utilizaréis de por vida para recoger las lágrimas que derramaréis, no por vuestros fracasos, sino por nuestros éxitos”.

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A los del Granada le llaman “nazaríes” y a los del Leganés “pepineros”

El andalus más señero lo representa el Granada CF al que muchos llaman el equipo nazarí, rememorando los días de gloria de la última dinastía musulmana que reinó en Granada, con el inefable Boabdil al frente de unas huestes ahora condenadas al descenso.

Sin moros en la costa, a los jugadores del Málaga se les ha denominado toda la vida “boquerones” debido a que es el pescado más popular en la dieta de esta ciudad de la Costa de Sol.
Antes de la irrupción del Villarreal, el rey del fútbol levantino era sin duda el Valencia, cuyo sobrenombre es el ‘equipo che’ por la expresión popular tan utilizada en la capital de la Comunidad. Pero la llegada del poderoso submarino amarillo ha cambiado el mapa futbolístico a favor de un equipo que va totalmente vestido de amarillo y que se permite, además, tomar la canción de los Beatles de Liverpool como himno oficioso del equipo de una ciudad que no tiene más de cincuenta mil habitantes y que se ha convertido en un hueso duro de roer.

En Galicia, los rivales (casi todos de Vigo, o sea del Celta) llaman ‘turcos’ a los del Deportivo de A Coruña pero los seguidores del equipo prefieren el apodo de ‘herculinos’ por la torre de Hércules, símbolo de la ciudad, y para vengarse y zaherir a los seguidores del Celta tildan en plan de mofa de “portugueses”, por su proximidad y tratos con el país hermano.

El pio-pio distingue a la Unión Deportiva de Las Palmas, mientras la nota desafinada la pone el Sporting de Gijón, equipo al que se conoce con el alias insustancial de esportinguistas.

Luis Bamba 

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