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William Chislett, hispanista inglés: “Es importante para España dar a conocer la obra de Arturo Barea”

Corresponsal de “The Times” entre 1975 y 1978, luego para el “Financial Times”, en México, entre 1978 y 1984. El hispanista inglés William Chistlett vive en Madrid desde 1986. Es analista asociado del Real Instituto Elcano, desde su fundación en el 2002. Tiene publicados varios libros sobre España

 

W. Chislett con primeras ediciones de las sobras de Arturo Barea, publicadas en el extranjero antes que en España.

W. Chislett con primeras ediciones de las sobras de Arturo Barea, publicadas en el extranjero antes que en España

Se trasladó a Madrid con su madre y sus hermanos, tras el fallecimiento de su padre, a los 34 años. En Madrid, Arturo Barea (Badajoz 1897 – Faringdon, Inglaterra 1957) vivía con su familia en una pequeña buhardilla, en Lavapiés; aunque quedó al cargo de unos tíos que tenían una buena posición económica, matriculándole en las Escuelas Pías de San Fernando. Tras la muerte de su tío, dejó los estudios a los 13 años y trabajó de aprendiz en un comercio, más tarde en un banco hasta 1914. Llamado a filas en 1920, le destinaron a Marruecos, donde vivió la derrota de Annual en 1921. Se casó en 1924 con Aurelia Grimaldos y tuvieron cuatro hijos. El matrimonio terminó separándose.

Durante la Guerra de España Arturo Barea fue responsable del servicio de censura de la prensa extranjera en el Ministerio de Estado, que controlaba las comunicaciones de los corresponsales extranjeros desde la Telefónica, de Gran Vía. Allí vivió el asedio de Madrid y los bombardeos: tenían el rascacielos como uno de sus objetivos habituales. También ha quedado noticia de su participación en emisiones radiofónicas desde un sótano acolchado, bajo el seudónimo “La voz desconocida de Madrid”.

Antes de partir hacia Inglaterra, Arturo Barea y su esposa pasaron un tiempo en París, en 1938, sin apenas medios económicos. La pintora rusa Galina Yurkecich les pidió ayuda. Arturo e Ilsa se la dieron, pese a pasar privaciones. A cambio, la pintora le hizo un retrato al óleo.
Arturo Barea e Ilse, su esposa, desembarcaron en Inglaterra en marzo de 1939. Cuando llegó a Inglaterra estaba, en palabras del propio Barea, “desposeído de todo, con la vida truncada y sin una perspectiva futura, ni de patria, ni de hogar, ni de trabajo… rendido de cuerpo y de espíritu”; aunque llevaba el manuscrito de parte de “La forja de un rebelde”. Sus años en Inglaterra fueron fructíferos. Únicamente se quejaba del “maldito tiempo inglés”.

Corresponsal de “The Times” entre 1975 y 1978, luego para el “Financial Times”, en México, entre 1978 y 1984. El hispanista inglés William Chislett vive en Madrid desde 1986. Es analista asociado del Real Instituto Elcano, desde su fundación en el 2002. Tiene publicados varios libros sobre España. Conoció la figura de Arturo Barea a través de una serie de televisión, cuando emitieron “La forja de un rebelde”. Desde entonces quiso conocer todo sobre un autor que tuvo que exiliarse a Inglaterra. Actualmente, el segundo archivo más grande e importante de Barea lo tiene William Chislett.

En 1938 se casó con la periodista austriaca Ilse Kulcsar, que trabajaba con Barea en la Oficina de Prensa y dominaba varios idiomas. Al finalizar la guerra de España se exiliaron a Inglaterra, antes del final de la guerra. Trabajó para la BBC, en un programa radiofónico semanal para Latinoamérica, pronunciando 856 alocuciones semanales, con el seudónimo “Juan de Castilla”, para proteger a su familia. Al acabar la segunda Guerra Mundial, siguieron las charlas de Barea. Años después, desgraciadamente el archivo sonoro se destruyó. “La forja de un rebelde”, el relato más esclarecedor y sincero de los primeros 40 años del siglo XX español. La obra incluso fue reseñada por George Orwell, autor de “1984”, para promocionar a Barea. El legado de Arturo Barea se conserva en una casa de Londres. Poca gente lo ha visto.

