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La Plaza Mayor de Madrid, 400 años de historia

En sus orígenes fue la plaza del Arrabal, en el arrabal de Santa Cruz, fuera del recinto amurallado de la ciudad. La Plaza estaba formada por un mercado sin ningún orden ni concierto, bajo los soportales de algunas de las casas de los comerciantes que vivían en esta zona, en su mayoría judíos

A los pies de la estatua de Felipe V se concentran los turistas

A los pies de la estatua de Felipe V se concentran los turistas

La Plaza Mayor de Madrid es actualmente uno de los lugares más emblemáticos de la capital, escenario de importantes eventos, espacio favorito de madrileños y turistas, de comerciantes y paseantes, de curiosos. Todos juntos hacen de la Plaza Mayor un lugar único, donde la tradición convive con la modernidad, en un teatro urbano en el que cada visitante de la plaza es el protagonista de su propia historia: un teatro que, en palabras de Alejandro Dumas, era el teatro con la bóveda más bonita del mundo: El cielo de Madrid.

Desde el siglo xviii la plaza fue el escenario de toda suerte de eventos, festivos o dramáticos

Desde el siglo XVIII la plaza fue el escenario de toda suerte de eventos, festivos o dramáticos

Historia de la Plaza Mayor

La historia de lugar tan icónico se remonta al año 1463, cuando Enrique IV, hermano de Isabel la Católica, concedió a la villa de Madrid el privilegio de celebrar todos los meses una feria, celebrada en las inmediaciones de la desaparecida iglesia del Salvador. Finalmente se trasladó a la Plaza del Arrabal que, poco a poco se rodeó de viviendas de buena factura: ennoblecieron la zona, dándole un aspecto más urbano. En el 1494 la plaza del Arrabal se regularizó urbanística y comercialmente, según las disposiciones reales.

Felipe II decidió, en el 1561, convertir Madrid en la capital de su imperio. El hecho marcaría la fisonomía, el destino de la futura Plaza Mayor. Pasó de ser una zona marginal, aislada, a centro comercial y social de Madrid, cambiando el eje urbano de la villa. El monarca decide en el 1581 dar a la plaza la solemnidad necesaria para un lugar que era el gran escenario de los acontecimientos comerciales, culturales y políticos de la época.

El trazo inicial se encargó al arquitecto Juan de Herrera. En el 1591 la plaza del arrabal es ya la Plaza Mayor, un espacio con soportales de madera. En los inicios del XVI tenía un aspecto ruinoso, destartalado; Felipe III ordena reestructurar la Plaza Mayor, en la que había sido proclamado rey. En 1608 Francisco de Mora recibió el encargo de “cuadrar la plaza”. No se produciría hasta el año 1617, cuando su sobrino Juan Gómez de Mora inició la que sería gran Plaza Mayor de Madrid, enmarcada dentro de un rectángulo de 152 metros de largo por 94 metros de ancho.

Las medidas no fueron elegidas al azar. Fueron el resultado de aplicar la sección áurea a las proporciones del espacio. Como la Plaza Mayor se había edificado en una plataforma artificial, sobre la antigua laguna de Luján, Gómez de Mora solventó el desnivel que había entre la Plaza y la Cava de San Miguel con una serie de viviendas que servían como muro-talud. El desnivel se salvó a través de una escalinata que conectaba la Cava con la Plaza a través de un arco, llamado a convertirse en uno de los iconos de la ciudad: el famoso Arco de Cuchilleros.

El afamado Arco de Cuchilleros, una de las salidas de la Plaza Mayor, que salvan el desnivel del lugar

El afamado Arco de Cuchilleros, una de las salidas de la Plaza Mayor, que salvan el desnivel del lugar

Hito arquitectónico

Los comercios en la Plaza Mayor se situaban en sus soportales a modo de lonja. La distribución se ajustó a los deseos de los gremios: en el lienzo de poniente, los paños; en el meridional, la Casa de la Carnicería; a levante, el cáñamo y sedas; al norte, la quincalla, manteros y zapateros, la Casa de la Panadería, sedas e hilos, a excepción de la planta baja de la Casa de la Panadería donde estaba el Peso Real y Fiel Contraste. En el primer piso de la Casa de la Panadería se construyó el salón real con vistas a la Plaza a través del balcón real desde donde la monarquía asistía a los eventos como espectadores privilegiados.

La Plaza Mayor fue un gran hito arquitectónico, ya que se convirtió en el espacio público más grande de Madrid. A lo largo de sus 400 años de historia ha servido de escenario para todo tipo de celebraciones. Se inauguró el 15 de mayo del 1620 con los actos de beatificación de San Isidro. Después fue escenario de corridas de toros, juegos de cañas, celebraciones religiosas, bodas reales, procesiones, torneos, mascaradas, representaciones teatrales, carnavales, danzas, tarascas, castillos de fuego, autos de fe, ajusticiamientos, coronaciones…

La Plaza Mayor ha sufrido tres grandes incendios (años 1631, 1672 y 1790). El último incendio fue devastador: arrasó la totalidad de la Plaza. Fue reconstruida por Juan de Villanueva, que respetó bastante las trazas de Gómez de Mora, aunque rebajó la altura de los edificios de cinco a tres plantas. La altura de la Plaza se unificó mediante un tejado corrido de pizarra, salteado de buhardillas. La novedad más notable fue el cerramiento completo de la Plaza, con una serie de arcos de acceso.

