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María Olvido Gara, “Alaska” “Mi madre y yo descubrimos Madrid por El Rastro”

Cantante de “la movida” madrileña, ha superado la barrera del tiempo y se mantiene como un personaje de “la pomada” en televisión y revistas del corazón. Alaska, sin los “pegamoides” sigue en la brecha

Alaska

Acostumbrada a viajar a los Años 80, a “la movida”, esta vez se fue más lejos, hasta sus orígenes. Alaska y su madre decidieron volver atrás, a la basílica de Guadalupe, en México DF, donde fue bautizada, a la hostería de Santo Domingo, el restaurante más antiguo de la ciudad y que, desde 1860, prepara las mejores enfrijoladas, y por supuesto el chile en Nogada. “Aquí estamos 53 años después” se compartió en redes sociales. Más retirada queda la colonia Cuauhtémoc donde vivió, ubicada en un sitio privilegiado y diseñada con trazos verticales como ejemplos arquitectónicos florecientes de un espacio donde situar embajadas, cines y restaurantes entre las más destacadas familias de la ciudad. La voz de Alaska no se apaga pero se siente la melancolía en palabras agarradas a un pasado al que inevitablemente no se puede volver.

 ¿Viaja a México habitualmente?
Voy a México DF todos los años y por eso el cambio lo he ido comprobando más de cerca. Me sigue gustando ir allí porque comparada con ciudades de Estados Unidos y Europa, todavía puedes encontrar identidad. Estando en Lisboa me pregunté una vez, ¿en qué ciudad estoy? Estaba rodeada por un Starbucks y un H&M.

De ese viaje a la nostalgia volvemos a Madrid con la inspiración de Calderón de la Barca que decía que “esta ciudad es patria de todos, pues en su mundo pequeño son hijos de igual cariño naturales y extranjeros”. 
Es algo que siempre defiendo de Madrid, pese a que nunca ha sido una ciudad muy cosmopolita como es el caso de Barcelona porque carece de ese poso de identidad nacional. En Madrid nunca te preguntan de dónde eres. Durante la llamada movida madrileña nadie sabía si Pedro Almodóvar era de aquí, si tenía o no dinero. Pasaba hasta con el último desconocido porque nadie se preocupaba por esas cosas”.

Cuando llegó a Madrid ya había héroes, pícaros y soñadores. Ese carácter integrador es parte de su alma, como sus vecinos, las calles e historias. Una reivindicación que merece casi un homenaje…
Porque lo ha sido siempre aunque a nivel internacional siempre se habla de Nueva York, pero es otra cosa. Madrid es más pueblo y en el fondo es como un barrio porque no ha perdido la identidad que le hace universal.

Alaska y su madre, en la Hostería de Santo Domingo, en México DF

Alaska y su madre, en la Hostería de Santo Domingo, en México DF

Lo dice con conocimiento de causa porque su experiencia aquí comenzó muy pronto. Podríamos decir que un domingo a primera hora cuando la Ribera de Curtidores o la Plaza del General Vara del Rey se convertían en otra ciudad…
Mi madre y yo descubrimos Madrid por El Rastro. Llegué con 10 años, pero ya en México éramos asiduas de lugares como la Lagunilla o el centro histórico, sitios que mis compañeras de colegio no habían pisado jamás porque la vida se hacía muy fraccionada como aquí. El que vive en Las Rozas no baja mucho a la Puerta del Sol o al Rastro los domingos. En cambio mi madre y yo somos muy del centro de las ciudades, y es lo que me sigue gustando. Eso sí, con esa edad lo primero que aprendes es a sobrevivir en un mundo hostil porque hablas diferente, tienes un acento y cultura distinto y hasta los programas de televisión no tienen nada que ver. Fíjate que me acuerdo que los famosos eran “Los Chiripifláuticos. Son esas pequeñas cosas que te hacen estar integrado o no.

Era 1973 y España ya sentía la barbarie del terrorismo de ETA con el asesinato del presidente Luis Carrero Blanco. La crisis energética se escenificó con la subida del petróleo. Los españoles cruzaban la frontera a Francia para ver la película “El último tango en París”, prohibida en nuestro país por su alto contenido erótico. No parecía el mejor sitio para aterrizar…
Nosotras vinimos aquí porque mi padre –exiliado y republicano- decidió que tenía que volver a vivir a España. Duró un año y medio y se volvió. Llevaba cuarenta fuera y no llegó a adaptarse porque lo que recordaba ya no existía. En cambio mi madre y yo estábamos convencidas de quedarnos.

Poco tiempo después, en aquellos 80, Madrid era una movida, no sólo musical y social. También era reconocible por etiquetas que cuestan reconocer, pero que metafóricamente van pegadas a la historia de una ciudad. Muchas aún presentes.
Madrid muchas veces no existe, no hemos terminado de vender la marca de esta ciudad porque de momento es una marca perdida en el exterior, entre otros motivos porque se hizo sola, no desde ninguna autoridad ni nada oficial. En 1985 esto se llenó de periodistas extranjeros que venían por el X Aniversario de la muerte de Franco, todo les parecía extraordinario. Eso generó la idea de Madrid, que se perdió a principios de los 90 con Barcelona y su inversión sí oficial, producciones cinematográficas de Woody Allen, Olimpiadas, en todo. Madrid, si vuelve a tener una identidad conocida fuera, espero que sea porque ocurra de forma natural.

Alaska con la revista Carta de España

Hablando de fronteras, ¿cómo es posible que las levantemos para las personas y que estas no existan para la música?
Es normal porque levantamos fronteras para proteger puestos de trabajo. No creo que sean tanto identitarias o culturales. No creo que nos moleste que el vecino cene arroz con frijoles, lo que duele es cuando empiezas a pensar que te pueden quitar el puesto de trabajo, son los miedos de las cosas pragmáticas de la vida, y el arte no tiene nada que ver con el pragmatismo, por eso lo aceptamos de otra forma.

El hecho es que la incertidumbre parece viajar más rápido aquí. Mensajeros con fatales presagios sobre México provocados por las ínfulas personales y de grandeza de…(antes de terminar la frase Alaska contesta con reflejos)
Hay una cosa en la que los americanos en general e iberoamericanos os llevamos la delantera a los europeos. Nuestros países han pasado por devaluaciones de dinero que aquí siempre decís que es imposible, hemos vivido corralitos financieros que todo el mundo aseguraba que no pasan, revoluciones, golpes de estado…creo por ello que estamos más acostumbrados a la incertidumbre. Sinceramente, creo que no va a haber muro. Cuando estuve en México todos los programas de las mañanas hablaban de cómo íbamos a pagar el muro. Otra cosa, la fuerza del trabajo de los Estados Unidos es mexicana. ¿Te acuerdas de la película “Gigante” con Rock Hudson?” sentencia con una pregunta antes de compartir y recordar emocionada las últimas escenas.

Miguel Núñez Bello

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