Arturo Barea es conocido por “La forja de un rebelde”. La trilogía no vio la luz en España hasta 1977. Fue la primera edición española, publicada por Turner, preparada por Pepe Esteban. El libro no ha estado descatalogado nunca. Pero no fue el único libro que escribió Barea. También está “Struggle for the Spanish soul” (La lucha por el alma española)

En el Archivo de Barea hay una carta de la editorial Secker & Warburg, la misma que editaba a Orwell. Le pedían al autor que les reenviara copia del libro “Struggle for the Spanish Soul” (La lucha por el alma española). El original había sido destruido en uno de los bombardeos alemanes sobre Plymouth, en 1941. Por suerte, Barea conservó una copia. Pero hay otras obras de Barea todavía no publicadas, como un ensayo crítico sobre “¿Por quién doblan las campanas?”, de Hemingway, en la revista “Horizon”, bastante conocida en su día.

LÁPIDA BAREA

Lápida de Barea

Fallecimiento

Barea falleció en Eaton Hasting, en las afueras de Faringdon, pueblo del condado de Oxford, el 24 de diciembre de 1957 tras 18 años de exilio. Sus cenizas fueron esparcidas en el jardín de la casa, en las afueras del pueblo, en la finca del aristócrata Lord Faringdon, defensor de la causa republicana que, en 1936, había trabajado en un hospital de campaña en el frente de Aragón. Reconvirtió su Rolls Royce en una ambulancia.

Su interés por Barea se remonta a los años 90, del siglo XX, cuando vio la serie “La forja de un rebelde” que emitió TVE…

Me sorprendió, me quedé fascinado con su vida. Luego me enteré que Barea había fallecido en Eaton Hasting, a unos kilómetros de Oxford, mi ciudad natal. En uno de mis viajes para ver a mi madre en Oxford, en el 2010, busqué su enterramiento en el cementerio; aunque Barea fue incinerado, logramos encontrar una lápida conmemorativa de su esposa Ilsa, junto a la Iglesia de Todos los Santos. Ilsa falleció 15 años después. La lápida está junto a la tumba de sus padres, judíos austriacos. Fue encargada por Olive Renier, amiga íntima del matrimonio Barea-Ilsa, años después de la muerte de Ilsa.

¿Por qué considera que la obra de Barea es importante?

Creo que los españoles de más de 60 años saben quién es Barea, porque conocen la Guerra de España; pero no creo que sea conocido por los jóvenes menores de 30 años. Y es importante que conozcan a un autor autodidacta, capaz de escribir una gran obra y otras piezas de notable interés para conocer y entender la intrahistoria de España.

¿Escribió Barea artículos de Prensa?

Sí. Su primer texto publicado está en el periódico madrileño “El Sol”, del 23 de mayo de 1937. Hay también otro texto referenciado por Sefton Delmer. Se publicó en el Daily Express, el 17 de agosto de 1937. Era un texto en inglés, traducido por Ilsa.

Su trabajo por recuperar la figura de Barea no se ha quedado en localizar la lápida de Arturo Barea…

Regresé a Madrid y decidí restaurar la lápida, como un gesto para honrar su memoria. Pedí presupuesto y consulté con amigos escritores, entre ellos Paul Preston, Gabriel Jackson, Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina, Michael Eaude (biógrafo de Barea), Nigel Townson… Tuvimos que poner 23 euros por persona. Ahora la lápida luce mejor en el cementerio de All Saints Church. El matrimonio vivió con los padres de Ilsa, en Inglaterra, desde que llegaron de Viena, cinco días antes del inicio de la segunda Guerra Mundial. También colocamos, en el año 2013, una placa en la fachada de su pub favorito, “The Volunteer”, en Faringdon.

Hay también una colaboración especial en la manufactura de la placa que recuerda a Barea…

La hizo Herminio Martínez, vasco, niño de la guerra que fue evacuado a Inglaterra, en buque Habana, tras el bombardeo de Gernika, en 1937. Herminio tenía entonces 7 años.