PLAZA con jardines

Durante un tiempo, estuvo ajardinada, a la manera francesa

Ilustres visitantes

En el siglo XIX España recibió la visita de decenas de viajeros, algunos movidos por el romanticismo de la época. Entre los que llegaron a Madrid, en 1832, está George Borrow, don Jorgito “el inglés”, con la pretensión de evangelizar a los gitanos. Y como “curioso impertinente” quiso presenciar una ejecución pública en la Plaza Mayor. El espectáculo le traumatizó, dejando una crónica en su libro “La Biblia en España”, en el capítulo XII: “Mucho tiempo llevábamos ya esperando entre la multitud, cuando apareció el primer reo, montado en un asno, sin silla ni estribos, de modo que las piernas casi le arrastraban por el suelo. Vestía una túnica de color amarillo azufre, con un gorro encarnado, alto y puntiagudo, en la rapada cabeza. Sostenía entre las manos un pergamino, en el que había escrito algo, supongo que la confesión de su delito. Dos curas llevaban al borrico por el ramal; otros dos caminaban a cada lado, cantando letanías…”.

Durante el reinado de Isabel II, la Plaza perdió la función de lugar de espectáculos, para los cuales fue concebida, y se remodeló el espacio central convirtiéndolo en un jardín a la francesa. Siguiendo la moda urbanística gala, fue adoquinada, ajardinada y engalanada con fuentes, y a instancias del entonces concejal de Madrid, Mesonero Romanos, se colocó en el centro la estatua ecuestre de Felipe III (hasta entonces ubicada en la Casa de Campo).

Fachada de la Casa de la Panadería, la “zona noble” de la Plaza Mayor

Fachada de la Casa de la Panadería, la “zona noble” de la Plaza Mayor

Trazado Neoclásico

La nueva Plaza con trazado neoclásico, tendría unas dimensiones finales de 120 por 90 metros, con 114 arcos incluidos los ocho de acceso, 377 balcones, cuatro torres y un total de 76 buhardillas. La Plaza Mayor, convertida en centro neurálgico de Madrid, comenzó a ser lugar de paso obligatorio para comerciantes, compradores, turistas, paseantes…No había persona que viviese o estuviese en Madrid que no acabase pasando, paseando por ella. Incluso desde el 1877 albergó las cabeceras de algunas de las principales líneas de tranvía de la ciudad, con actividad hasta 1956.

En el siglo XX, entre los años 1921 y 1935, se realizaron reformas en las viviendas para consolidar el balconaje. Pero la reforma más importante se realizó en los Años 60, cuando se recuperaron los tejados de pizarra y se regularizaron las buhardillas. Se cerró al tráfico rodado y se habilitó un aparcamiento subterráneo bajo la propia Plaza, eliminando las zonas ajardinadas y el mobiliario urbano para recuperar la grandiosa escala del primitivo proyecto. La última de las grandes actuaciones en la Plaza Mayor, se realizó en 1992. Se decoraron los muros de la Casa de la Panadería, sustituyendo los antiguos y deteriorados frescos.

 

Todo tipo de vendedores también se daban cita en la Plaza Mayo

Todo tipo de vendedores se daban cita en la Plaza Mayor

Turismo

En los inicios del siglo XXI la Plaza Mayor de Madrid es un espacio festivo, colorista, en parte ocupado por las numerosas terrazas de los bares (los locales están en los soportales), donde se pueden saborear los típicos bocadillos de calamares, antaño a precios populares, hoy con precios exagerados. Los domingos y festivos, un concurrido mercado de numismática y filatelia se expande por los soportales de la plaza: los coleccionistas de monedas y sellos compran y venden sus mejores piezas.

En la Plaza Mayor se mezclan la población autóctona, incluidos los vecinos de Madrid, sean o no gatos, con toda suerte de turistas llegados desde todos los países del planeta. Los más exóticos proceden del lejano oriente, con su cámara fotográfica dispuesta a captar hasta el último detalle de todo cuanto ocurre en las calles, o de los edificios históricos. En tan abarrotado espacio, al que se entra y se sale por todos los lienzos, todos los huecos están ocupados: cercanos a la boca de salida a la calle de Toledo, están los retratistas que, en pocos minutos, pueden dejar una muestra de su arte para los que quieren inmortalizar su cara, como espejo del alma; pegados a la fachada de la casa de la Panadería, los turistas pueden retratarse de toreros o manolas situándose detrás de los trajes correspondientes… en medio de todo ese trajín, pulula un extraño Spiderman, un hombre araña barrigón que pasma a niños y mayores con su raído disfraz. No lejos de este extraño personaje de cómic pueden verse otros peluches de tamaño natural, con otros personajes. No faltan tampoco los “pomperos” que deleitan a los niños generando enormes pompas de jabón.

Aunque en la Plaza Mayor ya no se ofician autos de fe, en Semana Santa su espacio es atravesado hasta por tres procesiones nocturnas, en sus recorridos callejeros, donde la devoción se confunde con la fiesta. Cerrando el año, unas casetas definen el Mercado de Navidad, en las que adquirir todo lo necesario que exige la sociedad de consumo para montar un buen árbol, siguiendo la tradición de los países nórdicos; o instalar todo un belén, caganer incluido (ha salido de sus límites catalanes para hacerse universal).

La Plaza Mayor es todo un emblema de la ciudad. Nadie que viva en Madrid, o haya viajado a la capital, ha dejado de visitarla.

Texto y fotos: Pablo Torres

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