Chislett junto a las Escuelas Pías, en las que se educó Barea

Chislett junto a las Escuelas Pías, en las que se educó Barea

Una carta de Ilsa

Cuando Arturo Barea fallece, su esposa escribe una carta a Víctor Grafiá, fechada el 25 de diciembre de 1957, que residía en Sao Paulo, Brasil. Víctor Grafía es el esposo de la hija de Barea. Ilsa siente que está obligada a escribir indirectamente a la hija de Barea, por entender que tenía derecho a saber cómo había muerto su padre, con el que se mantenía en contacto:

“…nuestro doctor estaba dudoso de la causa de todas las molestias; creo que tenía sospechas de cáncer, pero no lo dijo ni a Arturo ni a mi; y Arturo no estaba muy preocupado por la necesidad de tener que ir al hospital después de la fiesta. Lo que él creía era o que padecía de algo de vejiga o de una hemorragia interna muy grande […] Después de ir a la cama nosotros en la noche del 23 al 24, se le agudizaron mucho las molestias en la vejiga. Media hora después, hacia las tres, sintió una gran opresión en el pecho. No tardó diez minutos. Se murió agarrándose a mí, en mis brazos, de trombosis coronaria, que es un fin rápido, gracias a Dios, y no de sufrir prolongado…”

Ilsa se despide del matrimonio Grafiá-Barea deseándoles mucha felicidad duradera.

Calle de la Encomienda, esquina con Mesón de Paredes uno de los escenarios de “La forja de un rebelde”

Calle de la Encomienda, esquina con Mesón de Paredes uno de los escenarios de “La forja de un rebelde”

Libros y archivo

Todos sus libros de Arturo Barea fueron publicados primero en inglés y luego en español, con la excepción de los veinte relatos sobre la guerra incluidos en “Valor y miedo: relatos” (Barcelona 1938). La trilogía La forja de un rebelde, (Londres 1941-1944), traducida por Ilsa Kulcsar, se publicó por vez primera en español en Buenos Aires, Losada, en 1951. El libro tuvo tal éxito que llegó a ser el quinto título en español más traducido en el mundo en los años 50, al mismo tiempo que su obra era aclamada en los Estados Unidos. La novela “La raíz rota” se editó en español por vez primera en 1955, en Buenos Aires (Argentina), Santiago Segura, en 1953. Ilsa Kulcsar editó póstumamente “El centro de la pista” (1960) los cuentos dispersos de Barea. Pero hay que señalar que no toda la obra de Arturo Barea está editada en español. Faltan, entre otros textos, un panfleto no publicado de 1945.

¿Usted, que es de las pocas personas que ha visto el archivo de Barea, puede indicarnos qué importancia tiene?

Contiene gran información. Barea era un gran escritor. Pude ver su pasaporte británico, expedido en 1948; su testamento, fotos y cartas; el manuscrito completo de “La raíz rota”, su última novela… más relatos, transcripciones de cientos de emisiones del servicio de la BBC para Latinoamérica; e incluso la primera página de “La forja”, mecanografiada en papel biblia, con una máquina Underwood inglesa, sin acentos. Barea tuvo que añadirlos a mano.
Encontré también una carta de 1951, escrita por un periodista inglés que había recibido quejas de las “autoridades culturales de Madrid” por decir que Barea era un escritor español…”. Barea siempre fue un escritor español. Su esposa traducía sus textos al inglés. Pero no fue la primera vez que los franquistas intentaron denigrar a Barea. En 1956, en un viaje de Barea por Latinoamérica, el “régimen” le llamó “El inglés Arturo Beria”, aludiendo al jefe de seguridad de Stalin, el comisario Beria. Pero la realidad deja claro que Barea nunca fue comunista.
Todo el Archivo de Barea será donado en el año 2018 a la ciudad de Oxford, a la Biblioteca Bodleian. Madrid, en alguno de sus archivos o bibliotecas, debería tener parte de su archivo, porque un tercio de “La forja de un rebelde” tiene por escenarios las calles de Lavapiés.

Creo que la máquina de escribir de Barea está en España…

La tiene desde el 2011, el escritor Antonio Muñoz Molina. La máquina llegó a España con una señora inglesa, que se fue a vivir a un pueblo de Toledo, cerca de Oropesa. En la máquina había un ejemplar de “The Times”, del 28 de diciembre de 1957, con el obituario de Barea.
Arturo Barea era amigo de un dentista, aficionado a los toros. La máquina la heredó su hija, que se la regaló a una amiga. Cuando esa amiga decidió venirse a España, se trajo la máquina. Después, cuando leyó el artículo de Muñoz Molina en “Babelia”, le regaló la máquina de escribir.

Usted y otros ciudadanos de Madrid, junto con Yolanda Sánchez e Isabel Fernández, pusieron en marcha una campaña para reunir firmas y pedir al Ayuntamiento de Madrid una plaza con el nombre de Arturo Barea en Lavapies, su barrio…

Logramos reunir 2.500 firmas y hacer la petición formal al Ayuntamiento de Madrid, apoyada por todos los partidos políticos representados en la Corporación municipal, que cristalizó en marzo del 2017. Arturo Barea tiene una plaza dedicada junto a las Escuelas Pías, en Lavapiés, el barrio donde creció. Y el que esta plaza lleve su nombre, me parece algo increíble. No tenía una denominación previa en los archivos municipales. Es como si la plaza estuviera esperando para llevar algún día el nombre de Arturo Barea. Está a pocos metros de las Escuelas Pías, en la calle Tribulete, el colegio al que asistió Barea hasta los 13 años y que vio como ardía en 1936. Lavapiés, escenario del primer libro de la trilogía “La forja de un rebelde”, es el lugar más apropiado para conmemorar al escritor. El próximo reto es una placa sobre la fachada de las Escuelas Pías.

PLACA A BAREA

Placa a Barea

Un mapa guía

La Concejalía del Distrito Centro, de Madrid, ha editado un mapa-guía con 32 puntos de interés para conocer los lugares que frecuentaba Arturo Barea. El primero es una buhardilla en la calle Luis Vélez de Guevara, antigua calle de las Urosas, en la que vivió Barea con su madre y hermanos. También está la casa de Pla, en la calle de Relatores, donde vivió el amigo de Barea que le introdujo en el movimiento sindical. El Teatro Real era un espacio en el que jugaba Barea, porque uno de sus amigos era hijo del conserje. Le impresionó el patio de butacas vacío, desde el escenario. Arturo Barea pasaba a menudo por la Cava Baja, transitada por las clases populares. De ella el escritor destacó las posadas centenarias y las viejas tiendas “donde se venden los aperos de labranza, los paños burdos…”. La Ribera de curtidores es uno de los ejes básicos de El Rastro. En la calle Mesón de Paredes había un colegio de monjas, al que asistía la hermana de Barea. También estaba el cafetín de El Manco, asilo de mendigos. En un piso había una iglesia protestante: Barea iba con miedo a ese templo porque decían que allí iban los hijos de los anarquistas. Entre la calle Espada y la de Jesús y María estaba “La Gota de Leche”, una institución que daba leche a las madres que no podían amamantar. Barea presenció los estragos que causó una bomba en la gente que esperaba asistencia en la cola, durante la Guerra de España.

En las inmediaciones de la Plaza de Antón Martín estaba la “Taberna de Serafín”, lugar frecuentado por los trabajadores de los barrios bajos al que iba con frecuencia Barea. El escritor llevará a sus obras muchas de las historias escuchadas en ese local. En las Escuelas Pías Barea estudió hasta los 13 años. El edificio fue pasto de las llamas en distintos incidentes registrados durante la guerra.

En suma, Arturo Barea es un escritor a recuperar, especialmente para los jóvenes. Sus obras estuvieron demasiado tiempo “marginadas”: es necesario reeditarlas, todas, por su calidad literaria, por sus testimonios documentales. Barea describió todo un tiempo con la precisión de un observador que quiso estar en el lado de la libertad y la democracia.

Texto y fotos: Pablo Torres

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